Las palabras griegas, que nos han dado tantas raíces, nos prestan a kalós, bello; éidos, imagen; scopéo, observar; para formar el Kaleidoscopio que es cambio, imágenes dinámicas, diferentes, impresiones personales sobre el mundo.








viernes, 15 de marzo de 2013

Fin de una era


¿Usted por aquí, cardenal? ¿Ustedes dos no son enemigos?'.
 'No, no somos enemigos.
Somos las dos orillas de un mismo río, la una frente a la otra. Lo que nos
une, ese río que pasa por la mitad de nosotros, es el Evangelio'

Ratzinger, antes de que fuera el papa Benedicto XVI


A raíz de la muerte del presidente he estado con una sensación de irrealidad, como si este escenario, tan posible, tan lógico, no iba a ocurrir nunca. Prendo la televisión y la pantalla muestra las largas colas para verlo en su féretro, vestido de militar, preparado para la eternidad. La gente pasa y lo llora, lo acaricia con la mirada, se da golpes en el pecho, se seca las lágrimas, le grita alguna consigna o sencillamente se contornea en un rictus de dolor. Siento tristeza por la gente que lo quiere, lo lloran como si fuera un verdadero hijo, un padre, un hermano…

Por supuesto que deja un vacío, no en vano él mismo se encargó de ser el omnipresente, de minimizar a las instituciones para tener la última voz en las decisiones, de gobernar a través de las cámaras de televisión, en un
Reality Show que lo acompañaba en sus viajes, en las reuniones de ministros, y sobre todo en las inauguraciones de las primeras piedras de industrias que luego no se construyeron, en las expropiaciones de edificios que ya eran del gobierno, pues lo importante es que saliera el líder mandando, ordenando a sus soldados como en una batalla.

Se murió el caudillo y ahora hay una pugna por el control del poder, saltan las costuras de las instituciones plegadas al mando oficial, tratan de tapar el hueco que dejó el líder, maquillan la Constitución para moldearla a los requerimientos de unos, en detrimento de la poca legalidad que nos queda. Se usa la emoción, el duelo para tapar los errores, las grandes fallas del gobierno.

En este ambiente, entre acusaciones de bando y bando, capeando discursos lleno de insultos y mentiras, vamos a celebrar unas elecciones presidenciales el 14 de abril. Estamos otra vez frente a una encrucijada y no puedo sino reflexionar sobre las grandes diferencias que las dos mitades de venezolanos tenemos en la percepción de los hechos, en la visión del mundo, en las expectativas sobre el futuro posible y en cómo podemos volver a tener chance de crecer como un solo país.

Uno de los cambios más difíciles es el cambio de liderazgo. Acostumbrados como estamos a un estilo personalista y arbitrario, debemos movernos hacia un liderazgo de equipos, con instituciones fuertes, con verdaderos espacios de discusión, de negociación sobre qué hacer, qué construir, qué queremos como país, donde se aprecie la diversidad como valor y no como traición a los ideales, donde se tenga como prioridad indispensable la reducción real de la pobreza. Ese cambio también tiene que ver con nosotros mismos, pues nos toca aprender a convivir con las diferencias y asumir nuestra responsabilidad en la creación de la sociedad que queremos.

En una entrevista publicada por El Tiempo, el profesor Guillermo Escobar nos cuenta que Ratzinger tenía graves diferencias con Juan Pablo II, pero ambos lograron no solo coexistir, sino hacer cosas juntos en beneficio de la iglesia, pues se visualizaban como las dos orillas de un mismo río, las dos alas de un mismo pájaro. En Venezuela, somos dos mitades de venezolanos que vivimos en el mismo país, que tenemos la misma historia, que queremos sentir que vamos progresando, que decimos que queremos la paz, pero nuestro liderazgo insiste en acentuar divisiones y no hemos logrado ni siquiera conversar civilizadamente unos con otros.

Estamos ante el fin de una era. La transición es difícil, dolorosa, llena de obstáculos. Pero también llena de oportunidades. Reconocer al otro con respeto es el primer paso para lograr avanzar hacia un futuro diferente.

14 de marzo de 2013


Enlace:

domingo, 3 de marzo de 2013

Hay que ser Paciente…


Clínica privada 1, Sala de espera para RX y Ecosonogramas,

6 am cualquier día.  Gente sentada en las poquísimas sillas de plástico. Gente parada apoyada en la pared, o sentada en el pasillo.

