Las palabras griegas, que nos han dado tantas raíces, nos prestan a kalós, bello; éidos, imagen; scopéo, observar; para formar el Kaleidoscopio que es cambio, imágenes dinámicas, diferentes, impresiones personales sobre el mundo.








viernes, 2 de mayo de 2014

Pompeyo, siempre en la lucha

Tuve la suerte de asistir esta semana a la celebración de los 92 años de Pompeyo Márquez. Fue una reunión discreta, cálida, donde estaban sus familiares y amigos cercanos, sus compañeros de lucha y aquellos que han acompañado siempre, y quienes, como yo, somos admiradores y seguidores de su ejemplo. Hubo discursos, felicitaciones, fotos viejas que repasaban la vida de este político ejemplar.

Habló el Presidente del Colegio Nacional de Periodistas, Tinedo Guía, quien anunció la creación de la “Cátedra Libre Pompeyo Márquez Millán”, con el objetivo de promover la discusión en torno a los temas relacionados con la libertad y los derechos de información, de expresión y la Democracia, de cara a la sociedad venezolana en general. Fernando Rodríguez leyó el editorial que había escrito ese día para TalCual, Eloy Torres dibujó sus vivencias con Pompeyo, que lo hacen atribuirse el título de sobrino, habló Miguel Henrique Otero, quien prestó la sala y Antonio Ledezma en su investidura de Alcalde Mayor.

Pero lo mejor de la velada fue el discurso de cierre: Pompeyo, en su silla de ruedas, un poco sordo, micrófono en mano, preparado para hablar. Trastabillaba al enumerar nombres, al repasar los discursos y al dar las gracias por la cátedra creada. Titubeaba al pronunciar frases de agradecimiento, y cuando terminó con un clásico “en nombre de mis hijos, mis sobrinos y yo les damos las gracias…” etc, etc, lo interrumpimos con un aplauso. Pensamos que eso era todo, pero ¡Oh Sorpresa!, él paró los aplausos y nos dijo: "Después de estas palabras introductorias, quiero compartir con ustedes mi visión de lo que está pasando en el país". 

Allí se lanzó un discurso fluido, perfectamente articulado sobre la situación actual y los caminos de lucha. Me apresuré a sacar la pluma y tratar de tomar notas, era yo ahora la que trastabillaba entre la emoción y la certeza del ejemplo que nos estaba dando. Seguidamente transcribo mis apuntes terribles y créanme, toda incoherencia es mía, él estuvo perfectamente lúcido y fluido cuando comenzó a hablar de política. 

Palabras de Pompeyo en sus 92 años.



Se ha cerrado un ciclo histórico y estamos en una dictadura militar civil. Yo he analizado la situación y he llegado a las siguientes conclusiones:



La primera es que no hay solución a la crisis si no hay un cambio de gobierno. No hay otra salida. Tiene que haber un gobierno de transición, esta dictadura tiene que darle pasó a la República Civil, a la democracia, a un régimen de libertades. Actualmente hay una pugna entre dos modelos: uno autoritario y uno de libertades y democracia. La idea de un gobierno de transición es con el objetivo de convocar elecciones libres, que puedan permitir que el país exprese políticamente su pensamiento, sin la autocracia electoral que se ha creado a lo largo de estos años. 



Mi segunda conclusión es que la crisis económica se va a agudizar. No hay solución a la crisis económica sin un cambio de modelo. Una economía productiva necesita inversiones que no están llegando al país, sino que, todo lo contrario, se están yendo del país.



Finalmente está el problema de la unidad. Quiero recoger la expresión de Ledezma:  Ni nos dividimos ni nos van a dividir. La Mesa de la Unidad debe presentarle al país una propuesta. Venezuela es y será para siempre democrática, lo dice la constitución nacional y la Mesa debe salir no solo a defenderlo, sino a promoverlo. La lucha es por eso, por conquistar la República Civil, conquistar las libertades, y se deben crear diversos espacios de lucha. Las sociedades no se plantean utopías, se plantean resolver sus necesidades y Venezuela necesita democracia y libertad. Que se cumpla la Constitución. Debemos unirnos en una misma dirección para convocar al país a conquistar la democracia.

A sus 92 años, Pompeyo nos dio una lección de lucidez y perseverancia, de coherencia y de valor.

