viernes, 18 de noviembre de 2011
Tiempos de cambio
Antes, los apamates florecían en abril y las lluvias eran en mayo y en agosto. Antes, el cielo se despejaba en diciembre y veíamos el lucero de la navidad. Antes, la gente se saludaba en la mañana y seguía su camino, o se quedaba conversando con el vecino, enterándose de las últimas nuevas de la cuadra.
Hoy, llueve en noviembre y hace calor en septiembre como si fuera mayo, o agosto. Hoy, si nos conseguimos a alguien en la misma acera ponemos cara seria, evitamos la mirada. Hoy, vemos de lejos a un policía y nos alejamos, sin saber si es amigo o enemigo. Hoy, solo conversamos sobre muertos y accidentes, sobre expropiaciones e invasiones, o nos pasamos el dato en un susurro, de dónde hay aceite o café, o harina de maíz.
Antes solía quedarme en la oficina hasta tarde, para no tener que llevarme trabajo a la casa. La semana pasada se metió un ladrón armado al edificio donde trabajo. También entró la policía. Quedamos todos presos. Ahora debo irme cuando todos se van, pues a los atracadores les gusta la gente como yo, que se queda de noche en oficinas solitarias.
Antes caminaba tranquila temprano en la mañana, para hacer ejercicios y ordenar el día. Ahora, cada vez que paso por la curva pienso en el muerto que consiguieron un sábado tirado en la orilla de la calle. “Un occiso señora“, dijo el policía que me frenó en seco cuando caminaba desprevenida. Un hombre joven, me dijo el señor que barre, que lo vio primero y dio la voz de alarma. Un muerto en la orilla de la calle, al lado de mi casa.
Hoy escribo en la noche, desde mi estudio. Ya casi nadie sale en las noches. Caracas tiene un toque de queda, autoimpuesto por la misma gente, pues no se quieren arriesgar a que la atraquen, a que la roben, a que la maten.
Soplan tiempos de cambio. Esta semana vimos algo diferente: cinco personas que llegarán a ser una sola, con mucha gente apoyándolas, para poder cambiar las cosas. Nuestros jóvenes no habían podido presenciar este espectáculo, de discusión y de esperanza. A nosotros casi se nos había olvidado.
Quizá mañana siga lloviendo en diciembre y los apamates ya no sepan muy bien cuando florecer, pero nosotros tendremos calles libres de occisos y de tanta tristeza que hoy nos agobia.
Caracas 17 de noviembre de 2011
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Unidad a seis voces
Cuando yo estaba chiquita, mi mamá, que era profesora universitaria, me llevó al Aula Magna de la Universidad Central a un acto, no se de qué, que comenzó cuando entraron en fila unos jóvenes con boina y traje azul y empezaron a cantar. Todavía hoy recuerdo la belleza de las voces que cantaban el himno nacional con melodías diferentes, pero en armonía.
La semana pasada fuimos testigos de un evento excepcional en la vida democrática venezolana: la inscripción de seis precandidatos a la presidencia de la república, que participarán en las primarias para escoger el candidato de la unidad. Diga lo que diga el oficialismo, este es un evento profundamente democrático. Significa que, como oposición, queremos ir unidos, pero que internamente aceptamos la diversidad.
Se dice fácil eso de la diversidad, la pluralidad, la democracia. Apenas uno de los contendores alzó su voz en desacuerdo por unas medidas y de inmediato comenzamos a descalificar la situación: que los trapos sucios se lavan en casa, que ya comienzan los pescueceos, que eso no es unidad. Resulta que se nos ha olvidado lo que es disentir, se nos ha olvidado que discutir es sano, útil, necesario. Estamos acostumbrados a la censura previa, a que los cogollos decidan y no haya participación. Disentir es parte del cambio. Negociar las diferencias es lo que nos hace crecer. Crecer y multiplicarnos.
Yo no estoy especialmente con ninguno de los precandidatos. Observo el proceso no desde afuera, sino con curiosidad. Quiero entender quién ha aprendido algo en estos últimos doce años y quien sigue con el discurso manido del pasado. Pues no se trata de quitar lo que hay para retroceder doce años en el tiempo, o quince, o cuarenta. Se trata de hacer futuro.