Paciente tiene el número 45. “Pero no se vaya porque si lo llaman y no está pierde el turno”, dice la recepcionista, mirando en su celular algún mensaje.

Gente entra a preguntar y se devuelve, otros buscan café en alguna máquina. Gente viene del interior, con almohadas y sacos de dormir.
 
Comenzarán a atender a las 7 am, si los técnicos llegan a tiempo, si el metro no se para, si las máquinas funcionan, si ya consiguieron los repuestos, si…


Clínica privada 2, operación planificada.

7 am día de la operación. Paciente entra caminando al consultorio del médico. No hay nadie. Va a Administración, su nombre no aparece, no hay habitaciones disponibles. “Tiene que esperar que el doctor llegue, está en una tranca en la autopista”.

10:30 am. Paciente está con suerte, le dieron la habitación. Paciente es manipulado por enfermera de turno, limpia y afeita con desgano su cuerpo semidesnudo, cubierto por una batica azul que siempre se abre.

“Menos mal que vino esta, porque ahora no vienen, ni llaman siquiera, como no las podemos botar…”, le dijeron en administración. 

12 pm. Paciente entra al quirófano. El doctor tuvo que operar a otro de emergencia, pero ya es su turno. Lo duermen.

4 pm. Paciente despierta en el cuarto. Tiene una vía puesta y una bolsa de suero gotea una parte hacia la vena y otra hacia el piso, donde hay un pozo. Paciente señala el estropicio, enfermera lo mira indiferente, como si fuera normal: “Son bolsas chinas, vienen defectuosas”.


Clínica privada 3, Paciente en post-operatorio.

11 pm. Cónyuge de Paciente llama a enfermera por el intercomunicador.
–Señora, mi marido tiene dolor, ¿no se le puede dar algo?
–Ay señora, déjeme ver la historia.

11:30 pm Cónyuge vuelve a tocar el timbre
–¿Qué pasó, no hay ni un ibuprofeno, no se, Voltarén, algo?
–Ya lo mandamos a pedir, señora, pero ahora hay que esperar que venga del depósito.
–¿Pero eso no lo tienen aquí en el piso? Si es de uso diario.
–Ahora el reglamento es otro, señora, la ley 54321 dice que todos los medicamentos sin excepción tienen que manejarse en forma centralizada.

1 am.
–¿Sara? (hija de Paciente atiende con voz de sueño)
–¿Qué pasó?
–Sara mi amor, anda a buscarle a tu papá un Voltarén que aquí no se lo terminan de traer y se muere del dolor.

Paciente busca remedios, cualquier día.

Farmacia 1: no hay
Farmacia 2: no hay
Farmacia 3: no hay
En el Seguro Social dijeron que había: no hay
Farmacia 7: Tenemos una cajita, pero de genérico
Farmacia 14:
–Señora, se lo consigo en Colombia, pero cuesta un poco más (tres veces, diez veces)
–¿Y quién lo trae?

Paciente de reposo en su casa

Paciente toma el control de la televisión y busca algún canal que le de información sobre el otro Paciente, ese que tiene todo parado, que mantiene al país en continuidad administrativa. Busca canales nacionales, noticias de España, de Atlanta, de La Habana. Nadie dice nada. Entra una cadena:

…porque los empresarios golpistas…culpables…acaparadores…

Paciente apaga la cadena, apaga la marcha, apaga las caras de triunfo, apaga los gritos de victoria, de felicidad por lo que estamos construyendo como país.

Hay que ser paciente…


Caracas, 28 de febrero de 2013


martes, 19 de febrero de 2013

San Valentín revaluado


En esta época de devaluaciones, bien merece la pena hablar también de cosas que se pueden revaluar. El día de San Valentín, por ejemplo. Siempre he pensado que es uno de esos días creados para que la gente gaste en cosas innecesarias. Le tengo alergia a los corazones y a las tarjetas con flechitas de cupido, a los avisos titilantes con escarcha y a los festejos obligados, que supuestamente deben cumplirse cuando queremos a alguien, cuando estamos enamorados.

