Las palabras griegas, que nos han dado tantas raíces, nos prestan a kalós, bello; éidos, imagen; scopéo, observar; para formar el Kaleidoscopio que es cambio, imágenes dinámicas, diferentes, impresiones personales sobre el mundo.








sábado, 16 de julio de 2011

De ausencias y retornos

Un amigo madrileño me dijo, medio en broma, medio en serio, que tenía que ponerme las pilas, pues si Chávez no estaba, no iba a tener de qué escribir. La ausencia-aparición del presidente puso en evidencia el peso de esa figura en la vida cotidiana; nos hemos acostumbrado a pensar permanentemente en él, a favor o en contra, para hacer o deshacer. Parecemos niños en un salón de clase, sentimos la presencia omnipotente del maestro que se pasea por los pupitres, con las manos agarradas a la espalda, mirando por encima del hombro a ver si están bien hechas las sumas, a ver si la letra tiene la caligrafía correcta.

Este asueto ha servido para reflexionar, para imaginarnos justamente lo que va a pasar a partir del 2012: una Venezuela sin Chávez en el gobierno. Ese es el escenario que tenemos que definir, hacia donde debemos dirigir nuestros esfuerzos. Áreas sobran, problemas tenemos a borbotones, lo que nos falta es una estrategia clara de qué es lo que vamos a hacer, cómo lo vamos a llevar a cabo y quiénes vamos a participar. Imaginarnos el escenario del día después, trae como consecuencia pensar en qué queremos mantener, qué vamos a rescatar y qué cosas vamos a construir nuevas, diferentes.

Lo primero es reaprender a valorar el conocimiento técnico, el trabajo en equipo y el liderazgo compartido. Tenemos demasiado tiempo ─demasiada historia─ de caudillos que todo lo saben, que ponen a cualquiera al mando de las empresas, de los ministerios, con la única recomendación de la obediencia, de la supuesta fidelidad al gobierno de turno. La clase de problemas que tenemos requiere, para solucionarlo, líderes con capacidad técnica y con entusiasmo para llevar a cabo los cambios necesarios. Eso significa que ese líder no sea, como hasta ahora, denominado solo por partidos, sino que se seleccione el más apto, el que mejor convenga, mediante concurso si hace falta. Especialmente en las áreas de energía, de infraestructura y de tecnología, donde no se puede seguir improvisando.

Tanto los grandes temas sociales ─la salud, la vivienda, la educación─, como los de política interior ─la justicia, el manejo de las cárceles, la seguridad─, han tomado tal complejidad que seguramente van a hacer falta equipos de expertos no solo a nivel nacional sino internacional, para diseñar soluciones especiales que requiere este país en emergencia.

La incorporación de los jóvenes es materia pendiente, pues son ellos quienes hasta ahora han estado marcando el camino, quienes han demostrado fuerza, ganas para cambiar las cosas y la intuición de qué es lo que se necesita en este nuevo país que estaremos construyendo.

La naturaleza del reto que tenemos por delante necesariamente llama a que cada quien tome responsabilidad sobre su parte para lograr el cambio. Dejaremos atrás estos tiempos de gravitación de una sola figura, todopoderosa y omnipotente, y pasaremos a decidir responsablemente qué es lo que vamos a hacer como sociedad. Tenemos mucho trabajo, mucho que hacer, para seguir dando vueltas alrededor de un presidente que ya tiene sus días contados en el ejercicio del poder.


Caracas, 14 de julio 2011

miércoles, 4 de mayo de 2011

Un mundo feliz

Será la lluvia que cae, infinita, una cortina de agua que va borrando los días, las semanas. O los alimentos podridos que todavía se guardan en almacenes, o se queman a escondidas. O los cortocircuitos causados por el vaivén de la luz, que hace titilar no solo la televisión o los aparatos electrodomésticos, sino que borra la memoria. Será que estamos agobiados por el bombardeo incesante de noticias importantísimas, que no duran más de veinticuatro horas, que nos roban la energía como los vampiros que chupan la sangre y luego remontan por los aires para colgarse a descansar en algún rincón oscuro, sonriendo felices.