Y cuando vemos el futuro, los seres humanos necesitamos esperanza. La vida es la búsqueda de la felicidad, es tener la posibilidad de alcanzarla, es sentir que lo que hacemos nos lleva a vivir mejor, que podemos darle lo mejor a nuestros hijos.
Hoy, este optimismo es posible. Es factible, realizable. Hay soluciones para nuestros problemas que pueden comenzar a implantarse desde el día uno del nuevo gobierno. Hay otras que solo ameritan que queramos cambiar, que exijamos desde ya nuevas actitudes, tanto a los gobernantes actuales como a los que están por venir. En ese sentido, los precandidatos más jóvenes (dios me libre de descalificar a los viejitos) muestran esa fuerza, esa contundencia y esa necesidad de hacer las cosas de otra manera.
Cambiar no es fácil. Aún cuando sea un cambio deseado, remover las estructuras existentes, el orden conocido, para sustituirlo por otro que no está muy claro siempre trae miedos, libera fantasmas. Pero no hay nada mejor contra ese miedo que tener las seis voces de los precandidatos presidenciales, unidas a las de los candidatos de las gobernaciones y alcaldías en cada estado y en cada municipio, para difundir el mensaje de cambio, de esperanza de que podemos construir un futuro mejor, diferente.
Chávez no es invencible. Podemos ganar. Podemos hacer la Venezuela que queremos. Eso sí, tenemos que lograr cantar en armonía.
Caracas, 8 de noviembre de 2011
La semana pasada fuimos testigos de un evento excepcional en la vida democrática venezolana: la inscripción de seis precandidatos a la presidencia de la república, que participarán en las primarias para escoger el candidato de la unidad. Diga lo que diga el oficialismo, este es un evento profundamente democrático. Significa que, como oposición, queremos ir unidos, pero que internamente aceptamos la diversidad.
Se dice fácil eso de la diversidad, la pluralidad, la democracia. Apenas uno de los contendores alzó su voz en desacuerdo por unas medidas y de inmediato comenzamos a descalificar la situación: que los trapos sucios se lavan en casa, que ya comienzan los pescueceos, que eso no es unidad. Resulta que se nos ha olvidado lo que es disentir, se nos ha olvidado que discutir es sano, útil, necesario. Estamos acostumbrados a la censura previa, a que los cogollos decidan y no haya participación. Disentir es parte del cambio. Negociar las diferencias es lo que nos hace crecer. Crecer y multiplicarnos.
Yo no estoy especialmente con ninguno de los precandidatos. Observo el proceso no desde afuera, sino con curiosidad. Quiero entender quién ha aprendido algo en estos últimos doce años y quien sigue con el discurso manido del pasado. Pues no se trata de quitar lo que hay para retroceder doce años en el tiempo, o quince, o cuarenta. Se trata de hacer futuro.
Y cuando vemos el futuro, los seres humanos necesitamos esperanza. La vida es la búsqueda de la felicidad, es tener la posibilidad de alcanzarla, es sentir que lo que hacemos nos lleva a vivir mejor, que podemos darle lo mejor a nuestros hijos.
Hoy, este optimismo es posible. Es factible, realizable. Hay soluciones para nuestros problemas que pueden comenzar a implantarse desde el día uno del nuevo gobierno. Hay otras que solo ameritan que queramos cambiar, que exijamos desde ya nuevas actitudes, tanto a los gobernantes actuales como a los que están por venir. En ese sentido, los precandidatos más jóvenes (dios me libre de descalificar a los viejitos) muestran esa fuerza, esa contundencia y esa necesidad de hacer las cosas de otra manera.
Cambiar no es fácil. Aún cuando sea un cambio deseado, remover las estructuras existentes, el orden conocido, para sustituirlo por otro que no está muy claro siempre trae miedos, libera fantasmas. Pero no hay nada mejor contra ese miedo que tener las seis voces de los precandidatos presidenciales, unidas a las de los candidatos de las gobernaciones y alcaldías en cada estado y en cada municipio, para difundir el mensaje de cambio, de esperanza de que podemos construir un futuro mejor, diferente.
Chávez no es invencible. Podemos ganar. Podemos hacer la Venezuela que queremos. Eso sí, tenemos que lograr cantar en armonía.
