Las palabras griegas, que nos han dado tantas raíces, nos prestan a kalós, bello; éidos, imagen; scopéo, observar; para formar el Kaleidoscopio que es cambio, imágenes dinámicas, diferentes, impresiones personales sobre el mundo.








viernes, 2 de septiembre de 2011

Sísifo en Caracas

Quizá mis vacaciones fueron demasiado cortas. Un breve paréntesis para respirar, para oxigenarme, para pensar en el futuro, en ese futuro que nos preocupa a todos: el propio, el de los hijos, el de la familia, el del país. Quizá la mía, como muchas familias venezolanas, está presa de angustia, ese qué va a ser de nosotros, qué podremos esperar este año, el año que viene, o después. Lo cierto es que al regresar, lo primero que siento a mi alrededor es que el fantasma de la incertidumbre ha tomado todos los ámbitos, todos los colores, todos los espacios.

No solo se trata de quién va a ganar en unas elecciones. Hoy en día y dado el nivel de deterioro de la calidad de vida, el tema es también cómo vamos a salir de este atolladero. ¿Qué hay que hacer para que el país retome una senda de desarrollo? ¿Será que es posible?

La semana pasada escuché parte de una cadena anunciada como sumamente importante para el futuro del país. Durante esa cadena estaban todos los ministros ⎯ya no se ni cuántos son, parecían más de treinta⎯, reunidos en una mesa larga. El presidente los interpelaba mientras decía lo maravilloso de esta nueva misión, que permitiría lograr las metas de la revolución. Hablaban, entre otras cosas, de la compra de máquinas nuevas, equipos chinos de última tecnología para hacer casas. La cámara mostraba en close up dibujos de retroexcavadoras, una fresadora para remover el asfalto ⎯que alguien comparó con un gusano⎯, unas apisonadoras y otros equipos que recuerdo básicos en el oficio de la construcción civil.

Comprar equipos de construcción es un evento digno de ser discutido en la mesa con todos los ministros. Hacer el trabajo normal es un acontecimiento para ser reseñado, para propaganda. Lo que debería haber estado comprado y andando hace años es un logro de la revolución.

Ya he perdido la cuenta de cuantas veces hemos escuchado la misma historia. Ministros van y vienen, se multiplican y luego se retiran por la puerta de atrás sin que podamos ver qué fue lo que hicieron de nuevo, si ahora hay algo diferente. Todo se ha deteriorado a un nivel inimaginable hace unos años. Lo peor es que si uno les pregunta a los ministros y responsables, seguramente consiga las respuestas de siempre, que todo es culpa de la cuarta, que estamos arrancando.

Trece años arrancando. O más. Como Sísifo, que empuja la piedra hasta la cima en eterno castigo, vemos a nuestros gobernantes comenzar una y otra vez las mismas tareas: ampliar la red eléctrica, mejorar el sistema de distribución de agua potable, reconvertir los hospitales, construir carreteras y puentes. Miles de millones de bolívares aprobados en presupuestos que se diluyen cuando se vuelve a caer la piedra y cambian al ministro de turno. Nadie pregunta qué pasó con lo que se ha perdido. Vuelta a empezar.

Hace falta hacer algo diferente. Quizá la diferencia no esté solo en participar en las elecciones, sino en cómo nos incorporamos para construir ese futuro de cambio. No podemos seguir dejando que otros empujen la piedra por nosotros. Corremos el peligro de que se vuelva a caer.

Caracas, 29 de agosto de 2011