¡Gracias Pompeyo!

Caracas, 30 de abril de 2014

sábado, 8 de febrero de 2014

Lo peor es la alegría


Esta semana se cumplieron 22 años del Golpe de Estado que intentó Chávez con un grupo de compañeros militares.  Alguien comentaba que ese fue el evento donde le robaron el futuro a los jóvenes del país. Eso me dejó pensando, sin duda fue el momento en que se comenzó a resquebrajar la estructura formal de la democracia, pero ésta ya sufría de osteoporosis, una osteoporosis que a los políticos viejos les cuesta reconocer.

El cáncer ya venía corroyendo las entrañas del sistema, aún cuando se seguían guardando las apariencias los problemas estaban ahí: la dependencia del petróleo, el empresariado oportunista, la corrupción cómplice, el flácido sistema judicial, la desigualdad creciente, la apatía de la clase media, el deterioro de la educación pública, la pérdida de valores y de metas comunes como sociedad. Todo eso coexistía en una ilusión de democracia salpicada de reductos de excelencia: PDVSA, el Metro de Caracas, la alcaldía de Chacao, el sistema de orquestas (que ya existía y cosechaba éxitos), entre otros. El Congreso era como una especie de mercado persa, donde se comerciaba con las decisiones: yo te apoyo en esto si tú me apoyas en esto otro; se debatía, pero las discusiones no necesariamente llegaban al hueso, solo hasta donde los distintos bandos disponían, para acomodarse a sus agendas personales o intereses partidistas.

A partir del mismo 4 de febrero de 1992 comenzó la caída, anunciada en sesión extraordinaria del Congreso, cuando el mismísimo Caldera, defensor de la democracia, dio un discurso donde “justificaba” la acción de los golpistas, dado el entorno de corrupción y la falta de acciones que atenuaran las medidas económicas en las que se había embarcado el gobierno de turno:

“…Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por  la libertad y la democracia cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer, de impedir el alza exorbitante en los costo de la subsistencia, cuando no ha sido capaz de ponerle un coto definitivo al morbo terrible de la corrupción, que a los ojos de todo el mundo están consumiendo todos los días la institucionalidad venezolana…hay un entorno, hay mar de fondo, hay una situación grave en el país, y si esta situación no se enfrenta el destino nos reserva muchas y muy graves preocupaciones”.

Por mucho que nos hubiéramos dedicado a proyectar el futuro, nunca nos hubiéramos imaginado la clase de problemas que hoy estamos enfrentando. La corrupción de la que hablaba Caldera en ese discurso es hasta ingenua, ante lo que estamos presenciando. No solo no tenemos instituciones fuertes e independientes, sino que lo que hoy existe es una maquinaria ineficiente y podrida, que traga dinero en dólares y es incapaz de proveer bienes o servicios a la ciudadanía. El espiral centralizador y controlador ha traído como resultado que la sociedad venezolana tenga hoy los peores índices de inseguridad, escasez, inflación y corrupción en la historia del país.

Ante estos resultados, nos preguntamos qué podemos hacer. “Lo peor es la resignación” decía Simón Boccanegra esta semana, analizando las reacciones (o la apatía) de la gente ante el caos que prevalece. Yo creo que no es así. Cuando uno se resigna es porque admite un hecho fatal como la muerte o una enfermedad incurable, se rinde ante una evidencia que está más allá de sus manos, que puede ser admitida con dolor o con tristeza. Pero cuando vemos a la gente haciendo cola sumisa frente a los anaqueles vacíos, con la esperanza de que en algún momento abran una caja de leche o llegue un cargamento de aceite o de azúcar, cuando vemos esa misma gente saltar de alegría porque consiguió tres paquetes de harina debajo de un coleto, donde alguien, seguramente un empleado, los había tratado de esconder como un botín para sacarlos después de que terminara su turno, vemos la sumisión total, la derrota, la entrega. Y para mí eso es lo peor, esa alegría sumisa.