Esta semana, sin embargo, aprovechando mi estadía en Nueva York, salí ese día al concierto de una de mis cantantes preferidas: Jennifer Holliday. Jennifer es cuasi desconocida, comenzó su carrera como cantante en un coro góspel y de ahí saltó a Broadway para estrenar la primera versión del musical Dream Girls. Después de cuatro años seguidos con el rol de Effie, la fama lograda quizá demasiado temprano le cobró factura; a lo mejor no entendió el mundo de la farándula, lo cierto es que salió por la puerta de atrás de los camerinos con su vida personal destrozada, la salud delicada y la carrera tambaleando. Se perdió por años, sin saber muy bien cómo seguir adelante, intentando por momentos volver a los escenarios, pero sin rumbo, sin una estrategia.

Ahora, veintitantos años después, Jennifer vuelve a abrir las puertas de la música con su voz maravillosa, de la mano de un linaje de divas como Billy Holliday, Ela Fitzgerald, Sara Vaughan, Aretha Franklin, Diane Rievees y Whitney Houston. Nos regaló, con motivo del día de San Valentín, un concierto con las mejores canciones de amor en tiempo de Jazz y Blues. Sonaron entre otras My Funny Valentine, I am love, Come rain, come shine, Night in Tunisia y su gran versión de And I Am telling you, la que le valió un Grammy y su fama.

Todavía hoy, cuando escribo esta nota, resuenan las canciones, su sonrisa y sus lágrimas; su voz gruesa, flexible, entraba por cualquier resquicio y nos elevaba, nos mareaba, nos hacía volver una y otra vez al laberinto de las emociones, para salir tocado por la magia de la música bien interpretada, que nos llena, que nos hace vibrar y sentir que la vida vale la pena.


17 de febrero de 2013

viernes, 8 de febrero de 2013

Fe de vida


El mes de enero tiene sus rutinas incorporadas, eso de hacer el balance, los planes para el año que comienza, los exámenes de control, arranque de presupuestos y cierre de años fiscales. Para muchos, es también el momento de presentar la fe de vida, un requisito insalvable para los que están jubilados y reciben algún tipo de pensión.

Esa fe de vida, que para algunos es solo entrar en una oficina, saludar a las secretarias y quizá llevarles algún recuerdito, pasar al mesón donde está el cuaderno y firmar, para otros puede ser un via crucis. Sé de profesores que han tenido que ir aún cuando en ese momento estaban hospitalizados, con tapaboca y enfermera al lado, para firmar el cuaderno, con el objeto de no faltar a los plazos. No firmar es siempre un costo mayor, es entrar en una burocracia más allá de la institución que te otorga la pensión, caer en las garras del Estado que niega tu existencia aún cuando seas tú mismo quien te presentas a hacer todos los trámites.

Hay sin embargo una fe de vida que nadie pide, pero que se está tragando nuestra sociedad en una espera tensa, en un impasse que es aprovechado por el gobierno de continuismo para seguir con sus desmanes.

Hay un trámite que cumplir y que el gobierno no ha cumplido, está en falta. ¿Será mucho pedir que de el ejemplo? ¿Qué se cumpla con la ley? ¿Que no se comporten como los secuestradores de las FARC cuando niegan pruebas de vida del secuestrado a sus familiares? ¿Será que nosotros como sociedad no tenemos derecho a saber dónde estamos parados? ¿Será que vamos a quedarnos de brazos cruzados esperando, a ver hasta dónde estiran la cuerda antes de que se rompa?


7 de febrero de 2013

Memoria y cuenta




Cuesta arrancar el año con un piano de cola en los hombros, enero se nos presenta como un botón de muestra de lo que nos espera: en el ámbito ejecutivo padecemos de continuidad administrativa, en el legislativo se consolidan los grupos de poder, el sistema judicial hace cumplir las leyes solo de un lado de la balanza mientras el presidente firma cartas durante una ausencia no calificada para que los plazos no corran, para seguir en el limbo.

De pronto se hace necesario guardar las constituciones que tenemos bajo llave, pues no sabemos si la que se compre nueva, recién impresa, tenga el mismo texto que la que compramos el año pasado, no sabemos ya si lo que dice lo dice realmente, o le pasa como los periódicos que salen en Harry Potter, donde las fotos se mueven y los textos van hablando solos.

Para completar, la respuesta de la oposición ha estado teñida de desesperanza, de derrotismo, con ausencia de una protesta contundente en las calles.

