Las palabras griegas, que nos han dado tantas raíces, nos prestan a kalós, bello; éidos, imagen; scopéo, observar; para formar el Kaleidoscopio que es cambio, imágenes dinámicas, diferentes, impresiones personales sobre el mundo.








martes, 19 de febrero de 2013

San Valentín revaluado


En esta época de devaluaciones, bien merece la pena hablar también de cosas que se pueden revaluar. El día de San Valentín, por ejemplo. Siempre he pensado que es uno de esos días creados para que la gente gaste en cosas innecesarias. Le tengo alergia a los corazones y a las tarjetas con flechitas de cupido, a los avisos titilantes con escarcha y a los festejos obligados, que supuestamente deben cumplirse cuando queremos a alguien, cuando estamos enamorados.

Esta semana, sin embargo, aprovechando mi estadía en Nueva York, salí ese día al concierto de una de mis cantantes preferidas: Jennifer Holliday. Jennifer es cuasi desconocida, comenzó su carrera como cantante en un coro góspel y de ahí saltó a Broadway para estrenar la primera versión del musical Dream Girls. Después de cuatro años seguidos con el rol de Effie, la fama lograda quizá demasiado temprano le cobró factura; a lo mejor no entendió el mundo de la farándula, lo cierto es que salió por la puerta de atrás de los camerinos con su vida personal destrozada, la salud delicada y la carrera tambaleando. Se perdió por años, sin saber muy bien cómo seguir adelante, intentando por momentos volver a los escenarios, pero sin rumbo, sin una estrategia.

Ahora, veintitantos años después, Jennifer vuelve a abrir las puertas de la música con su voz maravillosa, de la mano de un linaje de divas como Billy Holliday, Ela Fitzgerald, Sara Vaughan, Aretha Franklin, Diane Rievees y Whitney Houston. Nos regaló, con motivo del día de San Valentín, un concierto con las mejores canciones de amor en tiempo de Jazz y Blues. Sonaron entre otras My Funny Valentine, I am love, Come rain, come shine, Night in Tunisia y su gran versión de And I Am telling you, la que le valió un Grammy y su fama.

Todavía hoy, cuando escribo esta nota, resuenan las canciones, su sonrisa y sus lágrimas; su voz gruesa, flexible, entraba por cualquier resquicio y nos elevaba, nos mareaba, nos hacía volver una y otra vez al laberinto de las emociones, para salir tocado por la magia de la música bien interpretada, que nos llena, que nos hace vibrar y sentir que la vida vale la pena.


17 de febrero de 2013

viernes, 8 de febrero de 2013

Fe de vida


El mes de enero tiene sus rutinas incorporadas, eso de hacer el balance, los planes para el año que comienza, los exámenes de control, arranque de presupuestos y cierre de años fiscales. Para muchos, es también el momento de presentar la fe de vida, un requisito insalvable para los que están jubilados y reciben algún tipo de pensión.

Esa fe de vida, que para algunos es solo entrar en una oficina, saludar a las secretarias y quizá llevarles algún recuerdito, pasar al mesón donde está el cuaderno y firmar, para otros puede ser un via crucis. Sé de profesores que han tenido que ir aún cuando en ese momento estaban hospitalizados, con tapaboca y enfermera al lado, para firmar el cuaderno, con el objeto de no faltar a los plazos. No firmar es siempre un costo mayor, es entrar en una burocracia más allá de la institución que te otorga la pensión, caer en las garras del Estado que niega tu existencia aún cuando seas tú mismo quien te presentas a hacer todos los trámites.

Hay sin embargo una fe de vida que nadie pide, pero que se está tragando nuestra sociedad en una espera tensa, en un impasse que es aprovechado por el gobierno de continuismo para seguir con sus desmanes.

Hay un trámite que cumplir y que el gobierno no ha cumplido, está en falta. ¿Será mucho pedir que de el ejemplo? ¿Qué se cumpla con la ley? ¿Que no se comporten como los secuestradores de las FARC cuando niegan pruebas de vida del secuestrado a sus familiares? ¿Será que nosotros como sociedad no tenemos derecho a saber dónde estamos parados? ¿Será que vamos a quedarnos de brazos cruzados esperando, a ver hasta dónde estiran la cuerda antes de que se rompa?