Caracas, 8 de noviembre de 2011
jueves, 22 de septiembre de 2011
La enfermedad del siglo XXI
Hoy es el primer día de otoño, en el hemisferio norte. En el cono sur, el primer día de primavera. Hoy también es el día mundial del Alzheimer. Es un día que se conoce poco, a menos que uno tenga algún familiar que esté sufriendo esa enfermedad. Sin embargo, el número de personas que la padece es cada vez mayor. Solo en España, cada diez minutos se diagnostica un nuevo caso, mientras que en los Estados Unidos eso ocurre cada 69 segundos.
A pesar de ser “la enfermedad del siglo XXI” y la séptima causa de muerte en el planeta ⎯más de 35 millones de personas en el mundo tienen Alzheimer u otro tipo de demencia y se proyecta que para el 2050 habrá 113 millones⎯, poco se sabe sobre sus causas, no hay un método certero para diagnosticarla y no tiene cura. Es irreversible.
En el Alzheimer, las neuronas que controlan la memoria, el pensamiento y el lenguaje interrumpen el paso de mensajes entre ellas, de manera que el enfermo pierde la capacidad de recordar asuntos cotidianos, de reconocer a las personas cercanas, y va perdiendo los hábitos más automáticos y primarios, hasta que termina por depender totalmente de otras personas.
La enfermedad del olvido. No de olvidos normales, como los de los abuelos, o los que nos producen los nervios, o el estrés, sino que borra tus recuerdos, olvidas lo aprendido, dejas de ser. Es la peste que predijo García Márquez cuando escribió sus Cien Años de Soledad y el pueblo de Macondo se enfermó hasta el punto de poner carteles en todas partes con los nombres, para luego olvidar también el significado de las palabras. Pero en nuestro mundo no hay antídoto, todavía no existe la poción que recupera la memoria y nos devuelve los recuerdos.
Hoy para mí es el día mundial del Alzheimer. Para mi mamá, es un día más en su rutina. Una rutina que no es rutina para ella, como lo es para nosotros. Ella solo se concentra por momentos breves, suelta lo que hace y busca otra cosa. Pararse, bañarse, comer, pararse, caminar, pararse, caminar, sentarse, pararse, tomar un jugo. Toma un bolígrafo, le quita la tapa, se la vuelve a poner, se la quita, se la pone, quita, pon, se cae. Toma el papel. Hace amagos para leer, une letras en palabras, e l e m e n t o s d e l h o g a r, lee en una revista. No sé si lo entiende. No sé si sabe qué fue lo que leyó. Sigue con el dedo lo que está escrito, silenciosamente, mira hacia delante, otra vez hacia el papel. E l e m e n …mira por la ventana. Se para, camina, se asoma, camina, se sienta.
Hoy es un día igual que todos, pero es igual para mi. Quizá no para ella. Quizá todos los días sean nuevos para ella. Quizá los reciba con alegría porque no sabe que están todos dibujados en la misma rutina. La pastilla, la comida, la caminata, la pastilla. Se ríe, se duerme, pero la mayor parte del tiempo está con esa cara que parece una máscara, sin expresión, una máscara más bien seria, concentrada observando el horizonte. Mira sin pensar. ¿Será eso?
Hoy es un día diferente. Es el día para pensar en los enfermos de Alzheimer y quizá hacer algo más que recordar. Quizá la amnesia de ellos nos sirva para salir a crear recuerdos futuros, bonitos, esos que serán nuestros recuerdos.
Caracas, 21 de septiembre de 2011
A pesar de ser “la enfermedad del siglo XXI” y la séptima causa de muerte en el planeta ⎯más de 35 millones de personas en el mundo tienen Alzheimer u otro tipo de demencia y se proyecta que para el 2050 habrá 113 millones⎯, poco se sabe sobre sus causas, no hay un método certero para diagnosticarla y no tiene cura. Es irreversible.
En el Alzheimer, las neuronas que controlan la memoria, el pensamiento y el lenguaje interrumpen el paso de mensajes entre ellas, de manera que el enfermo pierde la capacidad de recordar asuntos cotidianos, de reconocer a las personas cercanas, y va perdiendo los hábitos más automáticos y primarios, hasta que termina por depender totalmente de otras personas.
