Las palabras griegas, que nos han dado tantas raíces, nos prestan a kalós, bello; éidos, imagen; scopéo, observar; para formar el Kaleidoscopio que es cambio, imágenes dinámicas, diferentes, impresiones personales sobre el mundo.








viernes, 22 de noviembre de 2013

El reino de Scar

No hay manera de sacudirse la sensación de que el país se ha embarcado en un rumbo diferente. Al verse tambaleante, con todas las encuestas en su contra, el gobierno decidió pisar el acelerador y atacar, destruyendo lo que apenas quedaba en pie.

En una misma semana le arrebataron la inmunidad a una diputada para poner en su lugar un partidario del gobierno y disimular la mayoría que no tienen, con el fin de aprobar la famosa Ley Habilitante; decidieron que la culpa de la inflación y de la escasez no son las políticas económicas, ni la corrupción rampante en todas las instituciones, sino que son los comerciantes. Ordenaron intervenir las tiendas para vaciar los anaqueles y permitir que la gente se llevara su “regalito” navideño a precios que nunca volverán.

Es difícil describir lo que sucede en el país en este momento, mucho menos entenderlo, analizarlo, sacar alguna conclusión o plantearse estrategias que tengan algo de sustento. Estamos viviendo una intensidad tal en lo que ocurre, una exageración en lo que se dice y se hace, un no-puede-ser constante, que uno cree que ya ha llegado al límite y en la esquina siguiente se quiebra otra frontera, se rebasa otro tope, se viola otra norma, otra ley.
 
Lo único que se me viene a la cabeza para describir la realidad son imágenes de dibujos animados, quizá porque en los comics los artistas exageran las emociones y los sucesos, porque reducen la sociedad a dos bandos, los superhéroes y los malhechores. Así que estamos como en el reino de Scar, el malo de El Rey León, quien se apropió del cargo a la muerte del rey, nombró a las hienas de ministros y acabó con las estructuras de la sociedad, quemó la selva, arruinó la economía y terminó culpando a los súbditos que se oponían a semejante desastre.

En el reino de Scar las primeras que se opusieron fueron las leonas, que ante la escasez de comida y la falta de soluciones se negaron a seguir haciéndole el juego a las hienas corruptas y a un rey ilegítimo. Sacaron fuerzas y se plantaron a defender un reino que sabían que podía ser mucho mejor.

Nos toca a los ciudadanos plantarnos y protestar: protestar por la escasez y la inseguridad, por la creciente censura a los medios de comunicación, por la violencia contra los que pensamos diferente, por los abusos de poder que se siguen consumando no solo desde el Ejecutivo, sino también desde la Asamblea Nacional y desde el Poder Judicial. Es necesario dar la cara como ciudadanos amantes del orden y de la paz, pero sobre todo, es necesario salir a votar el 8 de diciembre, como forma de demostrar una vez más, que a pesar de todos los abusos, somos y seguimos siendo mayoría.

22 de noviembre de 2013

viernes, 18 de octubre de 2013

Muertos con nombre y apellido

Una cosa es leer la prensa el lunes y enterarse de cuantos muertos hubo este fin de semana (aunque ahora no publican las estadísticas, pues son los números los que generan la violencia), y otra muy distinta es llegar a la oficina y enterarse de que la noche anterior mataron al motorizado de la empresa en su casa, frente a su esposa.

¿Qué pasa en este país, a quién se le ocurre entrar a asaltar una casa en La Pastora, pobre robando a pobre? ¿Qué le podían quitar, si ya ni moto tenía?  Las primeras reacciones inconscientes son las de siempre: buscar alguna razón por la que lo mataron. Algo habrá hecho, se dice uno a sí mismo, tratando de explicar lo inexplicable. Porque en el orden de la vida, ese orden que aprendimos de nuestros padres y de nuestros abuelos, las cosas sucedían por algo. A fulano lo pusieron preso porque mató a un individuo, independientemente si tuvo razón o no, eso solo atenuaba la sentencia o matizaba la culpa, pero el hecho en sí estaba ahí.

Pero las cosas ya no funcionan así. Hoy en día los malandros no tienen paz con la miseria, como diría mi bisabuela. Matar es cómo jugar un video-juego: no importan razones, los que matan están como anestesiados, como si no sintieran ni el ruido de las balas, ni el grito de la víctima, o el de los que la rodean. Es más fácil salir a robar un domingo en la noche que buscar trabajo el lunes en la mañana, sobre todo si lo que prevalece es una total impunidad.

Sobre mi escritorio todavía está una figurita de esas que se entregan como recuerdo en una fiesta: una novia sujeta sus flores, mirando tiesa y arrobadoramente a un apuesto novio en traje de etiqueta. La tarjetica en forma de corazón decía algo así como “María y yo nos casamos el once de febrero, regalos en dinero bienvenidos”. No era su primer matrimonio, tenía un hijo ya grande, pero se le veía feliz, diferente. No era el tipo amargado de años anteriores, cuando militaba en la revolución bonita e iba todos los días a coger línea a la casa del líder de la cuadra, para llegar a la oficina con cara de guerra.