7 de febrero de 2013

Memoria y cuenta




Cuesta arrancar el año con un piano de cola en los hombros, enero se nos presenta como un botón de muestra de lo que nos espera: en el ámbito ejecutivo padecemos de continuidad administrativa, en el legislativo se consolidan los grupos de poder, el sistema judicial hace cumplir las leyes solo de un lado de la balanza mientras el presidente firma cartas durante una ausencia no calificada para que los plazos no corran, para seguir en el limbo.

De pronto se hace necesario guardar las constituciones que tenemos bajo llave, pues no sabemos si la que se compre nueva, recién impresa, tenga el mismo texto que la que compramos el año pasado, no sabemos ya si lo que dice lo dice realmente, o le pasa como los periódicos que salen en Harry Potter, donde las fotos se mueven y los textos van hablando solos.

Para completar, la respuesta de la oposición ha estado teñida de desesperanza, de derrotismo, con ausencia de una protesta contundente en las calles.

Creo que es necesario detenernos un poco y volver a empezar, hacer nuestra propia memoria y cuenta. A la luz de los resultados electorales y de los últimos acontecimientos de enero, efectivamente estamos ante un panorama político difícil, una muralla sólida que no nos deja avanzar, pero algo podrá hacerse. Para empezar tenemos que estudiarla, buscar sus puntos débiles: ¿cuáles son? ¿Cómo podemos reorganizarnos y rediseñar estrategias? Hace falta entender la nueva realidad, las necesidades de la población, sus creencias y sus motivaciones. Este ejercicio lo debemos hacer no solo los políticos, sino las organizaciones de ciudadanos activos.

En este sentido el discurso de Ramón Guillermo Aveledo, llamando a mantener la unidad nacional y proponiendo unas líneas de acción, tiene varios aspectos que es necesario reafirmar. Por una parte está el grupo de acciones ligadas a defender y respetar la Constitución y los derechos de los venezolanos. En este sentido hay que idear y mantener formas de lucha ciudadana donde podamos participar, desde las asambleas ciudadanas hasta protestas creativas, denuncias y acciones que promuevan la discusión.

Por otra parte está la creación de nuevas referencias, la búsqueda de espacios para gobernar. Esta es una de las tareas más difíciles, en el corto y de mediano plazo. Tenemos que salir a buscar apoyos en el terreno municipal, dentro de la estrategia que enunció Aveledo de hacer un “Gobierno de Unidad Nacional, que tenga la calidad de vida de los ciudadanos y la lucha contra la pobreza como sus principales preocupaciones”. ¿Cuál es el modelo de vida que ofrecemos? ¿Cómo lo hacemos realidad? ¿Podemos “adelantar” algunos de estos resultados en los gobiernos regionales y municipales que vamos a tener? ¿Podemos mostrarlos como vitrina al resto del país? ¿Podemos lograr que nuestros diputados actúen en función de ese futuro?

Por último, es necesario que los partidos políticos reafirmen el compromiso unitario, no solo desde el punto de vista electoral sino de ejecución, y que la Mesa siga ejerciendo como el espacio de consensos, desde donde se convoque al resto de la sociedad para hacer de estas líneas algo viable.

31 de enero de 2013


jueves, 10 de enero de 2013

El nuevo orden



Dicen que año nuevo, vida nueva. Dicen también que, después de unas elecciones, viene un cambio en el gobierno, que los ministros ponen sus cargos a la orden, que el Presidente, o Gobernador, o Alcalde, reelecto o con el cargo por estrenar, se juramenta ante la Asamblea Legislativa correspondiente y comienza un nuevo gobierno, al menos en lo formal. Y dicen que La Constitución es el cuerpo de leyes que la sociedad en su conjunto está dispuesta a respetar, cuyo guardián en una democracia es, en última instancia, el Tribunal Supremo Judicial, o la Corte Suprema, o como se llame en cada país.