Será esa la felicidad a la que se refieren en esa encuesta, la que sienten algunos al ver el tropel de gente que, como fantasmas sin fuerzas, remonta cuesta arriba las escaleras del metro, parado por enésima vez dentro de los túneles. O cuando ven cómo cruzan las calles en hordas, buscando busetas o algún medio de transporte que los lleve chapoteando hasta sus casas, mientras ellos se soban la tripa llena y se recuestan en su poltrona de cuero a firmar cheques de dinero ajeno.

O será el olvido que nos causa la embestida permanente de robos y secuestros, de amenazas y gritos que ya no queremos escuchar, pues no podemos procesar.

Entonces preferimos recordar los momentos de abrazos cariñosos y comidas familiares, de escapadas a la playa con el bikini en la cartera y unos realitos para la cerveza, preferimos aprovechar los pocos instantes de un sol que se la pasa escondido entre la lluvia, ese sol que borra todo y nos hace añorar el calor de la tierra y de los amigos, las risas, la música, las ganas de vivir.

Y con ese recuerdo en la cabeza decimos que somos felices, aún cuando la felicidad está solo en el recuerdo, en lo que pensamos que somos aunque solo sea pasado. O quizá decimos que somos felices porque vemos alegría en el futuro, porque tenemos la esperanza de cambiar las cosas, de construir nuevas realidades, que no serán iguales a ese recuerdo, pero serán también nuestras, diferentes al presente de odio y de violencia, que algunos todavía se atreven a llamar felicidad.


3 de mayo de 2011

P.D. El mes pasado salió publicada una encuesta Gallup, donde Venezuela quedó como el quinto país más feliz del mundo...

viernes, 25 de marzo de 2011

La cruzada estudiantil

Veo la imagen de uno de los estudiantes que se cosió la boca para demostrar así que no está haciendo trampa en la huelga de hambre y me pregunto de inmediato: “¿hubiera tenido yo la valentía de hacer lo mismo en ese caso?”. No sé, tengo sentimientos encontrados.

Por una parte, sigo pensando que la huelga de hambre, así como el paro petrolero y otros tipos de huelga, son medidas extremas a las que hay que recurrir con mesura, con una meta muy concreta a lograr y cuando todos los otros recursos se han agotado. Pero por otra parte, sé que en este país en el que vivimos las instituciones están secuestradas por el gobierno y se niegan a atender los casos de violaciones de derechos humanos, de incumplimiento de contratos colectivos, de revisión de acuerdos y de leyes, en fin, de todo lo que para ellos huela a oposición, pues según el gobierno, estas protestas forman parte de una operación para desestabilizar al país.

Entonces, ¿cómo lograr que el gobierno reaccione, o que el país reaccione y exija sus derechos?

Estos muchachos han iniciado una cruzada. Tienen ya casi un mes en huelga y están dispuestos a llegar hasta el fin. Así lo han declarado a los medios, así lo han demostrado haciendo cosas como coserse la boca. Y los partidarios del gobierno lo único que saben hacer es montarles una parrilla frente al sitio donde hacen la huelga, o utilizar la televisora del Estado para tratar de descalificar sus acciones, a través de discursos infamantes y videos engañosos, o reírse como hienas en programas de humor denigrantes. Especialmente lamentable es el caso de la ministra Córdova, que intenta descalificar la acción de los estudiantes diciendo que están siendo manipulados, como si fueran títeres o focas, cuando justamente lo que están demostrando es independencia de criterio y valentía en sus decisiones.

La huelga de hambre en Venezuela ha cundido como medio de protesta casi único. La sordera y la desidia de las instituciones, la posición lamentable del Ejecutivo, incapaz de tomar decisiones en ninguno de los sectores si no son bendecidas por el jefe máximo, la indecisión de los sectores políticos y el marasmo de la sociedad civil ha llevado tanto a individuos como a gremios organizados a utilizar una forma de protesta extrema como la única manera para lograr ser escuchados.