La enfermedad del olvido. No de olvidos normales, como los de los abuelos, o los que nos producen los nervios, o el estrés, sino que borra tus recuerdos, olvidas lo aprendido, dejas de ser. Es la peste que predijo García Márquez cuando escribió sus Cien Años de Soledad y el pueblo de Macondo se enfermó hasta el punto de poner carteles en todas partes con los nombres, para luego olvidar también el significado de las palabras. Pero en nuestro mundo no hay antídoto, todavía no existe la poción que recupera la memoria y nos devuelve los recuerdos.
Hoy para mí es el día mundial del Alzheimer. Para mi mamá, es un día más en su rutina. Una rutina que no es rutina para ella, como lo es para nosotros. Ella solo se concentra por momentos breves, suelta lo que hace y busca otra cosa. Pararse, bañarse, comer, pararse, caminar, pararse, caminar, sentarse, pararse, tomar un jugo. Toma un bolígrafo, le quita la tapa, se la vuelve a poner, se la quita, se la pone, quita, pon, se cae. Toma el papel. Hace amagos para leer, une letras en palabras, e l e m e n t o s d e l h o g a r, lee en una revista. No sé si lo entiende. No sé si sabe qué fue lo que leyó. Sigue con el dedo lo que está escrito, silenciosamente, mira hacia delante, otra vez hacia el papel. E l e m e n …mira por la ventana. Se para, camina, se asoma, camina, se sienta.
Hoy es un día igual que todos, pero es igual para mi. Quizá no para ella. Quizá todos los días sean nuevos para ella. Quizá los reciba con alegría porque no sabe que están todos dibujados en la misma rutina. La pastilla, la comida, la caminata, la pastilla. Se ríe, se duerme, pero la mayor parte del tiempo está con esa cara que parece una máscara, sin expresión, una máscara más bien seria, concentrada observando el horizonte. Mira sin pensar. ¿Será eso?
Hoy es un día diferente. Es el día para pensar en los enfermos de Alzheimer y quizá hacer algo más que recordar. Quizá la amnesia de ellos nos sirva para salir a crear recuerdos futuros, bonitos, esos que serán nuestros recuerdos.
Caracas, 21 de septiembre de 2011
viernes, 2 de septiembre de 2011
Sísifo en Caracas
Quizá mis vacaciones fueron demasiado cortas. Un breve paréntesis para respirar, para oxigenarme, para pensar en el futuro, en ese futuro que nos preocupa a todos: el propio, el de los hijos, el de la familia, el del país. Quizá la mía, como muchas familias venezolanas, está presa de angustia, ese qué va a ser de nosotros, qué podremos esperar este año, el año que viene, o después. Lo cierto es que al regresar, lo primero que siento a mi alrededor es que el fantasma de la incertidumbre ha tomado todos los ámbitos, todos los colores, todos los espacios.
No solo se trata de quién va a ganar en unas elecciones. Hoy en día y dado el nivel de deterioro de la calidad de vida, el tema es también cómo vamos a salir de este atolladero. ¿Qué hay que hacer para que el país retome una senda de desarrollo? ¿Será que es posible?
La semana pasada escuché parte de una cadena anunciada como sumamente importante para el futuro del país. Durante esa cadena estaban todos los ministros ⎯ya no se ni cuántos son, parecían más de treinta⎯, reunidos en una mesa larga. El presidente los interpelaba mientras decía lo maravilloso de esta nueva misión, que permitiría lograr las metas de la revolución. Hablaban, entre otras cosas, de la compra de máquinas nuevas, equipos chinos de última tecnología para hacer casas. La cámara mostraba en close up dibujos de retroexcavadoras, una fresadora para remover el asfalto ⎯que alguien comparó con un gusano⎯, unas apisonadoras y otros equipos que recuerdo básicos en el oficio de la construcción civil.
Comprar equipos de construcción es un evento digno de ser discutido en la mesa con todos los ministros. Hacer el trabajo normal es un acontecimiento para ser reseñado, para propaganda. Lo que debería haber estado comprado y andando hace años es un logro de la revolución.
Ya he perdido la cuenta de cuantas veces hemos escuchado la misma historia. Ministros van y vienen, se multiplican y luego se retiran por la puerta de atrás sin que podamos ver qué fue lo que hicieron de nuevo, si ahora hay algo diferente. Todo se ha deteriorado a un nivel inimaginable hace unos años. Lo peor es que si uno les pregunta a los ministros y responsables, seguramente consiga las respuestas de siempre, que todo es culpa de la cuarta, que estamos arrancando.
