Las palabras griegas, que nos han dado tantas raíces, nos prestan a kalós, bello; éidos, imagen; scopéo, observar; para formar el Kaleidoscopio que es cambio, imágenes dinámicas, diferentes, impresiones personales sobre el mundo.








viernes, 3 de febrero de 2012

Cuando invertir significa progreso


Hace pocos días estuve en Panamá, un país de un poco más de tres millones de habitantes, en cierta forma mono-productor, como nosotros. Su ingreso principal depende del tránsito en el Canal, el cual se había visto seriamente disminuido en los últimos tres años debido a la crisis mundial. Sin embargo, gracias al repunte de la economía, Panamá pudiera colocarse en el 2012 entre los primeros países de Latinoamérica en cuanto a crecimiento económico, más que Brasil, más que Chile, más que México.

Ese modesto país, con un mercado interno ínfimo como el que tiene, vive de cara al mundo, buscando relaciones con sus vecinos, pensando y creando negocios que puedan beneficiarse por el continuo tránsito de buques y mercancías que vienen de tierras lejanas. Hay muchas empresas venezolanas que se han ido a trabajar a Panamá, aprovechando ventajas impositivas y legales, y el asombroso parecido de ambas culturas.

Ciudad de Panamá es una ciudad de un poco mas de un millón de habitantes, comparable a la zona metropolitana que conforman Barcelona-Lecherías-Puerto La Cruz. Cuando estaba aterrizando vi de inmediato cómo ha crecido en poco tiempo. Edificios cuya construcción había permanecido paralizada por años están ahora listos para habitar. Hay nuevas avenidas, centros comerciales, nuevos restaurantes y mucho tráfico de gente, de aviones, de dinero. Hasta en las zonas más pobres se ve que ha llegado algo de progreso: luz eléctrica, calles asfaltadas, telecomunicaciones, incluso ese adorno que yo pensaba tan venezolano como lo son las antenas de televisión en los ranchos.

Lo que más me llamó la atención fue el hecho de ver en forma tangible los resultados de la inversión reciente. No pude sino relacionarla por contraste con nuestra Puerto La Cruz de hoy, por seguir con el ejemplo, el puerto de los ferrys deteriorado, las calles llenas de huecos y la basura atravesada. En Venezuela nos bombardean con propaganda sobre el crecimiento económico en que vivimos, los proyectos en ejecución, los chorros de dinero que se invierten en obras que al final nadie sabe qué pasó con ellas. Lo que sí vemos es la infraestructura que se cae a pedazos, los edificios a medio terminar y las fabricas cerradas por falta de equipos y repuestos.

Panamá, uno de nuestros hermanos menores, hoy por hoy nos da clases de cómo invertir el dinero. Lamentablemente ahora se nota mucho más la distancia entre las zonas ricas y las pobres, hay más delincuencia (que por fortuna todavía no pasan de ser rateros) y las medidas para mejorar la educación y la calidad de vida de las clases mas pobres van como siempre más lentas que el progreso. En eso sí nos parecemos. Ojalá que logren revertir esa tendencia, pues si no estarán sentados sobre una bomba de tiempo.


Caracas, 2 de febrero de 2012

jueves, 26 de enero de 2012

El trabuco de la unidad

Este año promete ser interesante, al menos en lo político. Por primera vez en la historia se van a elegir los candidatos a la presidencia mediante una votación de primarias, abierta a quienes quieran participar. Las calles de Caracas están llenas de propaganda de posibles gobernadores y alcaldes, acompañados de los candidatos de una u otra tolda a la contienda presidencia.

Una de las propagandas usa la palabra “trabuco” para calificar a sus líderes. ¿Sabes de dónde viene la palabra trabuco?, me preguntaron. “Un arma”, dije, intuitiva. Pero la busqué en el diccionario: Máquina de guerra que se usaba antes de la invención de la pólvora, para batir las murallas, disparando contra ellas piedras muy gruesas. Y también salió esta definición, más local: término beisbolístico venezolano que significa una selección de los mejores jugadores de diferentes equipos.

De manera que el 12 de febrero elegiremos nuestro trabuco, no necesariamente los que hoy se autodenominan como tales, sino un trabuco ampliado, que abarcará todos los candidatos a gobernaciones y alcaldías. Y lo más importante, tendremos un candidato a la presidencia, uno entre los cinco posibles. Me emociona particularmente que el liderazgo que va punteando en las presidenciales es de renovación generacional, pues están todos muy bien formados, con mucha fuerza y con ese aire fresco que significa la posibilidad de cambio. La reciente declinación de Leopoldo López para favorecer a Henrique Capriles ha consolidado esa imagen de juventud y fuerza, de capacidad de reflexión y cambio.