No se cómo podemos revertir lo que ahora tenemos encima. Estoy segura que no es buscando culpables dentro de las filas de la oposición, sino organizando una protesta diferente, buscando información para denunciar con nombre y apellido, apoyando las iniciativas inteligentes de diputados y alcaldes, profesores y estudiantes, cuando señalan fechorías concretas y exigen acciones contra los responsables. Es necesario quebrar la épica de la guerra económica y alzar la bandera de la denuncia, exigir resultados, poner la responsabilidad donde siempre ha estado, en el gobierno de turno. Levantar polvaredas de guerra de bando y bando no contribuye a conseguir la solución, solo enceguece a los bandos. Pero tampoco podemos quedarnos sin hacer nada. Porque lo peor es la alegría.


7 de febrero de 2014                                                   @aalvaray



Arranca otro año…


Primera vez que siento tristeza porque se termina un año. No porque el 2013 haya sido particularmente bueno, sino por las perspectivas que asoman para el 2014: los pronósticos de analistas y de comerciantes, de vecinos y profesores, de extranjeros y nacionales dicen que va a ser peor. Las primeras semanas parecieran confirmarlo dolorosamente, tras el asesinato de la conocida actriz y su esposo. Esta vez fue el caso Spears-Berry, pero todos tenemos conocimiento de otros casos menos célebres y más cercanos: el hermano de la amiga, el motorizado de la empresa, la hija del compañero de trabajo, la amiga de la señora de servicio.

No puede ser que este estado de cosas siga sucediendo sin que nosotros podamos exigirle a los responsables un cambio fundamental, estructural en las cosas. La seguridad de los venezolanos es, sin duda, responsabilidad principal de cada uno de nosotros, pero la política para garantizar la seguridad, para prevenir y combatir el delito, es responsabilidad de los gobernantes, comenzando por el Presidente de la República. Este, teniendo una oportunidad de oro,  lo que hizo fue ratificar en sus cargos a los ejecutivos que son directamente responsables de estas políticas: Ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, el Sr. Miguel Rodríguez Torres y Ministra del Poder Popular para el Servicio Penitenciario, Sra. Iris Varela. Ese espaldarazo, dadas las circunstancias, es como aplaudir a un médico que está matando al paciente.

Mejorar las condiciones de seguridad ciudadana requiere un esfuerzo colectivo de prevención y de acción del Estado contra los delincuentes. No se trata solo de convocar a una reunión para pescuecear y tomarse una foto. Tiene que haber un consenso y acciones concretas que vayan dirigidas a combatir los delitos, a castigar a los culpables. Los ciudadanos estamos dispuestos a participar (la resolución del caso Berry-Spears lo demostró: gracias a los vecinos la policía pudo identificar rápidamente a los cómplices del asesinato). Pero es indispensable que el Poder ejecutivo, el Legislativo, el Judicial e incluso el Poder Moral se levanten unidos contra el crimen (¿Dónde está la Lic. Gabriela del Mar Ramírez, Defensora del Pueblo? ¿No se supone que entre sus atribuciones está la promoción, vigilancia y defensa de los derechos humanos en el país?). De nada sirve un operativo aislado si al día siguiente o a la semana un juez suelta a los sospechosos (los asesino de la pareja tenía múltiples entradas a la cárcel por diversos delitos y seguían cometiendo fechorías libremente).

Esperemos que estas lamentables muertes no sean un caso más. Ojalá esto pueda servir como punto de inflexión para darle un vuelco al tratamiento de la criminalidad, para acabar con la impunidad y transitar en el camino de tener una mejor Venezuela, al menos en materia de seguridad.


Caracas, 15 de enero de 2014                             @aalvaray

¿Cansados de votar?


Creo que todos hemos perdido la cuenta de cuántas elecciones hemos hecho en los últimos quince años. Lo peor es que en la medida en que hay más elecciones, pareciera que banalizamos el valor del voto, que pensamos que da igual votar o no, porque o ganan o hacen trampa, dicen algunos por ahí. Otros critican a los opositores, que no han sabido hacer esto y aquello, que los otros lo hacen mejor, y un largo etcétera.

Nos hemos fabricado una excusa perfecta para desmovilizarnos, para no ejercer el voto. Seguimos como si no estuviera pasando nada, aislados más que nunca, quejándonos en el supermercado por los precios y la escasez, haciendo cola para comprar la nevera barata o en el arbolito que vamos a poner en navidad, o en el viaje a Miami que ya me compré y qué me importan estas elecciones si de todas maneras hacen trampa.