Trece años arrancando. O más. Como Sísifo, que empuja la piedra hasta la cima en eterno castigo, vemos a nuestros gobernantes comenzar una y otra vez las mismas tareas: ampliar la red eléctrica, mejorar el sistema de distribución de agua potable, reconvertir los hospitales, construir carreteras y puentes. Miles de millones de bolívares aprobados en presupuestos que se diluyen cuando se vuelve a caer la piedra y cambian al ministro de turno. Nadie pregunta qué pasó con lo que se ha perdido. Vuelta a empezar.
Hace falta hacer algo diferente. Quizá la diferencia no esté solo en participar en las elecciones, sino en cómo nos incorporamos para construir ese futuro de cambio. No podemos seguir dejando que otros empujen la piedra por nosotros. Corremos el peligro de que se vuelva a caer.
Caracas, 29 de agosto de 2011
No solo se trata de quién va a ganar en unas elecciones. Hoy en día y dado el nivel de deterioro de la calidad de vida, el tema es también cómo vamos a salir de este atolladero. ¿Qué hay que hacer para que el país retome una senda de desarrollo? ¿Será que es posible?
La semana pasada escuché parte de una cadena anunciada como sumamente importante para el futuro del país. Durante esa cadena estaban todos los ministros ⎯ya no se ni cuántos son, parecían más de treinta⎯, reunidos en una mesa larga. El presidente los interpelaba mientras decía lo maravilloso de esta nueva misión, que permitiría lograr las metas de la revolución. Hablaban, entre otras cosas, de la compra de máquinas nuevas, equipos chinos de última tecnología para hacer casas. La cámara mostraba en close up dibujos de retroexcavadoras, una fresadora para remover el asfalto ⎯que alguien comparó con un gusano⎯, unas apisonadoras y otros equipos que recuerdo básicos en el oficio de la construcción civil.
Comprar equipos de construcción es un evento digno de ser discutido en la mesa con todos los ministros. Hacer el trabajo normal es un acontecimiento para ser reseñado, para propaganda. Lo que debería haber estado comprado y andando hace años es un logro de la revolución.
Ya he perdido la cuenta de cuantas veces hemos escuchado la misma historia. Ministros van y vienen, se multiplican y luego se retiran por la puerta de atrás sin que podamos ver qué fue lo que hicieron de nuevo, si ahora hay algo diferente. Todo se ha deteriorado a un nivel inimaginable hace unos años. Lo peor es que si uno les pregunta a los ministros y responsables, seguramente consiga las respuestas de siempre, que todo es culpa de la cuarta, que estamos arrancando.
Trece años arrancando. O más. Como Sísifo, que empuja la piedra hasta la cima en eterno castigo, vemos a nuestros gobernantes comenzar una y otra vez las mismas tareas: ampliar la red eléctrica, mejorar el sistema de distribución de agua potable, reconvertir los hospitales, construir carreteras y puentes. Miles de millones de bolívares aprobados en presupuestos que se diluyen cuando se vuelve a caer la piedra y cambian al ministro de turno. Nadie pregunta qué pasó con lo que se ha perdido. Vuelta a empezar.
Hace falta hacer algo diferente. Quizá la diferencia no esté solo en participar en las elecciones, sino en cómo nos incorporamos para construir ese futuro de cambio. No podemos seguir dejando que otros empujen la piedra por nosotros. Corremos el peligro de que se vuelva a caer.
Caracas, 29 de agosto de 2011
sábado, 16 de julio de 2011
De ausencias y retornos
Un amigo madrileño me dijo, medio en broma, medio en serio, que tenía que ponerme las pilas, pues si Chávez no estaba, no iba a tener de qué escribir. La ausencia-aparición del presidente puso en evidencia el peso de esa figura en la vida cotidiana; nos hemos acostumbrado a pensar permanentemente en él, a favor o en contra, para hacer o deshacer. Parecemos niños en un salón de clase, sentimos la presencia omnipotente del maestro que se pasea por los pupitres, con las manos agarradas a la espalda, mirando por encima del hombro a ver si están bien hechas las sumas, a ver si la letra tiene la caligrafía correcta.