Este hecho sin embargo ha suscitado cierto nerviosismo, alguno que otro roce que lanza a algunos periodistas a preguntar si va o no va a haber rupturas. Quizá el tener trece años sin poder disentir abiertamente nos hace que hayamos perdido esa flexibilidad como sociedad, esa capacidad de escuchar y refutar sanamente cuando algún candidato discrepa de las opiniones de otro, eso que es la esencia de la democracia. No podemos olvidarnos que aprender a manejar las diferencias en forma sana es lo que nos permitirá crecer en todos los contextos sociales. Esto se aplica especialmente en nuestra circunstancia actual, donde hasta ahora se ha acentuado la diferencia como obstáculo y no como oportunidad de crecimiento.

Lo que sí tenemos todos claro es la importancia de que la unidad prevalezca, lo cual es un logro muy importante. Ahora toca la participación masiva de la gente en estas elecciones primarias. La sociedad civil tiene un rol que cumplir: hay que llamar a inscribirse a ese millón de jóvenes que todavía no lo han hecho; hay que llamar a votar, no solo a las primarias, sino luego a las elecciones de octubre. Tenemos que difundir que es posible votar sin que nos roben el voto, sin que se nos amenace. Y que hay mecanismos de defensa que se van a activar. Porque necesitamos estar organizados para enfrentar una caballería que se nos viene con todo.

Para algunos, estas elecciones son como una guerra, y en la batalla de octubre se juega el todo por el todo. Para nosotros, debería ser igual. Ya tenemos un arma a la que temen: una selección de nuestros mejores jugadores, ese trabuco de la unidad, que quedará definido en las próximas semanas. Falta ese esfuerzo de comunicación, de motivación y de defensa del voto, donde todos los que estemos a favor de un cambio podamos trabajar para lograr salir adelante.

Caracas 26 de enero de 2012

viernes, 18 de noviembre de 2011

Tiempos de cambio

Antes, los apamates florecían en abril y las lluvias eran en mayo y en agosto. Antes, el cielo se despejaba en diciembre y veíamos el lucero de la navidad. Antes, la gente se saludaba en la mañana y seguía su camino, o se quedaba conversando con el vecino, enterándose de las últimas nuevas de la cuadra. Hoy, llueve en noviembre y hace calor en septiembre como si fuera mayo, o agosto. Hoy, si nos conseguimos a alguien en la misma acera ponemos cara seria, evitamos la mirada. Hoy, vemos de lejos a un policía y nos alejamos, sin saber si es amigo o enemigo. Hoy, solo conversamos sobre muertos y accidentes, sobre expropiaciones e invasiones, o nos pasamos el dato en un susurro, de dónde hay aceite o café, o harina de maíz. Antes solía quedarme en la oficina hasta tarde, para no tener que llevarme trabajo a la casa. La semana pasada se metió un ladrón armado al edificio donde trabajo. También entró la policía. Quedamos todos presos. Ahora debo irme cuando todos se van, pues a los atracadores les gusta la gente como yo, que se queda de noche en oficinas solitarias. Antes caminaba tranquila temprano en la mañana, para hacer ejercicios y ordenar el día. Ahora, cada vez que paso por la curva pienso en el muerto que consiguieron un sábado tirado en la orilla de la calle. “Un occiso señora“, dijo el policía que me frenó en seco cuando caminaba desprevenida. Un hombre joven, me dijo el señor que barre, que lo vio primero y dio la voz de alarma. Un muerto en la orilla de la calle, al lado de mi casa. Hoy escribo en la noche, desde mi estudio. Ya casi nadie sale en las noches. Caracas tiene un toque de queda, autoimpuesto por la misma gente, pues no se quieren arriesgar a que la atraquen, a que la roben, a que la maten. Soplan tiempos de cambio. Esta semana vimos algo diferente: cinco personas que llegarán a ser una sola, con mucha gente apoyándolas, para poder cambiar las cosas. Nuestros jóvenes no habían podido presenciar este espectáculo, de discusión y de esperanza. A nosotros casi se nos había olvidado. Quizá mañana siga lloviendo en diciembre y los apamates ya no sepan muy bien cuando florecer, pero nosotros tendremos calles libres de occisos y de tanta tristeza que hoy nos agobia. Caracas 17 de noviembre de 2011

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Unidad a seis voces

Cuando yo estaba chiquita, mi mamá, que era profesora universitaria, me llevó al Aula Magna de la Universidad Central a un acto, no se de qué, que comenzó cuando entraron en fila unos jóvenes con boina y traje azul y empezaron a cantar. Todavía hoy recuerdo la belleza de las voces que cantaban el himno nacional con melodías diferentes, pero en armonía.