A veces me parece que nosotros no queremos ganar, sino que alguien gane por nosotros, mientras seguimos viendo el país por televisión, o peor aún, ahora sin televisión y casi sin prensa, solo cadenas diarias en la mañana y en la noche. ¿Sabía usted, señor lector, que mientras nosotros nos recostamos en el sofá con dolor de cabeza o con el estómago en un puño, los del gobierno están moviendose a lo largo y ancho del país para organizar la votación de sus adeptos? Pregúntese usted qué está haciendo para colaborar. Para lograr democracia es necesario ejercer la ciudadanía. No es que seamos perfectos, pero ya está bueno de criticar para desmovilizar, hay que salir y protestar para cambiar las cosas, hay que arreglar lo malo, hay que meter el hombro y seguir.

Si hacemos un recuento de las elecciones anteriores, podemos ver que hemos crecido como oposición, no solo en número sino en diversidad, tanto social como geográfica. Hemos conseguido animar un voto joven que es muy importante. Crecer en estas circunstancias, donde el miedo a perder el trabajo está en cada esquina, donde las amenazas a la integridad física de los opositores son una realidad diaria, donde la oposición tiene cada vez menos espacios en los medios de comunicación y muy pocos recursos económicos, ha sido un triunfo importantísimo, es la certeza de que en Venezuela todavía hay gente que cree en el país y en un futuro mejor.

Yo sí estoy cansada de que la gente se queje de la oposición sin salir a votar…¿acaso este gobierno se merece que le regalemos los espacios que nos ha costado quince años defender? Es como comprar una casa a plazos y dejar de pagarla el último año, para que el banco venga y se la quite, ¿usted haría eso con su casa, con su carro? ¿Por qué lo va a hacer con su municipio o con su país? La cosa es muy sencilla. Despertarse el domingo, bañarse, vestirse, desayunar y salir a votar. Y luego en la tarde unirse a sus vecinos, o a su organización ciudadana y salir a defender los votos. Así de fácil.


Caracas, 5 de diciembre de 2013                         @aalvaray

viernes, 22 de noviembre de 2013

El reino de Scar

No hay manera de sacudirse la sensación de que el país se ha embarcado en un rumbo diferente. Al verse tambaleante, con todas las encuestas en su contra, el gobierno decidió pisar el acelerador y atacar, destruyendo lo que apenas quedaba en pie.

En una misma semana le arrebataron la inmunidad a una diputada para poner en su lugar un partidario del gobierno y disimular la mayoría que no tienen, con el fin de aprobar la famosa Ley Habilitante; decidieron que la culpa de la inflación y de la escasez no son las políticas económicas, ni la corrupción rampante en todas las instituciones, sino que son los comerciantes. Ordenaron intervenir las tiendas para vaciar los anaqueles y permitir que la gente se llevara su “regalito” navideño a precios que nunca volverán.

Es difícil describir lo que sucede en el país en este momento, mucho menos entenderlo, analizarlo, sacar alguna conclusión o plantearse estrategias que tengan algo de sustento. Estamos viviendo una intensidad tal en lo que ocurre, una exageración en lo que se dice y se hace, un no-puede-ser constante, que uno cree que ya ha llegado al límite y en la esquina siguiente se quiebra otra frontera, se rebasa otro tope, se viola otra norma, otra ley.
 
Lo único que se me viene a la cabeza para describir la realidad son imágenes de dibujos animados, quizá porque en los comics los artistas exageran las emociones y los sucesos, porque reducen la sociedad a dos bandos, los superhéroes y los malhechores. Así que estamos como en el reino de Scar, el malo de El Rey León, quien se apropió del cargo a la muerte del rey, nombró a las hienas de ministros y acabó con las estructuras de la sociedad, quemó la selva, arruinó la economía y terminó culpando a los súbditos que se oponían a semejante desastre.

En el reino de Scar las primeras que se opusieron fueron las leonas, que ante la escasez de comida y la falta de soluciones se negaron a seguir haciéndole el juego a las hienas corruptas y a un rey ilegítimo. Sacaron fuerzas y se plantaron a defender un reino que sabían que podía ser mucho mejor.

Nos toca a los ciudadanos plantarnos y protestar: protestar por la escasez y la inseguridad, por la creciente censura a los medios de comunicación, por la violencia contra los que pensamos diferente, por los abusos de poder que se siguen consumando no solo desde el Ejecutivo, sino también desde la Asamblea Nacional y desde el Poder Judicial. Es necesario dar la cara como ciudadanos amantes del orden y de la paz, pero sobre todo, es necesario salir a votar el 8 de diciembre, como forma de demostrar una vez más, que a pesar de todos los abusos, somos y seguimos siendo mayoría.