Una vez nos contó la verdadera historia del terremoto de Japón: en medio de la consternación internacional por el tsunami y el terremoto, por el crack de la planta de Fukushima, se le ocurrió decirnos que eso había pasado por obra de los Estados Unidos.

–Sra. Angélica, esa es la purita verdad, los Estados Unidos tienen un laboratorio y hacen que eso ocurra.
–¿Quién te dijo eso?
–Un compañero del partido.
–Pero si fuese así, ¿por qué lo van a hacer contra Japón, que es su aliado? ¿Por qué no lo hacen contra Cuba, o contra China?
–Para no levantar sospechas, estaban probando la cosa…

Él realmente creía esas explicaciones, como creyó en lo bien que iban a estar cuando derrotaran a la burguesía, como creyó con fe inamovible en su presidente, que era “el único que quería a los pobres”.

Pero murió el comandante y las cosas comenzaron a desinflarse: las explicaciones tomaron el color oscuro de la realidad, de la violencia, de la inflación y de la escasez; darse cuenta de que los malos no son tan malos y los buenos no son tan buenos quizá fue su último pecado. A lo mejor tuvo una discusión con algún matón del barrio, alguna desavenencia, quizá perdió la protección de alguien, y cuando entraron en su casa a asaltarlo no pudo creer que eso le estuviera pasando a él, se paró del sofá donde veía la televisión abrazado a su nueva esposa y fue a la cocina a reclamar. La esposa alcanzó a oír el disparo y los gritos de los malandros que salieron corriendo. Quizá ella los reconoció, pero prefiere decir que no vio nada, pues tiene que seguir viviendo en esa calle, entre esos mismos tipos.

Hoy, uno de esos muertos de fin de semana se dibuja en un nombre y una cara conocida, que saludaba con respeto, con cariño. Me pregunto una vez más dónde quedó esa ciudad, ese país que llevo en el corazón y que no encuentro en ninguna parte…


@aalvaray

17 de octubre de 2013

martes, 1 de octubre de 2013

Caída en barrena

La situación que estamos viviendo en Venezuela es sin lugar a dudas muy grave. El sistema productivo está paralizado, la inflación desatada y el desabastecimiento no cede. Hay una sensación de caos, de estar ya traspasando otros límites, más allá de la falta de gobierno, de la corrupción, de la ineptitud. Varias personas señalan, no sin razón, que la situación es tan crítica que se parece a los días antes del caracazo, cuando el desabastecimiento y la falta de respuestas del gobierno desembocó en un estallido social, del cual solo cosechamos los muertos y el miedo a subir la gasolina, pues los políticos piensan que esa fue la causa y no el síntoma de un desarreglo mucho más profundo en la sociedad, que abarcaba a los transportistas en su afán por cobrar más allá de lo adecuado, a los empresarios acaparadores de la época y al gobierno que aupaba las marramucias de funcionarios corruptos, que se hacían con dólares de Recadi para venderlos en el mercado negro a diez veces su precio, sin importar si eso causaba desabastecimiento e inflación.
 
Ese cuadro, pintado así, se parece por supuesto
a lo que estamos viviendo, con la diferencia que hoy el empresario mayor es el Estado, es el dueño de las industrias, el que tiene los dólares para importar, el que controla toda la red de distribución de los alimentos –tanto la estatal como la privada–, es el Estado es el que controla puertos y aeropuertos –a través de una empresa mixta con el gobierno cubano–, puertos y aeropuertos por donde sale droga y entra mercancía vencida, comprada con dólares Cadivi para ser distribuida luego en esa red de alimentos y artículos de primera necesidad.

Lo más grave es la actitud enfermiza del gobierno, que pretende tapar lo que sucede con su doble discurso. Por una parte quiere controlar el mensaje: lo importante es que tenemos patria, lo que falta es mejorar algunos “detalles”. Trata de levantar su imagen ante el “pueblo”, reconociendo parcialmente que los problemas existen, están ahí. Pero la realidad es más terca que las intenciones. Apenas comienzan a tratar de cambiar el rumbo del Titanic, el innombrable se dispara, la escasez se acentúa, ocurre uno de los apagones más grandes de la historia, y continúan las protestas a nivel nacional: en las cárceles, en las industrias, los profesores universitarios, los médicos, los maestros, los obreros de Sidor, hasta los motorizados.

Entonces aparece la otra cara del gobierno: la represión. Bajo esta cara temible y oscura el gobierno viene haciendo lo posible para tomar mayor control de todos los aspectos que siente sueltos dentro de esta “democracia”: Asfixia a universidades y centros educativos; amordaza a los medios de comunicación –a través de compras efectuadas por testaferros opacos, cuyo capital es de dudosa procedencia, de cadenas contínuas y con el ya anunciado “Noticiero de la Verdad”, que será de obligatoria transmisión en horario estelar por todos los canales–; mantiene amenazas de expropiación a empresas, sean estas de alimentos, clínicas privadas, supermercados o colegios y continúa la estrategia de criminalización de la oposición. Como hecho reciente la semana pasada el CICPC encerró e interrogó durante horas a los expertos en el sector eléctrico, por el pecado de haber opinado sobre las causas del apagón que hubo hace unas semanas, acusándolos de saber “demasiado”, pues la tesis del gobierno es que hubo sabotaje.