La semana pasada fuimos testigos de un evento excepcional en la vida democrática venezolana: la inscripción de seis precandidatos a la presidencia de la república, que participarán en las primarias para escoger el candidato de la unidad. Diga lo que diga el oficialismo, este es un evento profundamente democrático. Significa que, como oposición, queremos ir unidos, pero que internamente aceptamos la diversidad.

Se dice fácil eso de la diversidad, la pluralidad, la democracia. Apenas uno de los contendores alzó su voz en desacuerdo por unas medidas y de inmediato comenzamos a descalificar la situación: que los trapos sucios se lavan en casa, que ya comienzan los pescueceos, que eso no es unidad. Resulta que se nos ha olvidado lo que es disentir, se nos ha olvidado que discutir es sano, útil, necesario. Estamos acostumbrados a la censura previa, a que los cogollos decidan y no haya participación. Disentir es parte del cambio. Negociar las diferencias es lo que nos hace crecer. Crecer y multiplicarnos.

Yo no estoy especialmente con ninguno de los precandidatos. Observo el proceso no desde afuera, sino con curiosidad. Quiero entender quién ha aprendido algo en estos últimos doce años y quien sigue con el discurso manido del pasado. Pues no se trata de quitar lo que hay para retroceder doce años en el tiempo, o quince, o cuarenta. Se trata de hacer futuro.

Y cuando vemos el futuro, los seres humanos necesitamos esperanza. La vida es la búsqueda de la felicidad, es tener la posibilidad de alcanzarla, es sentir que lo que hacemos nos lleva a vivir mejor, que podemos darle lo mejor a nuestros hijos.

Hoy, este optimismo es posible. Es factible, realizable. Hay soluciones para nuestros problemas que pueden comenzar a implantarse desde el día uno del nuevo gobierno. Hay otras que solo ameritan que queramos cambiar, que exijamos desde ya nuevas actitudes, tanto a los gobernantes actuales como a los que están por venir. En ese sentido, los precandidatos más jóvenes (dios me libre de descalificar a los viejitos) muestran esa fuerza, esa contundencia y esa necesidad de hacer las cosas de otra manera.

Cambiar no es fácil. Aún cuando sea un cambio deseado, remover las estructuras existentes, el orden conocido, para sustituirlo por otro que no está muy claro siempre trae miedos, libera fantasmas. Pero no hay nada mejor contra ese miedo que tener las seis voces de los precandidatos presidenciales, unidas a las de los candidatos de las gobernaciones y alcaldías en cada estado y en cada municipio, para difundir el mensaje de cambio, de esperanza de que podemos construir un futuro mejor, diferente.
Chávez no es invencible. Podemos ganar. Podemos hacer la Venezuela que queremos. Eso sí, tenemos que lograr cantar en armonía.

Caracas, 8 de noviembre de 2011

jueves, 22 de septiembre de 2011

La enfermedad del siglo XXI

Hoy es el primer día de otoño, en el hemisferio norte. En el cono sur, el primer día de primavera. Hoy también es el día mundial del Alzheimer. Es un día que se conoce poco, a menos que uno tenga algún familiar que esté sufriendo esa enfermedad. Sin embargo, el número de personas que la padece es cada vez mayor. Solo en España, cada diez minutos se diagnostica un nuevo caso, mientras que en los Estados Unidos eso ocurre cada 69 segundos.

A pesar de ser “la enfermedad del siglo XXI” y la séptima causa de muerte en el planeta ⎯más de 35 millones de personas en el mundo tienen Alzheimer u otro tipo de demencia y se proyecta que para el 2050 habrá 113 millones⎯, poco se sabe sobre sus causas, no hay un método certero para diagnosticarla y no tiene cura. Es irreversible.