Vemos en la prensa que durante el 2010 se hicieron 105 huelgas de hambre, y en lo que va del 2011 están contabilizadas más de 35, lo que está prendiendo luces de alarma en las instituciones internacionales de Derechos Humanos. Enfermeros, obreros, personas que luchan por sus derechos como empresarios o trabajadores indistintamente, utilizan la huelga de hambre en forma parcial o, como este caso de los estudiantes, en forma ya extrema, para solicitar un presupuesto justo a las universidades autónomas de todo el país.

Durante la huelga anterior los estudiantes lograron liberar a varios de los presos políticos. En esta, han logrado que aumenten las becas estudiantiles, homologándolas con las que otorga el gobierno a las universidades “revolucionarias”. Han logrado también promesas de mejoras en los servicios de transporte y el comedor estudiantil. Pero no quieren levantar la huelga, pues falta lo más grueso de sus peticiones: el compromiso serio de aumento del presupuesto universitario para el mejoramiento de las condiciones laborales de obreros, empleados y profesores.

Tristemente ya tenemos una primera víctima de huelgas de hambre, a quien no debemos olvidar: Franklin Brito. Ojalá tanto el gobierno como la dirigencia estudiantil se sienten de inmediato a negociar una salida a esta crisis, pues no es con muertos como queremos construir nuestro futuro.


25 de marzo de 2011

viernes, 18 de febrero de 2011

Barry, John Barry

Su tarjeta de presentación era la música del agente 007. Sean Connery no hubiera sido el mismo sin los temas que Barry compuso para Goldfinger, Doctor No, De Rusia con amor, Solo se vive dos veces; o sin su arreglo maravilloso del tema principal de James Bond, ese cuya autoría causó controversia, pero que sin duda también era en parte suyo.

Descubrí a John Barry por casualidad hace ya algunos años, cuando compraba música en un centro comercial y tenían puesto el tema de la película Somewhere in Time. Compré el disco y me dí cuenta que era uno de mis músicos anónimos preferidos, anónimo porque confieso que me cuesta mucho quedarme leyendo los créditos después de que se termina una película, no tengo la disciplina de averiguar qué pieza, quién toca, cómo se llama el autor. Así que cuando tuve el CD en mis manos, resultó una alegre sorpresa saberlo compositor de otros temas hermosos, como el de Out of Africa o Danza con Lobos.

Estoy segura de que Robert Redford y Meryl Streep no hubieran disfrutado igual su viaje en ese avión amarillo, sobrevolando los paisajes de África, ni las garzas rosadas se elevarían con tanta elegancia, ni las montañas se verían tan majestuosas, o las llanuras tan anchas, sin la música de Barry al fondo.

Hace un par de semanas leí en la prensa sobre su muerte. Admiradora de su música como soy, quise recordarlo en esta columna e invitarlos a escucharla conmigo, antes de volver a guardarla en mi Ipod, en la lista de cine musical que comparte con Morricone y su Cinema Paradiso y con el tema inolvidable de Candilejas.


Out of Africa
http://www.youtube.com/watch?v=q_fAEdw7ts0

Somewhere in time

http://www.youtube.com/watch?v=rf8C_fkEXqQ&feature=related


El tema de Goldfinger y James Bond

http://www.youtube.com/watch?v=DLh8oDnWHHw


17 de febrero 2011

lunes, 7 de febrero de 2011

Casa por cárcel


“La justicia se convirtió en antes y después de mi detención.”
María Lourdes Afiuni

Maria Lourdes Afiuni Mora releyó por tercera vez el expediente que estaba encima de su escritorio. Respiró profundo y mandó a llamar a los funcionarios correspondientes. Había tomado una decisión que sabía iba a ser polémica, aún cuando estuviera totalmente apegada a derecho. Quince minutos después de anunciarla, fue apresada por los mismos funcionarios que custodiaron al empresario a quien acababa de dejar en libertad condicional.

La jueza 31° de Control de Caracas nunca se imaginó que las consecuencias de su decisión serían tan graves, no solo para ella, sino para el ejercicio equilibrado de la justicia en Venezuela. Fue condenada por el propio presidente de la república durante un programa de televisión, desde donde éste exigió la pena máxima de 30 años para la jueza, por supuesta corrupción y abuso de autoridad.

