Las palabras griegas, que nos han dado tantas raíces, nos prestan a kalós, bello; éidos, imagen; scopéo, observar; para formar el Kaleidoscopio que es cambio, imágenes dinámicas, diferentes, impresiones personales sobre el mundo.








viernes, 26 de septiembre de 2014

Linda

Como las buenas noticias ocurren poco, hay que aprovecharlas y mostrarlas al mundo en vitrina, porque también somos un país de cosas bellas. Linda Briceño, nuestra Linda, ha sido nominada en dos categorías del Grammy Latino. Y ¿quién es Linda? Se preguntarán.

En el bautizo de su disco TIEMPO, nominado al Grammy Latino
Linda Lee Briceño es cantante, trompetista y compositora. Su papá y su tío son músicos exitosos, cada quien en su terreno: Andrés Briceño es director de la Simón Bolívar Big Band Jazz, del Sistema Nacional de Orquestas y su tío Rolando es un gran saxofonista en los predios neoyorquinos. Linda creció alrededor de la música, probando instrumentos –la percusión, la guitarra, el teclado– hasta que se decidió por la trompeta y por la voz, ese instrumento tan maravilloso que todos llevamos por dentro.

Linda, My Funny Valentine, L.A Phillarmonic Orchestra.

Uno recorre internet buscando historias de Linda y consigue cosas bellísimas, como un concierto en NYC invitada con otros jóvenes a tocar con la Jazz Lincoln Center Orchestra, con Wynton Marsallis como anfitrión.

Linda con la Jazz Lincoln Center Orchestra y Wynton Marsallis


Con Arturo Sandoval
Hay otro más reciente, donde toca con Arturo Sandoval, ella visiblemente nerviosa, se baja el vestido, se acomoda el pelo, mientras que Sandoval la presenta entre cuentos y chistes, hasta que por fin toma la trompeta y se olvida del público y se concentra en sacar ese sonido dulce y sensual de su trompeta, de su voz.

En 2012 el Foro Económico Mundial le otorga el reconocimiento de Young Global Shaper, representando a Venezuela en la categoría de artista musical, por sus participación en el desarrollo de estrategias de empoderamiento hacia los nuevos artistas, especialmente músicos, para que ejerzan sus derechos como individuos creativos.

Este premio la ayudó a dar pasos cada vez más rápidos, cada vez más audaces en su carrera internacional. Fue invitada a tocar en Bahréin, luego en México y audicionó para varias universidades en Estados Unidos, siendo aceptada con honores en la New School of Music de Nueva York.

Con gran esfuerzo reunió el apoyo emocional y financiero necesario para salir del país, pues Linda nunca fue de las que quiere irse, su carrera siempre giró y gira alrededor de lo que pueda hacer para que la música en Venezuela siga brindando oportunidades a todos. Pertenece a esa nueva generación de músicos venezolanos –entre los que destacan Antonio Mazzei, Hana Kobayashi, Ana Carmela Ramírez y Gabriel Chakarji–, que están listos para comerse al mundo con sus propuestas.

Esta exitosa carrera de Linda tiene un solo punto negro, un señalamiento injusto que le impide volver a Venezuela en el corto plazo. Pero eso la ha motivado a seguir adelante con la frente en alto, sabiéndose en paz consigo misma, haciendo su camino con trabajo y perseverancia, y con mucho amor.

Y ahora, esta semana, ha sido nominada en dos categorías en los Grammy Latinos: Mejor álbum vocal pop tradicional por su disco TIEMPO (Best Traditional Pop álbum) y Mejor artista nuevo (Best New Artist).

No sé cuándo es la ceremonia de premiación. No sé quienes compiten en la misma categoría. Para mí, Linda ya ganó, y con ella, ganamos todos. Venezuela también tiene cosas bellas, cosas Lindas.


Del disco nominado, TIEMPO: Tú llegaste a mí


@aalvaray

25 de septiembre de 2014

viernes, 29 de agosto de 2014

El Ávila ya no basta

Regresé a Caracas después de algunos meses fuera. Ya pasaron las barricadas, las protestas, las bombas lacrimógenas y los tiroteos, los incendios y los gritos; quedaron los muertos, los presos y una amargura espesa en el aire. Caracas respira una calma aparente, la gente huye de vacaciones o se esconde detrás de la rutina, baja los ojos para no ver la basura que se amontona en cada rincón de cualquier municipio, espera con resignación en las colas ya habituales para comprar carne, medicinas, Harina Pan o aceite. No se comentan los secuestros, ni los muertos del fin de semana, la realidad consiste en la versión oficial de lo que sucede, los medios no hacen sino publicar propaganda del gobierno y echarle la culpa a la oposición de todo: desde la corrupción hasta el precio de la gasolina, desde la inflación hasta el contrabando.  
 