Ni el discurso de eficiencia ni la represión han funcionado para volver a echar a andar la economía, el aparato productivo no se arranca como quien empuja un carro para que prenda: la persona que está al volante tiene que saber manejar, y aquí parece que no solamente no saben sino que a nadie le interesa. Se trata de seguir dándole palos a la piñata, exprimir un poco más el fondo chino para pasar el rubicón de las elecciones de diciembre y después será salvese quien pueda.

Este gobierno hizo aguas hace rato y el país cae en barrena. La única forma democrática de cambiar el rumbo es lograr una mayor organización en las fuerzas de oposición para asistir en masa a las elecciones de diciembre. No podemos dejarnos amedrentar, no debemos dejar de opinar. Cualquier otra salida puede ser lamentable.

29 de septiembre de 2013

martes, 17 de septiembre de 2013

11 de septiembre


Cuarenta años es mucho tiempo. En una sociedad abarca dos o tres generaciones, los jóvenes de entonces son hoy abuelos, sus nietos quizá tengan la misma edad que tenían ellos; para un individuo es la juventud, la fuerza, las ganas de cambiar al mundo…

Cuarenta años es mucho tiempo en la vida de cualquier persona, incluso en la de mi abuela María Teresa, que vivió noventa y cuatro. Hace cuarenta años la conseguí llorando en la cocina, mientras veía las imágenes de la destrucción del palacio de La Moneda, que reproducía el periódico en primera plana. Quiso que le leyera todo el reportaje, buscó en los noticieros hasta conseguir repeticiones de los pocos minutos que se transmitieron, volvió a llamar a mis padres, que estaban de viaje, para cerciorarse que vendrían la mañana siguiente con noticias frescas, pues en París había mucha gente que se comunicaba con los chilenos, que contaban las historias de lo que estaba ocurriendo, ¡cómo es posible que los militares hayan hecho esto!, se lamentaba.

Le Monde: 40 años del 11 de septiembre
A instancias de ella guardé todos los recortes de prensa –los de The Times, los del Guardian y de Le Monde, más los que ella reunió de la prensa venezolana–como recuerdo de un hecho gravísimo, que no podíamos olvidar: los muertos, las traiciones, la pérdida del socialismo en democracia. Años después, en la universidad, me regalaron un cassette con la grabación del último discurso de Allende, el cual guardé como un gran tesoro, pues ya entonces tenía veinte años y podía entender la gravedad de lo sucedido, porque ya entonces veíamos en la cinemateca, cada vez que las pasaban, Mourir A Madrid y Roma Città Aperta, porque ya entonces buscábamos respuestas a tantas desigualdades, a tanta injusticia.

En cuarenta años conocí muchos chilenos que llegaron a Venezuela abrigados por nuestra política de asilo, de bienvenida. Chilenos de izquierda y de derecha, demócrata-cristianos y socialistas, todos consiguieron refugio en nuestras tierras; unos querían trabajo y una buena empanada para comer el sábado, otros no cesaban de hablar de política o de su país, discutían hasta comenzar peleas en las fiestas, pues unos preferían decir que no había tortura, que el golpe no había sucedido, que todo había sido un montaje mediático, mientras otros mostraban sus heridas abiertas, o se encerraban en sí mismos para tratar de olvidar la prisión y la violencia, el exilio sin retorno posible, la incertidumbre de llegar a un país desconocido y comenzar de nuevo, salir adelante.

Pero tal parece que la violencia no se olvida.

Hoy vemos a Chile, veinticinco años después del plebiscito que le arrebatara el poder a Pinochet, dividido ante el recuerdo de ese 11 de septiembre de 1973. Curiosamente esta división la representan las dos candidatas a la presidencia, hijas ambas de generales amigos: uno que se mantuvo leal al presidente Allende y otro que participó en el golpe. Ambas construyen futuro, pero cargan todavía con el pasado reciente, que duele. Sin embargo, a pesar de esta división en el presente, es necesario reconocer que Chile ha transitado por el camino de la concertación con el afán de fortalecer sus instituciones y limpiar su pasado, para así poder consolidar su democracia. En este proceso se formó la Comisión Nacional de la Verdad y Reconciliación, también se publicaron los resultados del Informe de la Comisión sobre Prisión Política y Tortura, donde se dieron a conocer miles de testimonios que han servido para comenzar a mover, poco a poco, los juicios contra los responsables de las violaciones a los derechos humanos; es así como, con mucho dolor, aprendimos que Salvador Allende se quitó la vida ese día terrible allá en La Moneda.

Me pregunto cuánto tiempo más necesita un país para sanar sus heridas y mantener un camino de paz y desarrollo. Me pregunto cuándo emprenderemos nosotros los venezolanos la senda de la reconciliación, si todavía nos desconocemos los unos a los otros, si los que están en el poder prefieren hundir al país antes de ir al diálogo, prefieren sacar al país de las instituciones internacionales que velan por el cumplimiento de los derechos humanos, en vez de revisar la situación en las cárceles, o la imparcialidad de los juicios, o el cumplimiento de la constitución.