Este asueto ha servido para reflexionar, para imaginarnos justamente lo que va a pasar a partir del 2012: una Venezuela sin Chávez en el gobierno. Ese es el escenario que tenemos que definir, hacia donde debemos dirigir nuestros esfuerzos. Áreas sobran, problemas tenemos a borbotones, lo que nos falta es una estrategia clara de qué es lo que vamos a hacer, cómo lo vamos a llevar a cabo y quiénes vamos a participar. Imaginarnos el escenario del día después, trae como consecuencia pensar en qué queremos mantener, qué vamos a rescatar y qué cosas vamos a construir nuevas, diferentes.
Lo primero es reaprender a valorar el conocimiento técnico, el trabajo en equipo y el liderazgo compartido. Tenemos demasiado tiempo ─demasiada historia─ de caudillos que todo lo saben, que ponen a cualquiera al mando de las empresas, de los ministerios, con la única recomendación de la obediencia, de la supuesta fidelidad al gobierno de turno. La clase de problemas que tenemos requiere, para solucionarlo, líderes con capacidad técnica y con entusiasmo para llevar a cabo los cambios necesarios. Eso significa que ese líder no sea, como hasta ahora, denominado solo por partidos, sino que se seleccione el más apto, el que mejor convenga, mediante concurso si hace falta. Especialmente en las áreas de energía, de infraestructura y de tecnología, donde no se puede seguir improvisando.
Tanto los grandes temas sociales ─la salud, la vivienda, la educación─, como los de política interior ─la justicia, el manejo de las cárceles, la seguridad─, han tomado tal complejidad que seguramente van a hacer falta equipos de expertos no solo a nivel nacional sino internacional, para diseñar soluciones especiales que requiere este país en emergencia.
La incorporación de los jóvenes es materia pendiente, pues son ellos quienes hasta ahora han estado marcando el camino, quienes han demostrado fuerza, ganas para cambiar las cosas y la intuición de qué es lo que se necesita en este nuevo país que estaremos construyendo.
La naturaleza del reto que tenemos por delante necesariamente llama a que cada quien tome responsabilidad sobre su parte para lograr el cambio. Dejaremos atrás estos tiempos de gravitación de una sola figura, todopoderosa y omnipotente, y pasaremos a decidir responsablemente qué es lo que vamos a hacer como sociedad. Tenemos mucho trabajo, mucho que hacer, para seguir dando vueltas alrededor de un presidente que ya tiene sus días contados en el ejercicio del poder.
Caracas, 14 de julio 2011
Este asueto ha servido para reflexionar, para imaginarnos justamente lo que va a pasar a partir del 2012: una Venezuela sin Chávez en el gobierno. Ese es el escenario que tenemos que definir, hacia donde debemos dirigir nuestros esfuerzos. Áreas sobran, problemas tenemos a borbotones, lo que nos falta es una estrategia clara de qué es lo que vamos a hacer, cómo lo vamos a llevar a cabo y quiénes vamos a participar. Imaginarnos el escenario del día después, trae como consecuencia pensar en qué queremos mantener, qué vamos a rescatar y qué cosas vamos a construir nuevas, diferentes.
Lo primero es reaprender a valorar el conocimiento técnico, el trabajo en equipo y el liderazgo compartido. Tenemos demasiado tiempo ─demasiada historia─ de caudillos que todo lo saben, que ponen a cualquiera al mando de las empresas, de los ministerios, con la única recomendación de la obediencia, de la supuesta fidelidad al gobierno de turno. La clase de problemas que tenemos requiere, para solucionarlo, líderes con capacidad técnica y con entusiasmo para llevar a cabo los cambios necesarios. Eso significa que ese líder no sea, como hasta ahora, denominado solo por partidos, sino que se seleccione el más apto, el que mejor convenga, mediante concurso si hace falta. Especialmente en las áreas de energía, de infraestructura y de tecnología, donde no se puede seguir improvisando.
Tanto los grandes temas sociales ─la salud, la vivienda, la educación─, como los de política interior ─la justicia, el manejo de las cárceles, la seguridad─, han tomado tal complejidad que seguramente van a hacer falta equipos de expertos no solo a nivel nacional sino internacional, para diseñar soluciones especiales que requiere este país en emergencia.