En el Alzheimer, las neuronas que controlan la memoria, el pensamiento y el lenguaje interrumpen el paso de mensajes entre ellas, de manera que el enfermo pierde la capacidad de recordar asuntos cotidianos, de reconocer a las personas cercanas, y va perdiendo los hábitos más automáticos y primarios, hasta que termina por depender totalmente de otras personas.

La enfermedad del olvido. No de olvidos normales, como los de los abuelos, o los que nos producen los nervios, o el estrés, sino que borra tus recuerdos, olvidas lo aprendido, dejas de ser. Es la peste que predijo García Márquez cuando escribió sus Cien Años de Soledad y el pueblo de Macondo se enfermó hasta el punto de poner carteles en todas partes con los nombres, para luego olvidar también el significado de las palabras. Pero en nuestro mundo no hay antídoto, todavía no existe la poción que recupera la memoria y nos devuelve los recuerdos.

Hoy para mí es el día mundial del Alzheimer. Para mi mamá, es un día más en su rutina. Una rutina que no es rutina para ella, como lo es para nosotros. Ella solo se concentra por momentos breves, suelta lo que hace y busca otra cosa. Pararse, bañarse, comer, pararse, caminar, pararse, caminar, sentarse, pararse, tomar un jugo. Toma un bolígrafo, le quita la tapa, se la vuelve a poner, se la quita, se la pone, quita, pon, se cae. Toma el papel. Hace amagos para leer, une letras en palabras, e l e m e n t o s d e l h o g a r, lee en una revista. No sé si lo entiende. No sé si sabe qué fue lo que leyó. Sigue con el dedo lo que está escrito, silenciosamente, mira hacia delante, otra vez hacia el papel. E l e m e n …mira por la ventana. Se para, camina, se asoma, camina, se sienta.

Hoy es un día igual que todos, pero es igual para mi. Quizá no para ella. Quizá todos los días sean nuevos para ella. Quizá los reciba con alegría porque no sabe que están todos dibujados en la misma rutina. La pastilla, la comida, la caminata, la pastilla. Se ríe, se duerme, pero la mayor parte del tiempo está con esa cara que parece una máscara, sin expresión, una máscara más bien seria, concentrada observando el horizonte. Mira sin pensar. ¿Será eso?

Hoy es un día diferente. Es el día para pensar en los enfermos de Alzheimer y quizá hacer algo más que recordar. Quizá la amnesia de ellos nos sirva para salir a crear recuerdos futuros, bonitos, esos que serán nuestros recuerdos.


Caracas, 21 de septiembre de 2011

viernes, 2 de septiembre de 2011

Sísifo en Caracas

Quizá mis vacaciones fueron demasiado cortas. Un breve paréntesis para respirar, para oxigenarme, para pensar en el futuro, en ese futuro que nos preocupa a todos: el propio, el de los hijos, el de la familia, el del país. Quizá la mía, como muchas familias venezolanas, está presa de angustia, ese qué va a ser de nosotros, qué podremos esperar este año, el año que viene, o después. Lo cierto es que al regresar, lo primero que siento a mi alrededor es que el fantasma de la incertidumbre ha tomado todos los ámbitos, todos los colores, todos los espacios.

No solo se trata de quién va a ganar en unas elecciones. Hoy en día y dado el nivel de deterioro de la calidad de vida, el tema es también cómo vamos a salir de este atolladero. ¿Qué hay que hacer para que el país retome una senda de desarrollo? ¿Será que es posible?

La semana pasada escuché parte de una cadena anunciada como sumamente importante para el futuro del país. Durante esa cadena estaban todos los ministros ⎯ya no se ni cuántos son, parecían más de treinta⎯, reunidos en una mesa larga. El presidente los interpelaba mientras decía lo maravilloso de esta nueva misión, que permitiría lograr las metas de la revolución. Hablaban, entre otras cosas, de la compra de máquinas nuevas, equipos chinos de última tecnología para hacer casas. La cámara mostraba en close up dibujos de retroexcavadoras, una fresadora para remover el asfalto ⎯que alguien comparó con un gusano⎯, unas apisonadoras y otros equipos que recuerdo básicos en el oficio de la construcción civil.

Comprar equipos de construcción es un evento digno de ser discutido en la mesa con todos los ministros. Hacer el trabajo normal es un acontecimiento para ser reseñado, para propaganda. Lo que debería haber estado comprado y andando hace años es un logro de la revolución.