“Cuando uno ejerce la función de juez y lo hace por convicción, por carrera judicial, uno puede tomar decisiones de acuerdo a nuestras leyes, nuestra Constitución y nuestros tratados internacionales. Me parece increíble que la norma sea lo contrario”. Con estas palabras, la jueza María Afiuni trataba de explicar a periodistas internacionales lo que pasó en su caso, cuál fue la motivación de su decisión, consciente de las consecuencias que pudiera tener.

Mantener sus principios como profesional le ha valido más de un año de cárcel, lleno de atropellos y violaciones a su persona y al debido proceso en su juicio. Para empezar, la pusieron presa en el INOF, una cárcel de mujeres donde ha tenido que convivir con internas de alta peligrosidad, incluyendo muchas a quienes ella misma había mandado a la cárcel, lo que le ha significado amenazas continuas e incluso agresiones físicas. Esa misma situación le ha impedido ver a su hija con la frecuencia que hubiera querido, a fin de protegerla de posibles maltratos.

Durante meses le negaron el tratamiento adecuado a su salud, que comenzó a deteriorarse aceleradamente, presentando estados de depresión y ansiedad. Al advertir varios quistes cerca de la axila, sus familiares solicitaron su traslado a un centro médico especializado. Meses después, cuando finalmente la trasladaron, tuvo que hacerse la mamografía en presencia del teniente y de los guardias nacionales que la habían acompañado al consultorio. No contentos con eso, los efectivos militares pretendían ingresar durante la realización de la citología, a lo que afortunadamente el médico tratante se negó.

El caso de María Afiuni ha sido denunciado en instancias internacionales, no solo por lo grave de sus circunstancias personales, sino por lo que significa la ausencia de garantías en el ejercicio de la justicia como poder independiente en una democracia. Hay incluso una solicitud de liberación inmediata de la jueza, aprobada por la ONU y enviada al ministerio público venezolano, la cual reposa seguramente con otras cartas similares en el escritorio de alguien que no se atreve a tomar alguna decisión diferente.

Gracias quizá a esta presión nacional e internacional, a las diligencias de los abogados y de sus familiares, al propio deterioro de su salud y quizá también a que algún funcionario anónimo logró convencer a su autoridad inmediata de la conveniencia de suavizar las condiciones en las que la mantienen presa, esta semana dictaron sentencia de casa por cárcel, mientras espera que avance su proceso penal. Pesa sobre ella la prohibición de hacer declaraciones a medios nacionales o internacionales, coartando así otra de sus libertades, la libertad de expresión.

Aún cuando esto no significa que se esté haciendo justicia, al menos en el futuro próximo no tendrá que sufrir el maltrato diario en la cárcel de mujeres. En cualquier caso, sirva esta nota para hacerle llegar mi admiración por su valentía y mi solidaridad como profesional, como madre y como mujer.

4 de febrero de 2011

viernes, 21 de enero de 2011

Un discurso de unidad

En días pasados vimos al presidente Obama dar uno de los mejores discursos de su carrera: el que le dedicó a las víctimas del tiroteo ocurrido en Tucson, Arizona, el pasado 8 de enero. Ese día un joven de Arizona sacó una pistola y atacó a un grupo de personas que estaba reunido en torno a la congresista Gabrielle Giffords, matando a seis e hiriendo a otras trece. La congresista ejercía lo que ella misma había denominado: “Congress in your corner” (el Congreso en su esquina), una forma de llevar los debates a la calle, para recibir directamente la opinión de la gente común.

El hecho desató una fuerte polémica durante los días posteriores a la masacre, donde personalidades de diversas posiciones se acusaban unas a otras de propiciar hechos violentos, de no ejercer mano dura contra el fanatismo, de no realizar controles suficientes a los portadores de armas. Ante este recalentamiento del discurso político y social, Obama se hizo presente en la ciudad de Tucson, visitó a los heridos y fue el orador principal en el funeral de las víctimas.