La incorporación de los jóvenes es materia pendiente, pues son ellos quienes hasta ahora han estado marcando el camino, quienes han demostrado fuerza, ganas para cambiar las cosas y la intuición de qué es lo que se necesita en este nuevo país que estaremos construyendo.
La naturaleza del reto que tenemos por delante necesariamente llama a que cada quien tome responsabilidad sobre su parte para lograr el cambio. Dejaremos atrás estos tiempos de gravitación de una sola figura, todopoderosa y omnipotente, y pasaremos a decidir responsablemente qué es lo que vamos a hacer como sociedad. Tenemos mucho trabajo, mucho que hacer, para seguir dando vueltas alrededor de un presidente que ya tiene sus días contados en el ejercicio del poder.
Caracas, 14 de julio 2011
miércoles, 4 de mayo de 2011
Un mundo feliz
Será la lluvia que cae, infinita, una cortina de agua que va borrando los días, las semanas. O los alimentos podridos que todavía se guardan en almacenes, o se queman a escondidas. O los cortocircuitos causados por el vaivén de la luz, que hace titilar no solo la televisión o los aparatos electrodomésticos, sino que borra la memoria. Será que estamos agobiados por el bombardeo incesante de noticias importantísimas, que no duran más de veinticuatro horas, que nos roban la energía como los vampiros que chupan la sangre y luego remontan por los aires para colgarse a descansar en algún rincón oscuro, sonriendo felices.
Será esa la felicidad a la que se refieren en esa encuesta, la que sienten algunos al ver el tropel de gente que, como fantasmas sin fuerzas, remonta cuesta arriba las escaleras del metro, parado por enésima vez dentro de los túneles. O cuando ven cómo cruzan las calles en hordas, buscando busetas o algún medio de transporte que los lleve chapoteando hasta sus casas, mientras ellos se soban la tripa llena y se recuestan en su poltrona de cuero a firmar cheques de dinero ajeno.
O será el olvido que nos causa la embestida permanente de robos y secuestros, de amenazas y gritos que ya no queremos escuchar, pues no podemos procesar.
Entonces preferimos recordar los momentos de abrazos cariñosos y comidas familiares, de escapadas a la playa con el bikini en la cartera y unos realitos para la cerveza, preferimos aprovechar los pocos instantes de un sol que se la pasa escondido entre la lluvia, ese sol que borra todo y nos hace añorar el calor de la tierra y de los amigos, las risas, la música, las ganas de vivir.
Y con ese recuerdo en la cabeza decimos que somos felices, aún cuando la felicidad está solo en el recuerdo, en lo que pensamos que somos aunque solo sea pasado. O quizá decimos que somos felices porque vemos alegría en el futuro, porque tenemos la esperanza de cambiar las cosas, de construir nuevas realidades, que no serán iguales a ese recuerdo, pero serán también nuestras, diferentes al presente de odio y de violencia, que algunos todavía se atreven a llamar felicidad.
3 de mayo de 2011
P.D. El mes pasado salió publicada una encuesta Gallup, donde Venezuela quedó como el quinto país más feliz del mundo...
Será esa la felicidad a la que se refieren en esa encuesta, la que sienten algunos al ver el tropel de gente que, como fantasmas sin fuerzas, remonta cuesta arriba las escaleras del metro, parado por enésima vez dentro de los túneles. O cuando ven cómo cruzan las calles en hordas, buscando busetas o algún medio de transporte que los lleve chapoteando hasta sus casas, mientras ellos se soban la tripa llena y se recuestan en su poltrona de cuero a firmar cheques de dinero ajeno.
O será el olvido que nos causa la embestida permanente de robos y secuestros, de amenazas y gritos que ya no queremos escuchar, pues no podemos procesar.
Entonces preferimos recordar los momentos de abrazos cariñosos y comidas familiares, de escapadas a la playa con el bikini en la cartera y unos realitos para la cerveza, preferimos aprovechar los pocos instantes de un sol que se la pasa escondido entre la lluvia, ese sol que borra todo y nos hace añorar el calor de la tierra y de los amigos, las risas, la música, las ganas de vivir.
Y con ese recuerdo en la cabeza decimos que somos felices, aún cuando la felicidad está solo en el recuerdo, en lo que pensamos que somos aunque solo sea pasado. O quizá decimos que somos felices porque vemos alegría en el futuro, porque tenemos la esperanza de cambiar las cosas, de construir nuevas realidades, que no serán iguales a ese recuerdo, pero serán también nuestras, diferentes al presente de odio y de violencia, que algunos todavía se atreven a llamar felicidad.