Busco en mis recuerdos el sobre manila con los recortes de periódico de mi abuela y el cassete ya inservible, que afortunadamente puedo sustituir con algún link en youtube, para volver a escuchar esas palabras eternas, llenas de esperanza:

“Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. (Salvador Allende, 11 de septiembre, 1973).


12 de septiembre de 2013

@aalvaray

sábado, 17 de agosto de 2013

Nos hundimos en el excremento del diablo


El petróleo, así como muchas de las materias primas básicas, puede ser el origen de la pobreza. No por sus características intrínsecas, sino por las consecuencias que trae para las sociedades la (mala) administración de estas riquezas. El concepto original lo planteó en Venezuela Juan Pablo Pérez Alfonzo, quien fuera el ejecutor de la política petrolera venezolana y líder fundador de la OPEP, quien salió decepcionado del manejo que los países daban a la riqueza petrolera y auguró que el petróleo traería la ruina, que se trataba de una suerte de peste, del excremento del diablo.


Lejos estaba Juan Pablo Pérez Alfonso de imaginar la degradación de nuestra sociedad, hoy inundada por el oro negro. Para él, se trataba de un problema económico, político, el tener una riqueza como el petróleo podría transformarse en dinero fácil, fuente de corruptelas de los gobernantes de turno. Imposible visualizar que la sociedad se convertiría en una gran cloaca, y que ese excremento nos cubriría de vergüenza y desazón.
 
El discurso de Pedro Carreño, quien no merece el tratamiento de señor, mucho menos diputado, es una muestra extrema del grado de podredumbre que aflora en forma cada vez más visible en toda la sociedad, pero especialmente en la Asamblea Nacional. Ese foro, otrora símbolo de la democracia, de la capacidad que teníamos como ciudadanos para discutir los cambios, denunciar las corrupción, hablarle al país y a nosotros mismos sobre el presente y el futuro de la nación, se ha transformado en una plataforma para violar la constitución y para vejar a todo aquel que no esté de acuerdo.

Hemos visto golpes físicos, insultos, apropiación de poderes, violación a las normas, anulación de poderes, silbidos, gritos y aplanadoras, pero lo de esta semana es de una bajeza indescriptible. El martes 13 de agosto, el discurso de Carreño rebasó cualquier límite. Nos quedamos sin palabras, sin un calificativo apropiado para describir el nivel de vulgaridad, lo soez, lo ordinario, lo vergonzoso.

Escribo esta nota porque no puedo callar ante semejante barbaridad. Porque no quiero hundirme en este excremento, que ya no es el petróleo sino sus secuelas: la sed de dinero y de poder que ha dejado, que nos arruina como país física y moralmente, que nos desgarra por dentro.

Estoy segura que muchos venezolanos como yo, aborrecen lo que ha sucedido. Espero que, vengan de donde vengan, alcemos nuestras voces para reconstruir un espacio de deliberación que se parezca más a lo que nos merecemos como pueblo. Que podamos recuperar la capacidad de discutir ideas y proyectos de vida en común. Que recordemos que el respeto es la primera norma de convivencia en las sociedades civilizadas.

Caracas, 15 de julio de 2013

viernes, 2 de agosto de 2013

Anomia y movilización


La primera vez que me topé con la palabra anomia, tenía que ver con el segundo significado que denota la RAE: Trastorno del lenguaje que impide llamar a las cosas por su nombre.

Quizá fue así como comenzó todo, cambiando los nombres de las cosas, hasta que ya no nos acordamos del nombre verdadero. Ya no hay ciudadanos sino camaradas o compañeros, no hay rivales sino enemigos, no hay negros sino afrodescendientes; a los damnificados se les llama dignificados, ya no hay presos sino privados de libertad y la violencia solo es una sensación.  Así, los opositores somos calificados con una serie de epítetos que no voy a repetir, pero que algunos exhiben con orgullo, sin pararse a pensar que el lenguaje hace el concepto, lo dibuja en la propia mente y en la mente del otro.

Ahora no nos atrevemos a decir lo que sucede. Los noticieros en la televisión son cada vez más sosos, el miedo se ha apoderado de la vida diaria y hablamos en voz baja, como temiendo que solo pronunciar alguna palabra inadecuada pueda perjudicarnos en nuestro trabajo, con nuestros vecinos. Hace apenas un año, una diputada se atrevió a decirle al presidente que, en este país, expropiar es robar. Al señalar ese cambio en el concepto, fue aplaudida por muchos y vilipendiada por otros tantos. Esa misma diputada hace apenas unos meses fue golpeada con saña, como para que se callara la boca de una vez. Pero justo de eso se trata. De atreverse a llamar a las cosas por su nombre, no por calificativos hechos a la medida para esconder lo que realmente está ocurriendo.