Aquí, en estas tierras desoladas, todo es diferente. La incertidumbre se hace presente en todos los ámbitos: el presidente sigue enfermo pero nadie informa si podrá tomar posesión  en algún momento o si solo estamos esperando un desenlace fatal. Está tan delicado que no puede venir a juramentar su cuarto mandato. Está tan enfermo que sus acólitos quieren retorcer lo que dice la Constitución para buscar los silencios, las omisiones que en cualquier otro país son lógicas: no dice que tiene que ser en Venezuela, puede juramentarse en una embajada, no dice que tiene que estar vivo, puede juramentarse su fantasma, su sombra, su espíritu que está con nosotros.
 
Los voceros aprovechan la palestra para insultar a la oposición, como si esta tuviera la culpa de la enfermedad del líder, como si el acto de juramentación el 10 de enero fuese un invento. Si hay alguien a quien culpar, es a ellos mismos, que desatendieron la condición del presidente y lo lanzaron en la cruzada de la reelección, agravando su estado y empujándolo a esta crisis.

Ayer, la presidente del TSJ, Luisa Estela Morales, dio la estocada final al tema de la juramentación que debía ocurrir el día de hoy: por argumento de continuidad administrativa no hace falta juramentarse, “no hay ni siquiera falta temporal del presidente”, dijo. Todo sigue igual, el país sigue esperando a que el presidente venga a tomar posesión en algún momento, “cuando pueda”.

Se le otorga un permiso por ausencia que no se califica de permanente ni de temporal sino todo lo contrario. Chávez reposa en una cama en algún hospital de La Habana y Venezuela entera sigue en el pasillo, esperando. No se toman decisiones, se postergan compromisos, desfilan ministros, diputados, presidentes de otros países para proclamarse “hijos de Chávez”. El canal del Estado nos inunda de propaganda, insiste en una campaña para convencernos de que todos somos Chávez. “Chávez soy yo”, repiten sus seguidores, llorando y abrazándose.

Sí, este nuevo año hay un nuevo orden. El aire de La Habana trae a Caracas un vaho que recorre todas las instituciones, destruye las estructuras y la legalidad hasta ahora tambaleante; el tumor maligno crece ya sin obstáculos, sin pudor. Nace una religión política con el hombre todavía en su lecho de hospital, oliendo a pus y a formol.

Nos toca, tanto a los líderes de la oposición como a los ciudadanos, revisar nuestras propias organizaciones y reanimar nuestras acciones de cara a estas nuevas realidades, para seguir en el camino de construir un espacio diferente.

(Escribo esto mientras oigo los Sukhoi sobrevolar la ciudad. El ruido de una guerra contra nosotros mismos).

Caracas, 10 de enero de 2013

martes, 11 de diciembre de 2012

Tres años de injusticia

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Hay aniversarios que son como latigazos, duelen, arden, retumban en la mente, en el cuerpo. A pesar de que las cosas a nuestro alrededor se mueven como en un torbellino, no podemos olvidarnos de esos hitos, no podemos dejar que pasen por debajo de la mesa.

Esta semana se cumplen tres años del encarcelamiento de la jueza María Lourdes Afiuni, ocurrido el 10 de diciembre de 2009. Este nuevo aniversario viene con el agravante de la entrevista publicada en el libro del periodista Francisco Olivares, donde la jueza denuncia que fue violada mientras estaba presa en las instalaciones del Internado Nacional de Orientación Femenina INOF. Según su relato, a consecuencia de la violación quedó embarazada, pero tuvo un aborto en la cárcel. Esta situación aparentemente fue notificada en un informe entregado directamente al presidente de la república, por una parte y a la ONU, por otra, pero no sucedió más nada.

Desde que el asunto salió a la luz pública hace unas semanas, el debate se ha planteado en torno a si es necesario que ella haga la denuncia o no ante la Fiscalía; se ha hablado de acusarla por difamación, se le critica por no haberlo notificado en el momento. El verdadero problema, sin embargo, es que si lo sucedido fue real, es necesario identificar y castigar a los culpables, además de tomar acciones para que este tipo de situaciones no sigan ocurriendo.