Creo que es necesario detenernos un poco y volver a empezar, hacer nuestra propia memoria y cuenta. A la luz de los resultados electorales y de los últimos acontecimientos de enero, efectivamente estamos ante un panorama político difícil, una muralla sólida que no nos deja avanzar, pero algo podrá hacerse. Para empezar tenemos que estudiarla, buscar sus puntos débiles: ¿cuáles son? ¿Cómo podemos reorganizarnos y rediseñar estrategias? Hace falta entender la nueva realidad, las necesidades de la población, sus creencias y sus motivaciones. Este ejercicio lo debemos hacer no solo los políticos, sino las organizaciones de ciudadanos activos.

En este sentido el discurso de Ramón Guillermo Aveledo, llamando a mantener la unidad nacional y proponiendo unas líneas de acción, tiene varios aspectos que es necesario reafirmar. Por una parte está el grupo de acciones ligadas a defender y respetar la Constitución y los derechos de los venezolanos. En este sentido hay que idear y mantener formas de lucha ciudadana donde podamos participar, desde las asambleas ciudadanas hasta protestas creativas, denuncias y acciones que promuevan la discusión.

Por otra parte está la creación de nuevas referencias, la búsqueda de espacios para gobernar. Esta es una de las tareas más difíciles, en el corto y de mediano plazo. Tenemos que salir a buscar apoyos en el terreno municipal, dentro de la estrategia que enunció Aveledo de hacer un “Gobierno de Unidad Nacional, que tenga la calidad de vida de los ciudadanos y la lucha contra la pobreza como sus principales preocupaciones”. ¿Cuál es el modelo de vida que ofrecemos? ¿Cómo lo hacemos realidad? ¿Podemos “adelantar” algunos de estos resultados en los gobiernos regionales y municipales que vamos a tener? ¿Podemos mostrarlos como vitrina al resto del país? ¿Podemos lograr que nuestros diputados actúen en función de ese futuro?

Por último, es necesario que los partidos políticos reafirmen el compromiso unitario, no solo desde el punto de vista electoral sino de ejecución, y que la Mesa siga ejerciendo como el espacio de consensos, desde donde se convoque al resto de la sociedad para hacer de estas líneas algo viable.

31 de enero de 2013


jueves, 10 de enero de 2013

El nuevo orden



Dicen que año nuevo, vida nueva. Dicen también que, después de unas elecciones, viene un cambio en el gobierno, que los ministros ponen sus cargos a la orden, que el Presidente, o Gobernador, o Alcalde, reelecto o con el cargo por estrenar, se juramenta ante la Asamblea Legislativa correspondiente y comienza un nuevo gobierno, al menos en lo formal. Y dicen que La Constitución es el cuerpo de leyes que la sociedad en su conjunto está dispuesta a respetar, cuyo guardián en una democracia es, en última instancia, el Tribunal Supremo Judicial, o la Corte Suprema, o como se llame en cada país.

Aquí, en estas tierras desoladas, todo es diferente. La incertidumbre se hace presente en todos los ámbitos: el presidente sigue enfermo pero nadie informa si podrá tomar posesión  en algún momento o si solo estamos esperando un desenlace fatal. Está tan delicado que no puede venir a juramentar su cuarto mandato. Está tan enfermo que sus acólitos quieren retorcer lo que dice la Constitución para buscar los silencios, las omisiones que en cualquier otro país son lógicas: no dice que tiene que ser en Venezuela, puede juramentarse en una embajada, no dice que tiene que estar vivo, puede juramentarse su fantasma, su sombra, su espíritu que está con nosotros.
 
Los voceros aprovechan la palestra para insultar a la oposición, como si esta tuviera la culpa de la enfermedad del líder, como si el acto de juramentación el 10 de enero fuese un invento. Si hay alguien a quien culpar, es a ellos mismos, que desatendieron la condición del presidente y lo lanzaron en la cruzada de la reelección, agravando su estado y empujándolo a esta crisis.

Ayer, la presidente del TSJ, Luisa Estela Morales, dio la estocada final al tema de la juramentación que debía ocurrir el día de hoy: por argumento de continuidad administrativa no hace falta juramentarse, “no hay ni siquiera falta temporal del presidente”, dijo. Todo sigue igual, el país sigue esperando a que el presidente venga a tomar posesión en algún momento, “cuando pueda”.