Pero el cambio de nombre hace rato que no es suficiente. Cambian las reglas, las desdibujan o las redefinen para justificar sus acciones. Quieren mantener la cara legal a expensas de la legalidad misma, reinterpretando normativas, saltándose leyes, buscando aprobaciones de los poderes “independientes” para ofrecerlas a sus socios internacionales como salvoconductos de su conducta totalitaria. El poder no se entrega cuando dice la Constitución, sino cuando ellos deciden, las auditorías no se hacen como dice la normativa, sino en forma parcial y a puertas cerradas, las leyes no se discuten sino que se imponen, la autonomía universitaria se elimina con un párrafo en un reglamento secundario.

Hoy, además de lo cotidiano, nos enfrentamos al allanamiento de la inmunidad de Richard Mardo, hecho efectivo mediante golpe bajo a la Constitución. Al Presidente de la Asamblea se le ocurrió que podría hacerlo por mayoría simple, aún cuando expresamente está escrito que se necesitan dos tercios de los diputados presentes.  El juicio de ante-mérito fue ambiguo, la presentación de pruebas poco transparente, en sesión a puerta cerrada. Lo acusan por defraudación tributaria y legitimación de capitales, pero a la defensa le ha sido negado el derecho de tener acceso al expediente que está en la Contraloría General.

Mardo pasa a engrosar la lista de casos sin ley, como las inhabilitaciones que enfrentan varios líderes de la oposición, como la condena arbitraria a la Jueza Afiuni, como la permanente negación de libertad condicional a Simonovis, que se nos muere de a poco…

Busco una vez más el significado de Anomia en internet:
Anomia:  Ausencia de ley. Conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación.
Estamos definitivamente en un estado de anomia social, una especie de jungla donde priva la ley del más fuerte. Pero no podemos dejarnos aplastar por unos pocos, que quieren mantener la ausencia de leyes como estructura de poder y la arbitrariedad como norma. La historia está llena de ejemplos que señalan que estos arbitrarios tienen sus días contados.

Los venezolanos demócratas hemos estado en pie de lucha durante 14 años y hemos crecido, a pesar de todos los intentos de aniquilarnos. Así que nos toca volver a movilizarnos, salir a apoyar a Mardo en la concentración convocada para el sábado y mantener viva la esperanza de cambio.


Caracas, 31 de julio de 2013
@aalvaray

miércoles, 26 de junio de 2013

A mi Tío Iván


Mi tío Iván era un tipo gordo y buenmozo que….no, a él no le hubiera gustado que empezara así, un momentico, me diría con un carraspeo y una mirada pícara, nada de gordo... después de reírnos yo volvería a comenzar:

Mi tío Iván era un tipo buenmozo y simpático, que vivía en el cuarto de atrás de la casa de La Pastora. Fumaba y leía tumbado en el catre, acostado boca abajo, lo que a mi siempre me pareció muy incómodo, sobre todo cuando estaba gordo y la barriga lo alzaba –pero quedamos que no hablaríamos de su gordura inexistente–, leía acostado boca abajo, sosteniendo el libro con una mano para que no se le cerrara y el cigarrillo en la otra. Yo vivía pendiente de las colillas que lanzaba por la ventana hacia el patio, todavía prendidas, y las recogía a ver si aprendía a fumar como él algún día, sosteniendo el cabo del cigarrillo con el pulgar y el dedo medio, mientras aspiraba solo hasta la garganta, para que no se dañaran los pulmones, y dejaba el índice suelto para esparcir las cenizas con elegancia.

Mi tío Iván dirigía un coro de niños especiales, en una escuela a la que me llevaba a cantar la canción de la palomita blanca que se escapó, o la de Manuel que se va, se va en la barca. Él decía que esos niños fueron las únicas personas que se dieron cuenta que él tocaba el piano solo con tres dedos –los mismos tres dedos que usaba para fumar–, tecleaba de oído acordes sencillos para dar el tono o para acompañarnos con su vozarrón espectacular, que tapaba cualquier defecto del piano, del cuatro, del coro desafinado donde cantábamos siguiendo su mano abierta, mientras su dedo índice, aplastado por una puerta de un carro o por una piedra –nunca supe bien–, señalaba las entradas de cada una de las voces.

Mi tío Iván tenía muchos amigos en la cuadra, que llegaban juntos el día de las hallacas y Bisa se ponía nerviosa, pues con tanta gente no vamos a terminar nunca, aunque él era de las pocas personas que la hacía reír, la alzaba en peso y le daba vuelta, le enseñaba a cantar y le preguntaba cómo le había parecido tal o cual alumna, porque él llevaba a sus alumnos a la casa a darle clases de canto, y poco a poco Bisa aprendió a distinguir quién cantaba mejor y quién no tenía chance; ella misma aprendió a respirar y a impostar la voz para llamarnos a la mesa, pero tío Iván la interrumpía: “Abuela, no es así, mire –tomaba aire y soltaba el vozarrón–.  ¡A COMEEEER!.

Mi tío Iván volvió de París un día con el pelo largo y una barba negra en forma de candado, para la alegría de María Teresa y de Bisa, de papá y sobre todo de mamá, su hermana del alma, que nos inculcó un amor ciego por su hermano ausente, a quien saludábamos en cada avión que sobrevolaba la casa de La Pastora, en un ¡Adiós Tío Iván! que duró muchos años, mientras él estudiaba canto y recorría la Europa de los años sesenta. A lo mejor vivía en algún cuartucho de París, de esos que huelen a ajo y a cigarrillo negro, con una botella de brandy o de vin de table para pasar el frío, se reuniría en algún café con los artistas de esa época, haría piruetas para colearse a la ópera, se ganaría la vida haciendo de todo un poco, jugando a ser feliz.