Puedo entender perfectamente sus razones para haber guardado silencio tanto tiempo: lo allí descrito era tan grave, tan dañino, que no podía volver a nombrarse. Más aún, atreverse a hablar estando todavía en manos del victimario, saber que éste puede volver a hacer daño en cualquier momento, saberse cada vez más vulnerable, sin posibilidades de salir, o de un juicio imparcial, es un estado de absoluta fragilidad. Una verdadera tortura. No puedo volcar en el papel las ganas de vomitar, el rechazo, la frustración, el horror al imaginarme la situación palmo a palmo. Recordé cuando le iban a hacer unos exámenes ginecológicos hace poco más de un año y los guardias querían quedarse en el consultorio, como si fuera un espectáculo gratis, como si ella fuese un animal, una vaca a quien llevan al veterinario, un caballo al que hay que cambiarle la herradura.

Lo sucedido con la jueza Afiuni revela una vez más la total impunidad del delito en Venezuela, la arbitrariedad del sistema judicial, donde los presos no están en manos del Estado, sino de otros delincuentes. Ojalá que su denuncia sirva para cambiar en algo ese entorno y que no pase lo que en la mayoría de los juicios por violación: la víctima aparece como culpable por usar falda corta o por ser bonita, en este caso por ser jueza dentro de una cárcel de mujeres, por estar condenada sin juicio, por haber sido acusada por el poder máximo y llevada a prisión sin el debido proceso.

Hoy escribo para expresar mi solidaridad con las mujeres y hombres que sufren maltratos en las cárceles, para denunciar, mientras podamos, que Venezuela no es una democracia cualquiera. Escribo sobre todo para unirme en apoyo a María Lourdes Afiuni, quien merece todo nuestro respeto y admiración.


Caracas, 10 de diciembre de 2012

lunes, 12 de noviembre de 2012

Un discurso inspirador



La semana pasada fue reelecto Barack Obama como presidente de los Estados Unidos. La contienda fue reñida, los temas que se discutieron eran álgidos, pues no solo se trataba de los planes de gobierno, sino de cuáles deben ser la visión y los valores del país en el siglo veintiuno. Vimos a algunos representantes del partido republicano hacer declaraciones ominosas sobre el aborto y los derechos de la mujer, en términos que parecían ser dictados por algún sacerdote de la Inquisición. Vimos al actor Clint Eastwood reclamarle a Obama en una silla vacía, todas las promesas incumplidas, como parecía que era el sentimiento de una mayoría de la población. Sobre todo vimos a un Obama ausente, como sentado en esa esa misma silla vacía durante el primer debate presidencial, cuando se discutieron los temas de la economía –el crecimiento, el desempleo, los impuestos y recortes presupuestarios– que son los que más preocupan a los norteamericanos.
 
Los resultados de la votación popular reflejaron la dificultad de esa pugna: 50% Obama, 48% Romney, fueron los últimos números. Un país dividido en dos mitades casi exactas en cuanto al número de votantes, pero totalmente diferentes en su composición: de un lado la población más conservadora, anclada en un pasado de éxitos, aferrada a una forma de hacer las cosas; del otro la diversidad de género, raza y cultura, la que busca cambios y cerrar brechas, alcanzar nuevos horizontes. Ante ese país dividido, se paró Obama al conocer su triunfo y llamó otra vez a la unidad de la nación.

El discurso de Obama fue excelente, un retorno a la gran oratoria del líder, a quien últimamente se le había visto pusilánime, dubitativo, casi aceptando una derrota inminente. Pero el triunfo lo envolvió en una bocanada de inspiración. Porque un líder no solo debe hacer, también y primordialmente debe inspirar, señalar la visión de país hacia la cual se moverá el conjunto. Y eso fue lo que hizo en su discurso.