22 de noviembre de 2013

viernes, 18 de octubre de 2013

Muertos con nombre y apellido

Una cosa es leer la prensa el lunes y enterarse de cuantos muertos hubo este fin de semana (aunque ahora no publican las estadísticas, pues son los números los que generan la violencia), y otra muy distinta es llegar a la oficina y enterarse de que la noche anterior mataron al motorizado de la empresa en su casa, frente a su esposa.

¿Qué pasa en este país, a quién se le ocurre entrar a asaltar una casa en La Pastora, pobre robando a pobre? ¿Qué le podían quitar, si ya ni moto tenía?  Las primeras reacciones inconscientes son las de siempre: buscar alguna razón por la que lo mataron. Algo habrá hecho, se dice uno a sí mismo, tratando de explicar lo inexplicable. Porque en el orden de la vida, ese orden que aprendimos de nuestros padres y de nuestros abuelos, las cosas sucedían por algo. A fulano lo pusieron preso porque mató a un individuo, independientemente si tuvo razón o no, eso solo atenuaba la sentencia o matizaba la culpa, pero el hecho en sí estaba ahí.

Pero las cosas ya no funcionan así. Hoy en día los malandros no tienen paz con la miseria, como diría mi bisabuela. Matar es cómo jugar un video-juego: no importan razones, los que matan están como anestesiados, como si no sintieran ni el ruido de las balas, ni el grito de la víctima, o el de los que la rodean. Es más fácil salir a robar un domingo en la noche que buscar trabajo el lunes en la mañana, sobre todo si lo que prevalece es una total impunidad.

Sobre mi escritorio todavía está una figurita de esas que se entregan como recuerdo en una fiesta: una novia sujeta sus flores, mirando tiesa y arrobadoramente a un apuesto novio en traje de etiqueta. La tarjetica en forma de corazón decía algo así como “María y yo nos casamos el once de febrero, regalos en dinero bienvenidos”. No era su primer matrimonio, tenía un hijo ya grande, pero se le veía feliz, diferente. No era el tipo amargado de años anteriores, cuando militaba en la revolución bonita e iba todos los días a coger línea a la casa del líder de la cuadra, para llegar a la oficina con cara de guerra.

Una vez nos contó la verdadera historia del terremoto de Japón: en medio de la consternación internacional por el tsunami y el terremoto, por el crack de la planta de Fukushima, se le ocurrió decirnos que eso había pasado por obra de los Estados Unidos.

–Sra. Angélica, esa es la purita verdad, los Estados Unidos tienen un laboratorio y hacen que eso ocurra.
–¿Quién te dijo eso?
–Un compañero del partido.
–Pero si fuese así, ¿por qué lo van a hacer contra Japón, que es su aliado? ¿Por qué no lo hacen contra Cuba, o contra China?
–Para no levantar sospechas, estaban probando la cosa…

Él realmente creía esas explicaciones, como creyó en lo bien que iban a estar cuando derrotaran a la burguesía, como creyó con fe inamovible en su presidente, que era “el único que quería a los pobres”.

Pero murió el comandante y las cosas comenzaron a desinflarse: las explicaciones tomaron el color oscuro de la realidad, de la violencia, de la inflación y de la escasez; darse cuenta de que los malos no son tan malos y los buenos no son tan buenos quizá fue su último pecado. A lo mejor tuvo una discusión con algún matón del barrio, alguna desavenencia, quizá perdió la protección de alguien, y cuando entraron en su casa a asaltarlo no pudo creer que eso le estuviera pasando a él, se paró del sofá donde veía la televisión abrazado a su nueva esposa y fue a la cocina a reclamar. La esposa alcanzó a oír el disparo y los gritos de los malandros que salieron corriendo. Quizá ella los reconoció, pero prefiere decir que no vio nada, pues tiene que seguir viviendo en esa calle, entre esos mismos tipos.