Porque así era mi tío Iván, un artista, un intelectual, un bohemio, un don Juan, digo, un don Iván, Iván el terrible. Bisa lo dejaba encerrado en interiores para que no se escapara de la casa, pero igual trepaba la pared, saltaba al patio de al lado y se iba al cine a ver la última película de Pedro Infante, escurriéndose detrás de las señoras culonas que entraban parloteando, y aprendió a cantar y a ser el galán de la historia, a llevarle serenatas y chistes a las muchachas de la cuadra. De regreso se montaba en el guardafango del autobús San Ruperto para subir la cuesta de Torrero sin que el chofer se diera cuenta, o a lo mejor se daba cuenta pero se hacía el loco, y llegaba a la casa como si no hubiera pasado nada.
María Teresa y sus cuatro hijos: Gisela, Fucho, Leo e Iván

Era un espíritu libre con un humor maravilloso, le gustaba la buena comida, pero también la música y la pintura, la poesía y los libros de todo tipo, que comía uno tras otro, hasta que subía de peso. Entonces se ponía una chaqueta negra de cuero encima a pesar del calor, para disimular su gordura y parecer siempre apuesto. Era experto en dietas y ejercicios, coleccionaba pantalones de todas las tallas, discutía con María Teresa sobre la mejor manera de rebajar mientras abría una arepa recién hecha, le metía el tenedor lleno de mantequilla y queso, y se la comía como un pasapalo, todavía humeante. Bisa los veía discutir y comer, y decía que no tenían remedio, que para rebajar había que cerrar el pico, pero ellos no hacían caso.

Cuando uno estaba con Tío Iván siempre se estaba riendo, él veía las cosas con otros ojos, convertía la desgracia y la adversidad en cosas risibles y pasajeras. Trató de ser cantante en una época en Venezuela donde los músicos se morían de hambre, ejercía el periodismo detrás de bambalinas porque nunca terminó la tesis, no le importaban los títulos, ni las relaciones formales, ni el qué dirán de las conveniencias sociales; eso sí, no hacía concesiones con el arte, la perfección era la meta, la belleza, el nirvana. Buscarse la vida era siempre la distracción del momento, era parte de la gracia, escribir novelas o programas de radio, vender enciclopedias un día y actuar en un papel de tercera otro. Ir a un concierto de Gaspar era su mayor orgullo, su hijo que cosechaba por él los éxitos que siempre soñó; verlo cantar en el Carnegie Hall y aplaudirlo a pesar del frio de Nueva York fue quizá una de sus alegrías más grandes, sin contar por supuesto, a su Federica, que le llenaba los cuentos de todos los días…

Mi bello tío Iván cantaba O Sole mio acompañado al piano por una niña de ocho años, que trataba de seguirlo a pesar de que los dedos se le engarrotaban y se le perdían las notas, pero eso no importaba cuando arrancaba a cantar en italiano y no había nada más hermoso que la música: Che bella cosa e' na jurnata'e'sole/ n'aria serena doppo na tempesta… http://www.youtube.com/watch?v=CYHdG0LkQuU (O Sole Mio O sole mio, interpretada por Pavarotti, aunque mi tío Iván siempre la cantó mejor).


Mi abuela Amelia decía que la madrugada es la hora precisa para irse, y mi tío Iván se fue así, de repente, una madrugada inesperada, sin avisar ni pedir permiso. Nos dejó el recuerdo de su risa, de sus chistes, su locura, su alegría de vivir y unas ganas enormes de seguir teniéndolo cerca…
 


La Gucha

Nueva York, mayo de 2013


Nota final: Sofía nos contó que su tío abuelo, cada vez que llegaba a la casa, le decía en el oído: “Óyeme bien, Sofía, yo no soy Iván, soy Superman, pero no se lo digas a nadie, OK?”.

sábado, 4 de mayo de 2013

Cuadernos o libros


¿No sabes tú que no es valentía la temeridad?
El Quijote (Cervantes, claro)


El 23 de abril es el Día Internacional del Libro. Se escogió ese día para conmemorar la rara coincidencia de la muerte de Cervantes y la de Shakespeare, el mismo día del mismo año; una coincidencia más bien literaria, pues ya sabemos que no sucedió realmente así.

En el mundo de habla hispana, se celebra el Día del Libro con grandes homenajes a Cervantes, pues gracias a él, nuestro mundo se hizo amable, frágil, verosímil. Cervantes nos dejó como herencia un Quijote que todavía vive, que nos muestra la tristeza y el ridículo, la esperanza y la belleza, la inocencia y la verdad de quien sueña; un Quijote que pelea con monstruos invencibles, aún sabiendo lo poderoso y aplastante que son.

Con la iglesia hemos topado, Sancho”, dice en uno de sus parlamentos más famosos al ayudante barrigón, para recordarnos que el poder está ahí, que nos aplasta y nos pone un muro que luce imposible de salvar.