Ya he perdido la cuenta de cuantas veces hemos escuchado la misma historia. Ministros van y vienen, se multiplican y luego se retiran por la puerta de atrás sin que podamos ver qué fue lo que hicieron de nuevo, si ahora hay algo diferente. Todo se ha deteriorado a un nivel inimaginable hace unos años. Lo peor es que si uno les pregunta a los ministros y responsables, seguramente consiga las respuestas de siempre, que todo es culpa de la cuarta, que estamos arrancando.

Trece años arrancando. O más. Como Sísifo, que empuja la piedra hasta la cima en eterno castigo, vemos a nuestros gobernantes comenzar una y otra vez las mismas tareas: ampliar la red eléctrica, mejorar el sistema de distribución de agua potable, reconvertir los hospitales, construir carreteras y puentes. Miles de millones de bolívares aprobados en presupuestos que se diluyen cuando se vuelve a caer la piedra y cambian al ministro de turno. Nadie pregunta qué pasó con lo que se ha perdido. Vuelta a empezar.

Hace falta hacer algo diferente. Quizá la diferencia no esté solo en participar en las elecciones, sino en cómo nos incorporamos para construir ese futuro de cambio. No podemos seguir dejando que otros empujen la piedra por nosotros. Corremos el peligro de que se vuelva a caer.

Caracas, 29 de agosto de 2011

sábado, 16 de julio de 2011

De ausencias y retornos

Un amigo madrileño me dijo, medio en broma, medio en serio, que tenía que ponerme las pilas, pues si Chávez no estaba, no iba a tener de qué escribir. La ausencia-aparición del presidente puso en evidencia el peso de esa figura en la vida cotidiana; nos hemos acostumbrado a pensar permanentemente en él, a favor o en contra, para hacer o deshacer. Parecemos niños en un salón de clase, sentimos la presencia omnipotente del maestro que se pasea por los pupitres, con las manos agarradas a la espalda, mirando por encima del hombro a ver si están bien hechas las sumas, a ver si la letra tiene la caligrafía correcta.

Este asueto ha servido para reflexionar, para imaginarnos justamente lo que va a pasar a partir del 2012: una Venezuela sin Chávez en el gobierno. Ese es el escenario que tenemos que definir, hacia donde debemos dirigir nuestros esfuerzos. Áreas sobran, problemas tenemos a borbotones, lo que nos falta es una estrategia clara de qué es lo que vamos a hacer, cómo lo vamos a llevar a cabo y quiénes vamos a participar. Imaginarnos el escenario del día después, trae como consecuencia pensar en qué queremos mantener, qué vamos a rescatar y qué cosas vamos a construir nuevas, diferentes.

Lo primero es reaprender a valorar el conocimiento técnico, el trabajo en equipo y el liderazgo compartido. Tenemos demasiado tiempo ─demasiada historia─ de caudillos que todo lo saben, que ponen a cualquiera al mando de las empresas, de los ministerios, con la única recomendación de la obediencia, de la supuesta fidelidad al gobierno de turno. La clase de problemas que tenemos requiere, para solucionarlo, líderes con capacidad técnica y con entusiasmo para llevar a cabo los cambios necesarios. Eso significa que ese líder no sea, como hasta ahora, denominado solo por partidos, sino que se seleccione el más apto, el que mejor convenga, mediante concurso si hace falta. Especialmente en las áreas de energía, de infraestructura y de tecnología, donde no se puede seguir improvisando.

Tanto los grandes temas sociales ─la salud, la vivienda, la educación─, como los de política interior ─la justicia, el manejo de las cárceles, la seguridad─, han tomado tal complejidad que seguramente van a hacer falta equipos de expertos no solo a nivel nacional sino internacional, para diseñar soluciones especiales que requiere este país en emergencia.

La incorporación de los jóvenes es materia pendiente, pues son ellos quienes hasta ahora han estado marcando el camino, quienes han demostrado fuerza, ganas para cambiar las cosas y la intuición de qué es lo que se necesita en este nuevo país que estaremos construyendo.

La naturaleza del reto que tenemos por delante necesariamente llama a que cada quien tome responsabilidad sobre su parte para lograr el cambio. Dejaremos atrás estos tiempos de gravitación de una sola figura, todopoderosa y omnipotente, y pasaremos a decidir responsablemente qué es lo que vamos a hacer como sociedad. Tenemos mucho trabajo, mucho que hacer, para seguir dando vueltas alrededor de un presidente que ya tiene sus días contados en el ejercicio del poder.


Caracas, 14 de julio 2011