Hoy, uno de esos muertos de fin de semana se dibuja en un nombre y una cara conocida, que saludaba con respeto, con cariño. Me pregunto una vez más dónde quedó esa ciudad, ese país que llevo en el corazón y que no encuentro en ninguna parte…


@aalvaray

17 de octubre de 2013

martes, 1 de octubre de 2013

Caída en barrena

La situación que estamos viviendo en Venezuela es sin lugar a dudas muy grave. El sistema productivo está paralizado, la inflación desatada y el desabastecimiento no cede. Hay una sensación de caos, de estar ya traspasando otros límites, más allá de la falta de gobierno, de la corrupción, de la ineptitud. Varias personas señalan, no sin razón, que la situación es tan crítica que se parece a los días antes del caracazo, cuando el desabastecimiento y la falta de respuestas del gobierno desembocó en un estallido social, del cual solo cosechamos los muertos y el miedo a subir la gasolina, pues los políticos piensan que esa fue la causa y no el síntoma de un desarreglo mucho más profundo en la sociedad, que abarcaba a los transportistas en su afán por cobrar más allá de lo adecuado, a los empresarios acaparadores de la época y al gobierno que aupaba las marramucias de funcionarios corruptos, que se hacían con dólares de Recadi para venderlos en el mercado negro a diez veces su precio, sin importar si eso causaba desabastecimiento e inflación.
 
Ese cuadro, pintado así, se parece por supuesto
a lo que estamos viviendo, con la diferencia que hoy el empresario mayor es el Estado, es el dueño de las industrias, el que tiene los dólares para importar, el que controla toda la red de distribución de los alimentos –tanto la estatal como la privada–, es el Estado es el que controla puertos y aeropuertos –a través de una empresa mixta con el gobierno cubano–, puertos y aeropuertos por donde sale droga y entra mercancía vencida, comprada con dólares Cadivi para ser distribuida luego en esa red de alimentos y artículos de primera necesidad.

Lo más grave es la actitud enfermiza del gobierno, que pretende tapar lo que sucede con su doble discurso. Por una parte quiere controlar el mensaje: lo importante es que tenemos patria, lo que falta es mejorar algunos “detalles”. Trata de levantar su imagen ante el “pueblo”, reconociendo parcialmente que los problemas existen, están ahí. Pero la realidad es más terca que las intenciones. Apenas comienzan a tratar de cambiar el rumbo del Titanic, el innombrable se dispara, la escasez se acentúa, ocurre uno de los apagones más grandes de la historia, y continúan las protestas a nivel nacional: en las cárceles, en las industrias, los profesores universitarios, los médicos, los maestros, los obreros de Sidor, hasta los motorizados.

Entonces aparece la otra cara del gobierno: la represión. Bajo esta cara temible y oscura el gobierno viene haciendo lo posible para tomar mayor control de todos los aspectos que siente sueltos dentro de esta “democracia”: Asfixia a universidades y centros educativos; amordaza a los medios de comunicación –a través de compras efectuadas por testaferros opacos, cuyo capital es de dudosa procedencia, de cadenas contínuas y con el ya anunciado “Noticiero de la Verdad”, que será de obligatoria transmisión en horario estelar por todos los canales–; mantiene amenazas de expropiación a empresas, sean estas de alimentos, clínicas privadas, supermercados o colegios y continúa la estrategia de criminalización de la oposición. Como hecho reciente la semana pasada el CICPC encerró e interrogó durante horas a los expertos en el sector eléctrico, por el pecado de haber opinado sobre las causas del apagón que hubo hace unas semanas, acusándolos de saber “demasiado”, pues la tesis del gobierno es que hubo sabotaje.

Ni el discurso de eficiencia ni la represión han funcionado para volver a echar a andar la economía, el aparato productivo no se arranca como quien empuja un carro para que prenda: la persona que está al volante tiene que saber manejar, y aquí parece que no solamente no saben sino que a nadie le interesa. Se trata de seguir dándole palos a la piñata, exprimir un poco más el fondo chino para pasar el rubicón de las elecciones de diciembre y después será salvese quien pueda.

Este gobierno hizo aguas hace rato y el país cae en barrena. La única forma democrática de cambiar el rumbo es lograr una mayor organización en las fuerzas de oposición para asistir en masa a las elecciones de diciembre. No podemos dejarnos amedrentar, no debemos dejar de opinar. Cualquier otra salida puede ser lamentable.

29 de septiembre de 2013