Por otra parte, los dirigentes de la oposición no terminan de ponerse de acuerdo en una estrategia de lucha, en una misma semana saltan diversas vías, ninguna mejor que la otra, mientras el país se hunde sin dirección y sin visión de cambio. Y ante esta falta de perspectiva, lo que está ocurriendo es que seguimos perdiendo talentos. Ante la inflación, la escasez y los controles crecientes, la inseguridad instaurada y la falta de oportunidades de calidad, cada vez más venezolanos, jóvenes y no tan jóvenes, buscan afuera ese futuro que no ven en el país. Muchos se van con los pies pesados, quizá voltean a mirar hacia atrás mientras hacen maletas y venden los carros, por si a alguien se le ocurre algo mejor y logran encontrar una buena excusa para quedarse.

Revertir esta situación no es cosa fácil. Es necesario lograr trasmitir que el cambio es posible y factible, que podemos trabajar desde ya en mejorar nuestro entorno. Los dirigentes de la política opositora deben saldar sus diferencias, dejar a un lado los egos y actuar hacia la consolidación de una base popular de apoyo al proyecto democrático. No hay mejor constituyente que tomar la Asamblea Nacional por asalto de votos, que arremangarse y retomar el casa por casa en todas las ciudades y pueblos, que convocar a los partidos, a las organizaciones civiles y a los ciudadanos para apoyar ese esfuerzo evangelizador que significa ganarse más voluntades para el lado de una nueva democracia participativa, incluyente.

Los vientos que soplan son de tormenta y hay que apertrecharse, aferrarse a la brújula y tomar el timón con firmeza, hay señalar el rumbo. Si no sabemos a dónde vamos, si no lo comunicamos claramente, seguirá la desbandada, pues el Ávila ya no basta.


Caracas, 27 de agosto de 2014               



miércoles, 25 de junio de 2014

A mi amigo Exequiel

Los héroes no son solo héroes porque están muertos. Hay hombres que hicieron algún acto valiente, sublime, que cambió el curso de la historia de su país y la vida les dio la oportunidad de seguir de incógnito, detrás de trabajos normales, de roles de padres, abuelos, viejos retirados.  

Exequiel fue uno de esos héroes, escondido en el anonimato de una vida normal. Llegó expulsado de un país que se agrietó de un golpe, que encarceló y torturó a sus jóvenes, que se tragó a muchos hombres y mujeres, desaparecidos para siempre. Llegó con la rabia del exiliado, con la tristeza del exiliado, con la frustración de lo perdido y la incertidumbre de lo desconocido, pero también con el tesón y la determinación de salir adelante. Poco a poco se fue haciendo camino en esa Venezuela que era un abrazo cálido, una mano tendida, una casa abierta a recibirlo, a acogerlo a él y a su familia, dispuesta a darles raíces y certezas.

Pasó de ser un muchacho de 26 años, economista, desempleado, a ser un empresario exitoso, y cuando tuvo el chance de devolverse a su Chile añorada no lo hizo, dijo que había quemado las naves en Venezuela, ya era un hombre diferente. Amasó junto con María Cristina una fortuna familiar de cuatro hijos y seis nietos, cultivó cuarenta años de amistades, de logros profesionales y de afectos personales.

El proceso de cambio político de Venezuela nunca lo engañó. Al principio estaba quizá un poco desconcertado, al darse cuenta que esta vez la historia lo había conseguido parado en la otra orilla, como si se cerrase un círculo de vida. Se dedicó entonces a levantar diques y defensas para no perder lo construido, a fabricar el Arca de Noé dónde todos nos montaríamos algún día, cuando fuera necesario. Él, que soñaba con barcos y veleros, decidió a última hora hacerse el Capitán Araya, dejarnos el barco listo para ponernos a salvo y saltar a otra playa, más lejana, desconocida, inasible.