For the United States of America, the best is yet to come. Con esa frase comenzó a enunciar ese país posible: acceso para todos a las mejores escuelas y los mejores profesores, un país líder mundial en tecnología, descubrimiento e innovación, generador de empleo de calidad, un país que no esté acosado por la deuda, ni debilitado por las desigualdades, que no esté amenazado por la capacidad destructiva de un planeta que se calienta. 

Por otra parte, reconoció que el pueblo norteamericano quiere resultados concretos y llamó al consenso entre republicanos y demócratas, para lograr dirimir los conflictos que hasta ahora han obstaculizado los cambios. Pero también llamó a la participación del ciudadano, como lo ha hecho en anteriores oportunidades: la democracia no se trata sólo de ejercer el voto, aunque las elecciones no son poca cosa, “consiste en saber qué podemos hacer todos juntos, mediante una labor tan frustrante y difícil, pero necesaria, como es el autogobierno”.

Ese tema de la participación activa del ciudadano es clave para la democracia del siglo XXI en cualquier parte del mundo. Hoy en día no se trata de salir a votar y luego sentarse en la casa a ver por televisión los resultados. Se trata del trabajo previo, o mejor dicho, del trabajo permanente. Se trata de qué estamos haciendo para mejorar la sociedad que tenemos, cómo estamos participando en un cambio. Con la democracia no solo vienen los derechos sino también las responsabilidades –nos recuerda Obama–, debemos manejar al país para entregar un legado seguro de aquí a veinte años.

Se trata entonces del presente y del futuro, de lo que estamos haciendo y de lo que podemos hacer en el colegio de nuestros hijos, en nuestra comunidad, en el trabajo, para que tengamos mejores oportunidades, para que nuestros hijos y los hijos de nuestros vecinos también las tengan. Nos hemos habituado a dejar a los políticos solos en esa tarea de cambio social, que debe ser una tarea de todos. Necesitamos buscar espacios para la participación, crearlos de ser necesario. Y seguir adelante con esperanza, que fue, por cierto, uno de los puntos finales de ese discurso:

“I have always believed that hope is that stubborn thing inside us that insists, despite all the evidence to the contrary, that something better awaits us so long as we have the courage to keep reaching, to keep working, to keep fighting”. (La esperanza es ese sentimiento tenaz dentro de nosotros que insiste, a pesar de la evidencia en contra, en que el futuro nos reserva algo mejor, siempre y cuando tengamos el coraje de mantenernos en la búsqueda, de mantenernos trabajando, de mantenernos en la lucha).

Es necesario buscar dentro de nosotros esa llama y salir a luchar, a insistir en que las cosas pueden ser mejor, a buscar un mejor destino. Nadie lo va a hacer por nosotros. En nuestro caso, en vez de buscar culpables de los resultados electorales, se trata de salir a acompañar a los candidatos en los que creemos, a meter el hombro. Y por supuesto, de salir a votar.


12 de noviembre de 2012

viernes, 2 de noviembre de 2012

Expropiado SIDETUR

 
Este año el día del ingeniero pasó por debajo de la mesa. La junta directiva del Colegio de Ingenieros celebró el día con la inauguración de una galería con fotos de los ex-presidentes del CIV y un mensaje insulso, que pudiera ser el mensaje de cualquier año, en cualquier sitio. Me pregunto si queda algún lugar donde se reflexione sobre cuál debe ser el desarrollo del país, dónde continuar las obras que se comenzaron el siglo pasado, las grandes represas, las fábricas, las empresas de minería o de siderurgia, esas obras que fueron realizadas por la ingeniería venezolana y que ahora están en grave peligro de extinción.

Sin ir muy lejos, el lunes 29 de octubre el Ministerio del Poder Popular de Industrias “procedió a la ocupación de los bienes muebles, inmuebles y bienhechurías que conforman las seis (6) plantas industriales y los quince (15) centros de recolección de chatarra propiedad de Siderúrgica del Turbio SIDETUR”, según reza en el comunicado de la empresa. Es decir, expropiaron SIDETUR, o mejor dicho, terminaron de expropiarla, pues el Decreto Expropiatorio tiene fecha del 2 de noviembre del 2010. ¿Y qué es SIDETUR?, se preguntarán algunos. ¿Y qué tiene eso de noticia?, se preguntarán otros, acostumbrados como estamos ya a los desmanes de este gobierno. Pues bien, el caso es que SIDETUR es la filial del Grupo SIVENSA encargada de producir acero y productos laminados para la construcción. SIVENSA es (o era, ya no sé cómo escribirlo) la empresa siderúrgica privada más grande del país, la primera empresa que coló acero en Venezuela, una empresa que se formó hace 64 años y hasta esta semana fue ejemplo de la capacidad de inversión y creación de valor agregado en Venezuela.