Esa frase tan repetida fue lo que se me vino a la cabeza cuando vi la imagen de la presidenta del CNE negando la posibilidad de una auditoría completa y transparente. La señora niega el acceso a los cuadernos como en la Edad Media negaron el acceso a los libros, ahí está la fuente de la sabiduría, ahí está plasmado el saber, es por eso que los libros (y los cuadernos) los niegan, los esconden, hasta los queman. Y los monstruos poderosos se alzan en forma de molinos inexpugnables, de muros enormes que impiden el paso hacia un camino diferente.

Pero hay momentos en la historia en que esos muros se agrietan, pues somos tantos horadando, empujando, pidiendo justicia, que el muro se socaba y cruje.  Allí, señores, comienzan los perros a ladrar en señal de que avanzamos, Sancho. Los perros ladran y dicen que somos violentos, que el camino que buscamos no nos servirá de nada, que estamos fríos-fríos, como en el juego de la candelita.

Sin embargo sabemos que vamos bien, que no son molinos de viento lo que perseguimos, que esta vez nos acercamos a la verdad, casi la tocamos, la podemos sentir; los perros ladran y nosotros tenemos que mantenernos en ese camino, el mismo que sirvió para derribar otros muros, nos toca seguir, tener fe y saber leer los signos del camino, darle gracias a Cervantes por haber plasmado en un solo libro tantas historias y celebrar esta semana el día del libro, el día de la lectura, el día de los cuadernos, el día de las utopías y de los sueños.


Caracas, 30 de abril de 2013


jueves, 18 de abril de 2013

Hay que auditar el proceso



“La Red de Observación Electoral de la Asamblea de Educación NO avala el proceso electoral”. Así titulamos el comunicado que salió en rueda de prensa el martes 16 de abril, donde informamos nuestra posición técnica, al realizar la observación del proceso en todos los estados del país.

La Red de Observación es una organización ciudadana, que ha trabajado desde el año 2006 en la observación de todos los procesos electorales en Venezuela. Nos hemos entrenado y preparado como equipo técnico para hacer el seguimiento minucioso, objetivo y transparente del desarrollo de cada una de las etapas del proceso electoral, con apego a la normativa electoral venezolana.

En todas las elecciones ocurren altercados que pueden constituir violaciones al proceso, es por esto que se hace importante tener la capacidad de observar dentro de una muestra estadística, para poder proyectar y evaluar si se trata de un evento aislado o si es una tendencia que pudiera perturbar el proceso en alguna ciudad, estado o a nivel nacional. En ese sentido, en anteriores oportunidades hemos señalado fallas y problemas que se han resuelto de la mano con el CNE y que han resultado en mejoras al sistema en su conjunto.

En las elecciones del 14 de abril, nuestra red de observación reportó un elevado nivel de situaciones irregulares, que lamentablemente se identificaron como tendencias a nivel nacional. Las situaciones más graves fueron el “voto asistido” -que es cuando una persona vota por otras repetidas veces en la misma mesa- y  la presencia de grupos violentos que impidieron el acceso a testigos y observadores durante el proceso de verificación ciudadana.

El “voto asistido” ocurrió en casi el 5% de las mesas observadas, hubo casos donde la misma persona asistía hasta el 20% de los electores de la mesa, o donde no se registraba el nombre del acompañante e incluso en unos sitios se removió el paraban que resguarda el secreto del voto.

Luego, en el acto de cierre, se presentaron problemas para presenciar el proceso de verificación ciudadana en más del 6% de las mesas observadas. Aquí hubo situaciones de dos tipos: por una parte algunos miembros del Plan República o los mismos coordinadores de centro del CNE desconocieron el carácter público del proceso de verificación ciudadana, conminando al público, a los testigos y a los observadores, a salir del recinto sin poder presenciar el proceso. Por otra parte, lo más grave, fue la presencia de grupos violentos, en su mayoría motorizados armados, que se dedicaron a amedrentar a observadores y a testigos para que no pudieran ni siquiera entrar en los centros de votación.

La intimidación a los votantes, la violación de la normativa de acompañamiento y la presencia de grupos violentos son elementos que, dada la magnitud de su incidencia y lo estrecho del margen contabilizado entre uno y otro candidato, no solo perturbaron el proceso de votación sino que pudieran haber afectado los resultados de la misma.

Venezuela está en una posición muy difícil. Hace falta que las instituciones escuchen a sus ciudadanos y puedan garantizar la transparencia y confiabilidad del sistema electoral, para despejar las dudas y avanzar en nuestro camino democrático. 