Sus palabras fueron de inclusión desde el principio. Empezó validando las dudas de todos, la necesidad de exigir explicaciones y de tratar de imponer orden al caos, para luego sugerir una reflexión personal al debatir con alguien que no tiene nuestro punto de vista: “En estos tiempos en que nuestro discurso se ha polarizado agudamente, en que estamos demasiado ansiosos de culpar a aquellos que piensan en forma diferente a nosotros por todo lo malo que pasa en el mundo, es importante que hagamos una pausa por un momento y asegurarnos que estamos hablando entre nosotros de manera de curar y no de herir”.

Esa frase retrata lo que está pasando no solo en los Estados Unidos, sino en muchas partes del mundo. El discurso polarizado divide a las poblaciones, remueve resentimientos, agita pasiones y las hace volcarse hacia la agresividad y la violencia. Esa manera irresponsable con la que muchos líderes culpan a sus oponentes de todo lo que pasa, pasó o pueda pasar, sin que cada quien asuma su propia responsabilidad en los hechos, impide ver soluciones que pudieran estar a la mano y trabajar en equipo para lograrlas.

Obama coloca la discusión y la búsqueda de soluciones en la persona, en el ciudadano común, en la pequeña comunidad; mueve a que cada quién piense qué puede hacer en lo personal para cambiar las cosas: “A lo mejor no podemos detener lo malo que pase en el mundo, pero el cómo nos tratamos los unos a los otros está enteramente en nuestras manos”.

Lo primero, por supuesto, es observarse a sí mismo. Cómo trato a las personas que piensan diferente a mí: en la calle, en mi trabajo, en mi familia. No se trata solo del ámbito político. Se trata de ejercer la democracia como un valor social, familiar, personal. Estamos acostumbrados a líderes que para ganarse adeptos culpan a los que piensan diferente y llaman a la guerra, a batallas, a triturar al enemigo. O a que usen las tragedias como la emergencia de las lluvias para seguir haciendo proselitismo político a costillas de las víctimas, o para seguir esperando cosas del gobierno sin tomar cartas en el asunto.

¿Cuántas familias nuestras están divididas por esa polarización desesperante? ¿Cuantas veces hemos hecho ese ejercicio de reflexión, de entender que somos una sola cosa, un mismo país, que si se hunde el otro yo también me hundo? La verdadera unidad vendrá cuando entendamos como sociedad que tenemos que tener una sola visión, un set de valores comunes, un proyecto de país que vaya más allá de quien está temporalmente al mando. Porque ese proyecto tiene que estar por encima de todos, por encima incluso del líder del momento.

El hecho de arrancar este año con una nueva Asamblea Nacional más plural, es un motivo de esperanza. Aprenderemos otra vez a convivir en un mismo escenario, lo que parece que se nos había olvidado. Comienzan a verse programas de opinión con diversas toldas representadas, hablando cada una sobre sus ideas y por primera vez en años, el presidente tuvo que hablar en un espacio donde estaban todas las tendencias, no solo sus seguidores.

El proyecto país es lo que debemos debatir en esa nueva Asamblea y llegar a consensos en los grandes temas, sin que sea necesario aniquilar a una parte de la sociedad para que otra sobreviva. Podemos cuestionar las ideas que cada quien expone, pero sin poner en duda el amor que cada uno tiene por el país. El ejercicio de la empatía, un ejercicio difícil, pero que está en manos de cada uno de nosotros.

21 de enero de 2011

jueves, 9 de diciembre de 2010

Woman

A las once de la mañana toma la limusina en Riverside Drive, que la conduce, después de varios rodeos, hasta el Dakota Apartment Building. Al llegar, se sube el cuello del abrigo de piel y se cubre la cara con unos lentes de sol amplios, que le tapan los ojos, las cejas y la mitad de los pómulos, antes de salir de la limusina.

Camina rápido para alejar a posibles curiosos, que son cada vez menos. La brisa decembrina sopla calle abajo, llevándose las últimas hojas del otoño. Se para un momento para encender un cigarrillo, y tras la primera bocanada viene el recuerdo. Mañana se cumplen treinta años de su muerte. Todavía hoy repasa mentalmente sus movimientos, los de él, sus conversaciones previas.

