Las palabras griegas, que nos han dado tantas raíces, nos prestan a kalós, bello; éidos, imagen; scopéo, observar; para formar el Kaleidoscopio que es cambio, imágenes dinámicas, diferentes, impresiones personales sobre el mundo.








sábado, 9 de octubre de 2010

El premio Nobel

“la literatura es la semilla del peligro para el poder autoritario”
Mario Vargas Llosa


Hoy escribo tarde. Después de una tostada de pan y café negro, después de leer la prensa y de ver en la televisión a un Mario Vargas Llosa feliz, como lo estamos todos, por el recién otorgado premio Nobel de literatura 2010.

Vargas Llosa es de la generación de mis padres. Nació el 28 de marzo de 1936 en Arequipa, Perú y formó parte de esa generación de jóvenes que querían cambiar Latinoamérica. Cada quién en su ámbito de acción. Para Luis Alvaray, era la ingeniería, los avances tecnológicos, cómo desarrollar al país y como convertirnos en una nación del primer mundo. Cómo apuntar a eso sin olvidar al que menos tiene, al que no tiene acceso real a las oportunidades que conceptualmente le ofrece la democracia. Para Gisela fue el desarrollo académico, como hacer de la educación la bandera de redención, como hacer llegar el conocimiento a toda la geografía y así contribuir a erradicar la pobreza.

Para Mario Vargas Llosa, el cambio fue y es a través de la literatura. La ficción como forma de rebeldía contra una realidad que no debe ser, como él mismo dijo. Él y otros grandes ─García Márquez, Rulfo, Cortázar, Fuentes, Borges─, formaron parte del famoso boom latinoamericano, que cuestionaba formas y contenidos, que denunciaba realidades a través de ficciones. No podemos olvidar la prosa bellísima con la que Rulfo describe (y denuncia) la pobreza de su pueblo natal, la indolencia de los gobernantes, el conformismo de la gente.

De la mano de mis maestros leí La ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, La guerra del fin del mundo y muchos otros. Luego vino La fiesta del chivo, que me reconcilió con él como escritor cuando ya lo había metido en una gaveta de olvidos.

Me contenta el premio. No solo como reconocimiento a su labor incansable en el mundo de las letras sino más allá, en el ámbito político. Aún cuando no he estado de acuerdo con algunas de sus posiciones, hoy por hoy coincidimos en lo básico, pues el dilema actual es diferente, como lo anuncia también Pompeyo Márquez: el mundo ya no se divide entre capitalismo y socialismo.

Estamos frente a un dilema que tiene que ver con la concentración del poder o la democracia. Y en ese dilema, su posición clara y abierta de enfrentar las autocracias y dictaduras del mundo lleva todo mi respeto. Desde esa perspectiva, comparto con él la necesidad de defender la libertad de elección. Que cada individuo tenga libertad para profesar su fe, para defender sus creencias, dentro de un marco regido por la constitución, que es la que indica las reglas del juego.

En este sentido, el premio de Vargas Llosa viene a recordarnos, así como nos lo subrayó el 26S, que sí se puede, que podemos cambiar las cosas, plantearnos un mundo mejor y avanzar hacia eso.

8 de octubre de 2010




De izquierda a derecha: Gabriel García Márquez, Jorge Edwards, Mario Vargas Llosa, José Donoso y Muñoz Suaz, en casa de Carmen Balcells, en Barcelona (1974). Fotografía de Diálogo con Vargas Llosa, por Ricardo A. Setti (Editorial Kosmos, 1988).

viernes, 8 de octubre de 2010

Sin números

A partir de hoy no se puede hablar de números, ni encuestas, ni nada que pueda “cambiar” la forma de votar de los venezolanos. Como si fuesen las encuestas lo que modifica la opinión de ir o no ir a votar, o la escogencia del candidato preferido. Se nos da un espacio para reflexionar sobre las propuestas de los partidos, para pensar qué es lo mejor para nosotros, para nuestra familia, para el país.

Estoy segura de que a estas alturas, los que van a votar ya tienen escogido el candidato de su preferencia. Ya saben por quién lo van a hacer. El tema es que se movilicen a votar. Que venzan la inercia, ese para qué voy a votar si eso es mucha pelea, mucho escándalo, como me decía Gregorio, el señor que barre las calles por mi casa. Como Gregorio hay muchos venezolanos humildes, que vuelven a encerrarse en su mutismo político, que piensan que es preferible no meterse con nadie, quedarse tranquilos en sus casas sin buscar problemas.

Pero también hay otros, que hemos visto estas semanas, durante la preparación de las elecciones. Están los jóvenes, que hicieron su propia campaña, diseñaron su propia forma de reclutar voluntarios para ser testigos en las mesas, recabaron fondos y produjeron micros para el cine y la televisión, para las radios comunitarias, para los programas de opinión. Están los educadores, que tienen formada hace ya unos años la Red de Observadores de la Asamblea de Educación, donde participan maestros y profesores a nivel nacional, en un proceso de observación de las elecciones con un alto nivel técnico. Están los Miembros de Mesa, que han acudido a los entrenamientos para estar acreditados y poder ejercer su derecho a participar activamente. Hay una sociedad civil que está motivada para participar.

También hay incertidumbre. Una vez más, el país partido por la mitad. Esta vez no es la mitad sino en tres de pedazos diferentes.

No sé bien lo que vaya a pasar el domingo, no sé por qué me siento hoy tranquila. Sea lo que sea, va a ser mejor que lo que teníamos. Sea lo que sea, será un punto de partida para los próximos dos años, que van a ser difíciles desde todo punto de vista. Y que, a pesar de mis miedos, de la incertidumbre que reina en todas partes, creo que todo va a salir bien. Vamos a salir adelante.

Caracas, 24 de septiembre 2010.