Las palabras griegas, que nos han dado tantas raíces, nos prestan a kalós, bello; éidos, imagen; scopéo, observar; para formar el Kaleidoscopio que es cambio, imágenes dinámicas, diferentes, impresiones personales sobre el mundo.








Palabras

Una ventana con escritos diferentes...

Carta a mi primo Eduardo Alfonso Márquez Alvaray

Eduardo...



Qué manera la tuya de irte sin despedirte. Qué apuro, qué afán. Será que tu mamá te llamó temprano, a su hijo adorado, a su bebé. Que te necesito hijo, que ya no me acuerdo de esto, ni de aquello, que quiero que vengas ya a acompañarme.

Eras, como dijo mamá, un niño de cuarenta años, dulce y cariñoso, peleón y juguetón. Pero sabio, como son los niños, comprendiste que no se puede seguir siendo niño a los cuarenta, y tú no sabías hacer otra cosa.


De repente, creo, te diste cuenta que te salieron alas, que comenzaron a crecer, a incomodarte. No cabían en el cuarto, no podías esconderlas, no sabías qué hacer con ellas. Hasta que ayer, temprano, decidiste soltarlas. Temprano, porque la madrugada es la hora precisa para irse, esa es la hora en que la madre llama, esa es la hora en la que el corazón se para, en la que la hermana inocente toca la puerta y no te ve, no te consigue.


Me quedé con las ganas de volver a ver tu mirada de niño cuarentón, de oír tu saludo entrecortado por teléfono, es Eduardo, feliz cumpleaños, es Eduardo, cuando van a Barinas. Me quedé con las ganas de seguir sintiendo tu cariño infantil, eterno, sin tiempo.

La Gucha, 20 de febrero de 2010