Él tendría setenta años recién cumplidos, siete menos que ella. Quién sabe cómo hubiera envejecido, si sería igual de buenmozo o si la piel de las mejillas se le habría caído, flácida, haciendo una papada como la de los pavos de navidad. Gracias al asesino, su imagen quedó congelada, siempre joven, siempre optimista.

Ella, tiene que admitirlo, se ve mejor con los años. En las fotos que todavía le toman, cuando algún paparazzi curioso la logra captar sin gorro y sin lentes, aparece como una máscara a la que los años no tocan ni marchitan. Ella misma siente como si el tiempo no hubiera pasado, como si se hubiera quedado congelada en esa noche de diciembre, cuando oyó los disparos en la puerta de la casa.

Aspira una larga bocanada y deja que le invada la boca, los pulmones, la mente. El día anterior habían peleado. Cada vez lo hacían con más frecuencia. Ella no quería pensar que se enfrentaba a otro “fin de semana perdido”, como cuando se separaron hacía ya varios años, pero él estaba lejano, distraído, y eso la preocupaba. Esa mañana estaban distantes. A las diez tendrían una sesión de fotos para una revista y eso la tenía molesta. Tendría que aguantarse una vez más las descalificaciones directas o veladas: “mejor tú solo” o “ella no hace falta”, que le susurraban los fotógrafos, hombres o mujeres. Fue él quien insistió que ella debía estar también en la portada, y fue tan firme que se negó a posar hasta que la fotógrafa no tuvo más remedio que ceder.

Ella estaba totalmente vestida de negro, y su pelo larguísimo quedaba como una gran manta extendida sobre la cama. Entonces él, sorpresivamente, se desnudó y se acostó encima de ella, acurrucándose como un bebé gigante, guindado como un mono de su cuello, y comenzó a besarla. Su actitud la desconcertó, pero no se atrevía a moverse, no quería echar a perder las fotos. No sabía si él lo hacía para pedirle perdón, para demostrarle una vez más su amor, o sencillamente porque eso fue lo que le provocó en ese momento.

Woman, I can hardly express
My mixed emotions at my thoughtlessness
After all I’m for ever in your debt,

Posaban y al fondo se escuchaba su último disco, que la fotógrafa había solicitado para “entrar en calor” en su trabajo. Cuando sonó Woman, la canción que él le compuso, ella no pudo contener las lágrimas, que comenzaron a rodar por su sien, entre los cabellos. Logró controlarse, mientras lo acariciaba levemente con su mano izquierda, pero la canción se le quedó grabada como una pista indeleble, repitiéndose en su cabeza a lo largo de los años como un eco permanente:

And woman, I will try to express
my inner fillings and thankfulness
For showing me the meaning of success

Ella era una mujer madura, divorciada, que sabía lo que era la angustia y la soledad del artista. Un día lo vio en una fiesta rodeado, como siempre, de cientos de mujeres. Era alto y hermoso. Con un cutis blanco transparente y la nariz más grande que ella hubiese visto. Estaba vivo. Eso fue lo que la cautivó. Estaba vivo y quería seguir viviendo. Hablaba con pasión, movía las manos, sus ojos saltaban de un lado a otro del salón. Él la vio y su mirada siguió de largo, como si no existiera. Después de todo, ella era más bien fea, de pómulos altos y pelo negro lacio que le tapaba la mitad de la cara. Con una minifalda blanca que mostraba unas piernas flacas, sin gracia. Con el cutis lleno de cicatrices viejas de acné juvenil, la nariz ancha, la boca recta. Pero sus ojos, solo sus ojos mostraban su fuego interno.

No fue en esa fiesta que quedaron, ni en la siguiente. A ella le costó entrar en su entorno. Fue cerrando el círculo, entendiendo sus gustos, sus intereses. Tuvo que usar todas sus influencias ─después de todo, ella venía de la aristocracia japonesa─, hasta inventar un concierto en Tokio para poder acercarse.
Woman, I know you understand
The little child inside the man
Please remember my life is in your hands

Y sus miedos, pudo intuir sus miedos. A pesar de la fama, de la gente que lo rodeaba, él le tenía pánico a la soledad. Ella supo meterse por esa grieta para acompañarlo, para darle seguridad, para hacerle creer que su vida estaba en sus manos. Ese era el niño que tenía encima de ella, desnudo, besándola.