Mi primer trabajo como ingeniero fue en la industria siderúrgica. Me llamaron de SIDOR, a trabajar en su departamento de ventas de exportación. No me importó que en lo personal no me gustaran las ventas, ni que no sabía nada de la siderurgia y sus secretos milenarios, solo tenía un entusiasmo sin límites, iba a trabajar en la empresa más grande del sector y además tenía ese orgullo inculcado por mi padre –cuya larga carrera como servidor publico nos enseñó la dicha y la honra de trabajar para construir el bien común–, de ser empleada en una empresa pública. Todavía entonces se veía a la empresa privada como un mal necesario –sentimiento que se encargaban de subrayar en las universidades, no sé si hasta el sol de hoy–, pero no puedo negar que al conocer a SIVENSA de cerca, nuestro competidor más inmediato, sentí admiración por la excelencia de sus operaciones, por la motivación de sus trabajadores y por la belleza (sí, belleza) de su infraestructura.

El oficio del trabajador siderúrgico ha sido por siglos un oficio duro, sucio, donde los obreros e ingenieros se hunden bajo el polvo de hierro, los gritos se pierden en el trueno de la chatarra que se derrite, los calores del horno imponen condiciones extremas, difíciles. La gente que trabaja dentro de las acerías lo hace no solo por necesidad, debe haber sin duda una verdadera vocación. Las coladas de acero son un espectáculo magnífico: el horno es como una gran paila de acero hirviendo; los obreros, chefs en trajes de amianto y gorros de metal, que echan con palas los distintos ingredientes, gritan instrucciones y luego se apartan para que la grúa venga a buscar la cuchara metálica y lleve la colada hasta los moldes, donde se vierte cuidadosamente. El caudal de acero líquido emula al Caroní en el parque Cachamay, un líquido incandescente que cae lleno de fuerza, listo para transformarse en tochos de donde se forjarán los tubos, en palanquillas y planchones que serán autos, cabillas, hojalata para envases, vigas, en fin todo esos productos que conforman el entramado básico de un país.

En SIVENSA ese oficio parecía otro: las plantas estaban limpias, los alrededores de las oficinas tenían unos jardines extremadamente verdes, las personas parecían de buen humor. Pero lo más impactante para mí, lo que más me llamó la atención fue la motivación del personal: todos ellos se sentían que estaban trabajando para la mejor empresa, el esfuerzo y la excelencia de cada uno en su trabajo era realmente admirable. Desde el portero y la secretaria hasta cualquier ingeniero de planta, todos sabían cuántas toneladas se habían producido, si el barco había atracado y si estaban cumpliendo con los objetivos del mes. Nunca antes había visto un equipo de trabajo integrado alrededor de objetivos de producción como lo vi en SIDETUR, en FIOR y en Orinoco Iron, todas filiales de SIVENSA.

Al leer la nota de la junta directiva de la empresa no solo me lleno de desánimo por una (otra más) empresa que se cierra, sino que me pregunto qué pasa con los ingenieros. Me hace falta la voz de los ingenieros en este país, una voz que siempre fue respetada por su solidez técnica, por su mesura y por señalar los problemas y hacia dónde estaban las soluciones. No todo es política, o politiquería. No todo son elecciones y cargos. Hace falta también que hablen los técnicos, esa especie cada vez más en extinción en nuestro país.

Este año en el que el día del ingeniero pasó por debajo de la mesa, pasará también como el año en que el gobierno dio otro golpe más a la ya herida industria nacional.



1 de noviembre de 2012