Exequiel fue ante todo un compañero leal, una persona íntegra, honesta, un socio ejemplar, un abuelo cariñoso y cercano, un amigo excepcional. Y fue todo eso sin hacer bulla, de bajo perfil, así como quiso irse hoy, sin velorios ni esquelas. Pero no puedo dejar de despedirte, gordo, sin escribirte algo, sin contarle al mundo que tú eras el verdadero héroe anónimo, que te escondías detrás de tu cara bonachona y feliz, y en el fondo peleabas todas las batallas diarias, todas las luchas domésticas y difíciles que hacen posible que sigamos adelante.

Diste la cara por tus valores y por tus principios, y el destino te dio la oportunidad de seguir vivo, que no le dio a muchos de tus compañeros. Fuiste feliz, aunque recordaras diariamente ese pasado, cuando saliste a defender esos bastiones nuestros, que abogan por un mundo más justo, más humano, donde podamos vivir dignamente. Gracias a ti hoy vuelven a estar abiertas las anchas alamedas y tus nietos han podido pasearse en ellas con la frente en alto. Tus amigos venezolanos tenemos una deuda contigo, pues nos ayudaste a construir este país que queremos tanto y nos toca ahora defenderlo de los monstruos que se comen el futuro.

Estar lejos duele, pero no nos impide recordarte, rendirte homenaje, darle gracias a la vida porque tuvimos la oportunidad de conocerte, de aprender de ti, de recibir tu cariño y tu apoyo. Darte gracias por habernos hecho la vida mejor, más bonita, más alegre.

La Gucha


24 de junio de 2014

viernes, 2 de mayo de 2014

Pompeyo, siempre en la lucha

Tuve la suerte de asistir esta semana a la celebración de los 92 años de Pompeyo Márquez. Fue una reunión discreta, cálida, donde estaban sus familiares y amigos cercanos, sus compañeros de lucha y aquellos que han acompañado siempre, y quienes, como yo, somos admiradores y seguidores de su ejemplo. Hubo discursos, felicitaciones, fotos viejas que repasaban la vida de este político ejemplar.

Habló el Presidente del Colegio Nacional de Periodistas, Tinedo Guía, quien anunció la creación de la “Cátedra Libre Pompeyo Márquez Millán”, con el objetivo de promover la discusión en torno a los temas relacionados con la libertad y los derechos de información, de expresión y la Democracia, de cara a la sociedad venezolana en general. Fernando Rodríguez leyó el editorial que había escrito ese día para TalCual, Eloy Torres dibujó sus vivencias con Pompeyo, que lo hacen atribuirse el título de sobrino, habló Miguel Henrique Otero, quien prestó la sala y Antonio Ledezma en su investidura de Alcalde Mayor.

Pero lo mejor de la velada fue el discurso de cierre: Pompeyo, en su silla de ruedas, un poco sordo, micrófono en mano, preparado para hablar. Trastabillaba al enumerar nombres, al repasar los discursos y al dar las gracias por la cátedra creada. Titubeaba al pronunciar frases de agradecimiento, y cuando terminó con un clásico “en nombre de mis hijos, mis sobrinos y yo les damos las gracias…” etc, etc, lo interrumpimos con un aplauso. Pensamos que eso era todo, pero ¡Oh Sorpresa!, él paró los aplausos y nos dijo: "Después de estas palabras introductorias, quiero compartir con ustedes mi visión de lo que está pasando en el país". 

Allí se lanzó un discurso fluido, perfectamente articulado sobre la situación actual y los caminos de lucha. Me apresuré a sacar la pluma y tratar de tomar notas, era yo ahora la que trastabillaba entre la emoción y la certeza del ejemplo que nos estaba dando. Seguidamente transcribo mis apuntes terribles y créanme, toda incoherencia es mía, él estuvo perfectamente lúcido y fluido cuando comenzó a hablar de política. 

Palabras de Pompeyo en sus 92 años.



Se ha cerrado un ciclo histórico y estamos en una dictadura militar civil. Yo he analizado la situación y he llegado a las siguientes conclusiones:



La primera es que no hay solución a la crisis si no hay un cambio de gobierno. No hay otra salida. Tiene que haber un gobierno de transición, esta dictadura tiene que darle pasó a la República Civil, a la democracia, a un régimen de libertades. Actualmente hay una pugna entre dos modelos: uno autoritario y uno de libertades y democracia. La idea de un gobierno de transición es con el objetivo de convocar elecciones libres, que puedan permitir que el país exprese políticamente su pensamiento, sin la autocracia electoral que se ha creado a lo largo de estos años. 