Sigue fumando y vuelve la cabeza hacia su casa, hacia la puerta del Dakota donde ocurrió todo esa noche. Su cara cambia: tensa la mandíbula, tiemblan los labios, contrae los párpados conteniendo lágrimas inexistentes, lloradas hace ya demasiado tiempo. Solo queda el gesto, el recuerdo recurrente.

Esa pelea final dentro de la limusina, esa discusión doméstica, quedó suspendida en su cabeza, indeleble. Sus celos le reclamaban que para donde iba, que qué iba a hacer esa noche. Él insistía que era una cena de trabajo, más nada. Pero ya habían pasado por eso. Una cena de trabajo le dijo él que era Susan, una cena de trabajo también había sido ella, al principio.

Woman, please let me explain,
I never meant to cause you sorrow or pain,

La colilla del cigarrillo quemó los guantes. La bota y camina hacia el parque. Por la entrada de Central Park West, un poco más abajo, está Strawberry Fields Memorial. Quiere verlo antes de que se llene de gente. Mañana volverá a agitarse el avispero de periodistas y curiosos sobre su casa, sobre su vida y la de su hijo.

El Memorial tiene siempre flores que rodean la palabra Imagine, haciendo un símbolo de la paz. Sopla una brisa fría, que hace titilar las velas de la noche anterior. Se sienta en los bancos de madera que están al frente, a mirar la lápida de mármol, sencilla, limpia. Allí no están sus cenizas. Ella no quiso funeral, ni tampoco enterrarlo en un sitio público. Las tiene en su cuarto, en un cofre que está encima de la cómoda, frente a la cama. No se atreve a guardarlas, ni a cambiarlas de posición. Tampoco quiere echarlas en el parque, ni en el mar. En el fondo, solo espera.

Porque el tiempo se había detenido esa noche, esa noche en la que ella salió de la limusina pegando un portazo y él quedó un poco más atrás, como indeciso si seguirla. Ella caminó hasta la portería y en la entrada se detuvo a encender un cigarrillo. Quería tranquilizarse, no podía seguir discutiendo, eso solo empeoraría la situación. De repente, escuchó los disparos, uno tras otro, hasta contar cinco. Tardó en reaccionar, en darse cuenta que los disparos eran allí, en la entrada de su casa. Cuando salió logró ver al desconocido que soltaba la pistola mecánicamente y que era maniatado por el portero. Le temblaban las piernas.

John había caído frente a la entrada del estacionamiento. Lo vio en el piso, su sangre empapaba el abrigo y comenzaba a regarse por la acera. Sintió que los brazos se le habían desmayado, trató de de gritar y no le salía la voz. Miró a todas partes, no sabía qué hacer, cómo pedir ayuda. Oyó los gritos de terror de los fanáticos que siempre estaban afuera, los gritos del portero dando instrucciones, el eco de los pasos de la gente en la calle, que llegaba corriendo a ver qué era lo que había pasado. Cuando al fin logró que sus piernas respondieran, fue a arrodillarse a su lado, le tomó la cabeza y le quitó los lentes, le pasó la mano por la cara suavemente y trató de acomodarlo en su regazo. Él trataba de hablar, pero ella le puso un dedo en los labios, le quitó los lentes llenos de sangre y le acarició la cara, repasando sus facciones con el dedo, su nariz grande, su piel blanca y transparente, sus labios pálidos.

En ese momento llegó la policía y dos hombres lo alzaron en peso para llevarlo al hospital. La gente lloraba, alguien la zarandeaba para que reaccionara, pero ella seguía así, impávida, sin moverse de la acera, con las manos heladas llenas de sangre.

So let me tell you, again and again and again
I love you, now and for ever

Lo último que recuerda es a una muchacha que lloraba y gritaba “I love you John”, el mismo grito que a ella se le quedó congelado en la garganta y que desde entonces deja salir en forma de humo todas las mañanas, frente al portal de ese viejo edificio Dakota en la calle 72, en Nueva York.

8 de diciembre 2010