Se le otorga un permiso por ausencia que no se califica de permanente ni de temporal sino todo lo contrario. Chávez reposa en una cama en algún hospital de La Habana y Venezuela entera sigue en el pasillo, esperando. No se toman decisiones, se postergan compromisos, desfilan ministros, diputados, presidentes de otros países para proclamarse “hijos de Chávez”. El canal del Estado nos inunda de propaganda, insiste en una campaña para convencernos de que todos somos Chávez. “Chávez soy yo”, repiten sus seguidores, llorando y abrazándose.

Sí, este nuevo año hay un nuevo orden. El aire de La Habana trae a Caracas un vaho que recorre todas las instituciones, destruye las estructuras y la legalidad hasta ahora tambaleante; el tumor maligno crece ya sin obstáculos, sin pudor. Nace una religión política con el hombre todavía en su lecho de hospital, oliendo a pus y a formol.

Nos toca, tanto a los líderes de la oposición como a los ciudadanos, revisar nuestras propias organizaciones y reanimar nuestras acciones de cara a estas nuevas realidades, para seguir en el camino de construir un espacio diferente.

(Escribo esto mientras oigo los Sukhoi sobrevolar la ciudad. El ruido de una guerra contra nosotros mismos).

Caracas, 10 de enero de 2013

martes, 11 de diciembre de 2012

Tres años de injusticia

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Hay aniversarios que son como latigazos, duelen, arden, retumban en la mente, en el cuerpo. A pesar de que las cosas a nuestro alrededor se mueven como en un torbellino, no podemos olvidarnos de esos hitos, no podemos dejar que pasen por debajo de la mesa.

Esta semana se cumplen tres años del encarcelamiento de la jueza María Lourdes Afiuni, ocurrido el 10 de diciembre de 2009. Este nuevo aniversario viene con el agravante de la entrevista publicada en el libro del periodista Francisco Olivares, donde la jueza denuncia que fue violada mientras estaba presa en las instalaciones del Internado Nacional de Orientación Femenina INOF. Según su relato, a consecuencia de la violación quedó embarazada, pero tuvo un aborto en la cárcel. Esta situación aparentemente fue notificada en un informe entregado directamente al presidente de la república, por una parte y a la ONU, por otra, pero no sucedió más nada.

Desde que el asunto salió a la luz pública hace unas semanas, el debate se ha planteado en torno a si es necesario que ella haga la denuncia o no ante la Fiscalía; se ha hablado de acusarla por difamación, se le critica por no haberlo notificado en el momento. El verdadero problema, sin embargo, es que si lo sucedido fue real, es necesario identificar y castigar a los culpables, además de tomar acciones para que este tipo de situaciones no sigan ocurriendo.

Puedo entender perfectamente sus razones para haber guardado silencio tanto tiempo: lo allí descrito era tan grave, tan dañino, que no podía volver a nombrarse. Más aún, atreverse a hablar estando todavía en manos del victimario, saber que éste puede volver a hacer daño en cualquier momento, saberse cada vez más vulnerable, sin posibilidades de salir, o de un juicio imparcial, es un estado de absoluta fragilidad. Una verdadera tortura. No puedo volcar en el papel las ganas de vomitar, el rechazo, la frustración, el horror al imaginarme la situación palmo a palmo. Recordé cuando le iban a hacer unos exámenes ginecológicos hace poco más de un año y los guardias querían quedarse en el consultorio, como si fuera un espectáculo gratis, como si ella fuese un animal, una vaca a quien llevan al veterinario, un caballo al que hay que cambiarle la herradura.

Lo sucedido con la jueza Afiuni revela una vez más la total impunidad del delito en Venezuela, la arbitrariedad del sistema judicial, donde los presos no están en manos del Estado, sino de otros delincuentes. Ojalá que su denuncia sirva para cambiar en algo ese entorno y que no pase lo que en la mayoría de los juicios por violación: la víctima aparece como culpable por usar falda corta o por ser bonita, en este caso por ser jueza dentro de una cárcel de mujeres, por estar condenada sin juicio, por haber sido acusada por el poder máximo y llevada a prisión sin el debido proceso.

Hoy escribo para expresar mi solidaridad con las mujeres y hombres que sufren maltratos en las cárceles, para denunciar, mientras podamos, que Venezuela no es una democracia cualquiera. Escribo sobre todo para unirme en apoyo a María Lourdes Afiuni, quien merece todo nuestro respeto y admiración.


Caracas, 10 de diciembre de 2012