Mi segunda conclusión es que la crisis económica se va a agudizar. No hay solución a la crisis económica sin un cambio de modelo. Una economía productiva necesita inversiones que no están llegando al país, sino que, todo lo contrario, se están yendo del país.



Finalmente está el problema de la unidad. Quiero recoger la expresión de Ledezma:  Ni nos dividimos ni nos van a dividir. La Mesa de la Unidad debe presentarle al país una propuesta. Venezuela es y será para siempre democrática, lo dice la constitución nacional y la Mesa debe salir no solo a defenderlo, sino a promoverlo. La lucha es por eso, por conquistar la República Civil, conquistar las libertades, y se deben crear diversos espacios de lucha. Las sociedades no se plantean utopías, se plantean resolver sus necesidades y Venezuela necesita democracia y libertad. Que se cumpla la Constitución. Debemos unirnos en una misma dirección para convocar al país a conquistar la democracia.

A sus 92 años, Pompeyo nos dio una lección de lucidez y perseverancia, de coherencia y de valor.

¡Gracias Pompeyo!

Caracas, 30 de abril de 2014

sábado, 8 de febrero de 2014

Lo peor es la alegría


Esta semana se cumplieron 22 años del Golpe de Estado que intentó Chávez con un grupo de compañeros militares.  Alguien comentaba que ese fue el evento donde le robaron el futuro a los jóvenes del país. Eso me dejó pensando, sin duda fue el momento en que se comenzó a resquebrajar la estructura formal de la democracia, pero ésta ya sufría de osteoporosis, una osteoporosis que a los políticos viejos les cuesta reconocer.

El cáncer ya venía corroyendo las entrañas del sistema, aún cuando se seguían guardando las apariencias los problemas estaban ahí: la dependencia del petróleo, el empresariado oportunista, la corrupción cómplice, el flácido sistema judicial, la desigualdad creciente, la apatía de la clase media, el deterioro de la educación pública, la pérdida de valores y de metas comunes como sociedad. Todo eso coexistía en una ilusión de democracia salpicada de reductos de excelencia: PDVSA, el Metro de Caracas, la alcaldía de Chacao, el sistema de orquestas (que ya existía y cosechaba éxitos), entre otros. El Congreso era como una especie de mercado persa, donde se comerciaba con las decisiones: yo te apoyo en esto si tú me apoyas en esto otro; se debatía, pero las discusiones no necesariamente llegaban al hueso, solo hasta donde los distintos bandos disponían, para acomodarse a sus agendas personales o intereses partidistas.

A partir del mismo 4 de febrero de 1992 comenzó la caída, anunciada en sesión extraordinaria del Congreso, cuando el mismísimo Caldera, defensor de la democracia, dio un discurso donde “justificaba” la acción de los golpistas, dado el entorno de corrupción y la falta de acciones que atenuaran las medidas económicas en las que se había embarcado el gobierno de turno:

“…Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por  la libertad y la democracia cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer, de impedir el alza exorbitante en los costo de la subsistencia, cuando no ha sido capaz de ponerle un coto definitivo al morbo terrible de la corrupción, que a los ojos de todo el mundo están consumiendo todos los días la institucionalidad venezolana…hay un entorno, hay mar de fondo, hay una situación grave en el país, y si esta situación no se enfrenta el destino nos reserva muchas y muy graves preocupaciones”.

Por mucho que nos hubiéramos dedicado a proyectar el futuro, nunca nos hubiéramos imaginado la clase de problemas que hoy estamos enfrentando. La corrupción de la que hablaba Caldera en ese discurso es hasta ingenua, ante lo que estamos presenciando. No solo no tenemos instituciones fuertes e independientes, sino que lo que hoy existe es una maquinaria ineficiente y podrida, que traga dinero en dólares y es incapaz de proveer bienes o servicios a la ciudadanía. El espiral centralizador y controlador ha traído como resultado que la sociedad venezolana tenga hoy los peores índices de inseguridad, escasez, inflación y corrupción en la historia del país.