3 de mayo de 2011
P.D. El mes pasado salió publicada una encuesta Gallup, donde Venezuela quedó como el quinto país más feliz del mundo...
viernes, 25 de marzo de 2011
La cruzada estudiantil
Veo la imagen de uno de los estudiantes que se cosió la boca para demostrar así que no está haciendo trampa en la huelga de hambre y me pregunto de inmediato: “¿hubiera tenido yo la valentía de hacer lo mismo en ese caso?”. No sé, tengo sentimientos encontrados.
Por una parte, sigo pensando que la huelga de hambre, así como el paro petrolero y otros tipos de huelga, son medidas extremas a las que hay que recurrir con mesura, con una meta muy concreta a lograr y cuando todos los otros recursos se han agotado. Pero por otra parte, sé que en este país en el que vivimos las instituciones están secuestradas por el gobierno y se niegan a atender los casos de violaciones de derechos humanos, de incumplimiento de contratos colectivos, de revisión de acuerdos y de leyes, en fin, de todo lo que para ellos huela a oposición, pues según el gobierno, estas protestas forman parte de una operación para desestabilizar al país.
Entonces, ¿cómo lograr que el gobierno reaccione, o que el país reaccione y exija sus derechos?
Estos muchachos han iniciado una cruzada. Tienen ya casi un mes en huelga y están dispuestos a llegar hasta el fin. Así lo han declarado a los medios, así lo han demostrado haciendo cosas como coserse la boca. Y los partidarios del gobierno lo único que saben hacer es montarles una parrilla frente al sitio donde hacen la huelga, o utilizar la televisora del Estado para tratar de descalificar sus acciones, a través de discursos infamantes y videos engañosos, o reírse como hienas en programas de
humor denigrantes. Especialmente lamentable es el caso de la ministra Córdova, que intenta descalificar la acción de los estudiantes diciendo que están siendo manipulados, como si fueran títeres o focas, cuando justamente lo que están demostrando es independencia de criterio y valentía en sus decisiones.
humor denigrantes. Especialmente lamentable es el caso de la ministra Córdova, que intenta descalificar la acción de los estudiantes diciendo que están siendo manipulados, como si fueran títeres o focas, cuando justamente lo que están demostrando es independencia de criterio y valentía en sus decisiones. La huelga de hambre en Venezuela ha cundido como medio de protesta casi único. La sordera y la desidia de las instituciones, la posición lamentable del Ejecutivo, incapaz de tomar decisiones en ninguno de los sectores si no son bendecidas por el jefe máximo, la indecisión de los sectores políticos y el marasmo de la sociedad civil ha llevado tanto a individuos como a gremios organizados a utilizar una forma de protesta extrema como la única manera para lograr ser escuchados.
Vemos en la prensa que durante el 2010 se hicieron 105 huelgas de hambre, y en lo que va del 2011 están contabilizadas más de 35, lo que está prendiendo luces de alarma en las instituciones internacionales de Derechos Humanos. Enfermeros, obreros, personas que luchan por sus derechos como empresarios o trabajadores indistintamente, utilizan la huelga de hambre en forma parcial o, como este caso de los estudiantes, en forma ya extrema, para solicitar un presupuesto justo a las universidades autónomas de todo el país.
Durante la huelga anterior los estudiantes lograron liberar a varios de los presos políticos. En esta, han logrado que aumenten las becas estudiantiles, homologándolas con las que otorga el gobierno a las universidades “revolucionarias”. Han logrado también promesas de mejoras en los servicios de transporte y el comedor estudiantil. Pero no quieren levantar la huelga, pues falta lo más grueso de sus peticiones: el compromiso serio de aumento del presupuesto universitario para el mejoramiento de las condiciones laborales de obreros, empleados y profesores.
Tristemente ya tenemos una primera víctima de huelgas de hambre, a quien no debemos olvidar: Franklin Brito. Ojalá tanto el gobierno como la dirigencia estudiantil se sienten de inmediato a negociar una salida a esta crisis, pues no es con muertos como queremos construir nuestro futuro.
25 de marzo de 2011
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