Ante estos resultados, nos preguntamos qué podemos hacer. “Lo peor es la resignación” decía Simón Boccanegra esta semana, analizando las reacciones (o la apatía) de la gente ante el caos que prevalece. Yo creo que no es así. Cuando uno se resigna es porque admite un hecho fatal como la muerte o una enfermedad incurable, se rinde ante una evidencia que está más allá de sus manos, que puede ser admitida con dolor o con tristeza. Pero cuando vemos a la gente haciendo cola sumisa frente a los anaqueles vacíos, con la esperanza de que en algún momento abran una caja de leche o llegue un cargamento de aceite o de azúcar, cuando vemos esa misma gente saltar de alegría porque consiguió tres paquetes de harina debajo de un coleto, donde alguien, seguramente un empleado, los había tratado de esconder como un botín para sacarlos después de que terminara su turno, vemos la sumisión total, la derrota, la entrega. Y para mí eso es lo peor, esa alegría sumisa.

No se cómo podemos revertir lo que ahora tenemos encima. Estoy segura que no es buscando culpables dentro de las filas de la oposición, sino organizando una protesta diferente, buscando información para denunciar con nombre y apellido, apoyando las iniciativas inteligentes de diputados y alcaldes, profesores y estudiantes, cuando señalan fechorías concretas y exigen acciones contra los responsables. Es necesario quebrar la épica de la guerra económica y alzar la bandera de la denuncia, exigir resultados, poner la responsabilidad donde siempre ha estado, en el gobierno de turno. Levantar polvaredas de guerra de bando y bando no contribuye a conseguir la solución, solo enceguece a los bandos. Pero tampoco podemos quedarnos sin hacer nada. Porque lo peor es la alegría.


7 de febrero de 2014                                                   @aalvaray



Arranca otro año…


Primera vez que siento tristeza porque se termina un año. No porque el 2013 haya sido particularmente bueno, sino por las perspectivas que asoman para el 2014: los pronósticos de analistas y de comerciantes, de vecinos y profesores, de extranjeros y nacionales dicen que va a ser peor. Las primeras semanas parecieran confirmarlo dolorosamente, tras el asesinato de la conocida actriz y su esposo. Esta vez fue el caso Spears-Berry, pero todos tenemos conocimiento de otros casos menos célebres y más cercanos: el hermano de la amiga, el motorizado de la empresa, la hija del compañero de trabajo, la amiga de la señora de servicio.

No puede ser que este estado de cosas siga sucediendo sin que nosotros podamos exigirle a los responsables un cambio fundamental, estructural en las cosas. La seguridad de los venezolanos es, sin duda, responsabilidad principal de cada uno de nosotros, pero la política para garantizar la seguridad, para prevenir y combatir el delito, es responsabilidad de los gobernantes, comenzando por el Presidente de la República. Este, teniendo una oportunidad de oro,  lo que hizo fue ratificar en sus cargos a los ejecutivos que son directamente responsables de estas políticas: Ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, el Sr. Miguel Rodríguez Torres y Ministra del Poder Popular para el Servicio Penitenciario, Sra. Iris Varela. Ese espaldarazo, dadas las circunstancias, es como aplaudir a un médico que está matando al paciente.

Mejorar las condiciones de seguridad ciudadana requiere un esfuerzo colectivo de prevención y de acción del Estado contra los delincuentes. No se trata solo de convocar a una reunión para pescuecear y tomarse una foto. Tiene que haber un consenso y acciones concretas que vayan dirigidas a combatir los delitos, a castigar a los culpables. Los ciudadanos estamos dispuestos a participar (la resolución del caso Berry-Spears lo demostró: gracias a los vecinos la policía pudo identificar rápidamente a los cómplices del asesinato). Pero es indispensable que el Poder ejecutivo, el Legislativo, el Judicial e incluso el Poder Moral se levanten unidos contra el crimen (¿Dónde está la Lic. Gabriela del Mar Ramírez, Defensora del Pueblo? ¿No se supone que entre sus atribuciones está la promoción, vigilancia y defensa de los derechos humanos en el país?). De nada sirve un operativo aislado si al día siguiente o a la semana un juez suelta a los sospechosos (los asesino de la pareja tenía múltiples entradas a la cárcel por diversos delitos y seguían cometiendo fechorías libremente).

Esperemos que estas lamentables muertes no sean un caso más. Ojalá esto pueda servir como punto de inflexión para darle un vuelco al tratamiento de la criminalidad, para acabar con la impunidad y transitar en el camino de tener una mejor Venezuela, al menos en materia de seguridad.


Caracas, 15 de enero de 2014                             @aalvaray