 Caracas, 18 de abril de 2013




jueves, 11 de abril de 2013

Voces del exilio


Terminé de leer The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (La breve y maravillosa vida de Oscar Wao), de Junot Díaz y me quedé con ese sabor que dejan los buenos libros –así como el buen café, o ese licor especial–, que nos hace evocar emociones, sentimientos, y sin darnos cuenta entramos en ese estado de ánimo que los brasileros describen como saudade

El libro cuenta una historia de la diáspora dominicana en el exilio, narrada usando el lenguaje coloquial en forma extraordinaria: reconocemos de inmediato el inglés que hablan los latinos, salpicado aquí y allá de frases en español, de estructuras y vuelos de nuestro idioma que ya no cuentan como errores, sino que forman parte de la voz narrativa. Oscar, un joven dominicano-americano, gordo, nerd, que nunca encajó en el colegio, que no tenía chicas (¿no es esa la maldición temprana de todos los nerds?), que decide ser escritor de novelas de ciencia ficción y se sienta diariamente a escribir páginas y páginas de su diario, o de la novela de turno, que nadie quiere leer ni publicar. Su hermana, que quiere ser alguien, que no se conforma con el destino predeterminado que le depara su raza, su origen, su escolaridad, se escapa de la casa en busca de fortuna. Su mamá, la inmigrante original, huye de la Republica Dominicana de Trujillo, una víctima más de sus abusos, de su odio, de su arbitrariedad y, como cientos de dominicanos, aterriza en el Bronx, donde trabaja día y noche para mantener a sus hijos que nacen en la tierra prometida.

La historia de Oscar ocurre en esa parte de Nueva York que está por detrás de las películas de Hollywood o de Woody Allen, en la zona latina del eje Nueva York-Nueva Jersey (Bronx, Washington Heights, Patterson, Union City), donde llegan primero portorriqueños, cubanos y dominicanos, y luego se puebla de colombianos, ecuatorianos, peruanos. Esos suburbios son parte de la cultura neoyorkina donde el inglés no es el idioma universal, sino el inglés “mal hablado”, hablado con acento latino, italiano, chino, o ruso, con giros de cada país. Junot Díaz nos recuerda que Nueva York sigue siendo una ciudad en ebullición, una ciudad de inmigrantes, formada por los tonos y la música del exilio, por la confluencia de culturas, donde el reto de la sobrevivencia y la promesa de un futuro mejor se encuentran en un caldo donde se cuece la esperanza de lograr cosas extraordinarias.

Pensar en esas migraciones masivas me llevó por supuesto a lo nuestro, a esos venezolanos entre los que están nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros seres queridos que ahora son inmigrantes alrededor del mundo. Nosotros, que fuimos un país donde la gente llegaba a quedarse, somos ahora un país que comienza a tener asentamientos en otras latitudes, que estamos criando a los hijos afuera, que tendremos nietos alemanes o gringos, españoles o australianos, ciudadanos canadienses, mexicanos, chilenos o franceses. La comunidad de venezolanos en el exilio ha comenzado a crecer y con ello la exportación de nuestras costumbres, la forma de comer y de condimentar, las risas y el humor, las expresiones y las malas palabras, la manera que tenemos de interpretar al mundo y de relacionarnos con la sociedad. Vamos a México, tierra de la harina de maíz, y conseguimos un anaquel completo de Harina Pan, vamos a Madrid y en cualquier bar hay ron venezolano, recorremos Londres o Chicago y conseguimos aunque sea una taguara donde hacen comida venezolana, junto a tapas mexicanas o colombianas.

La semana pasada asistí a una de las asambleas de venezolanos que se están organizando en el exterior. Me llamó la atención la juventud de los asistentes, su necesidad de seguir vinculados, atentos a lo que pasa, deseosos de que el país pueda cambiar. Esa necesidad de mantener el vínculo es quizá común a todos los exiliados, ser venezolano, o chileno, o portugués  o dominicano es lo que nos da estructura, es lo que nos permite definirnos como personas, al menos al principio, cuando todavía no sabemos cómo vamos a sobrevivir y necesitamos aferrarnos a lo nuestro, explorar nuestra historia y de esa manera darle sentido a ese presente extraño.

Así es como Junot Díaz resucita, a través de la vida de Oscar Wao, su vínculo con la República Dominicana, suya aún cuando él es dominicano de segunda generación, de la que se crió afuera, que pudiera pasar la página y olvidar sus raíces. Su historia es una historia de búsqueda del origen, de las razones del destierro, es aprender de la infamia del tirano y la promesa del presente, es tratar de mezclar todo en una paleta de colores con la que dibujar otro futuro.

En nuestro caso ese otro futuro comienza el próximo domingo. La comunidad de venezolanos en el exterior es parte de la Venezuela nueva, es la que crece y se educa afuera, la que aprende a negociar diferencias al convivir en otras culturas, la que aprende a hacer más con menos recursos y a valorar las cosas sencillas, la que aprende que ser venezolano no es solo comer arepas: hace falta trabajar duro para lograr las metas. El reto es ir a votar donde quiera que estemos inscritos, buscar otros votos que estén indecisos y contribuir a que también vayan, hacer escuchar las voces del exilio y unirlas a este país roto y fragmentado que tenemos, seguros de que estaremos ejerciendo el derecho a soñar algo mejor para todos.


# yosoyvenezolana

9 de abril de 2013

viernes, 15 de marzo de 2013

Fin de una era


¿Usted por aquí, cardenal? ¿Ustedes dos no son enemigos?'.
 'No, no somos enemigos.
Somos las dos orillas de un mismo río, la una frente a la otra. Lo que nos
une, ese río que pasa por la mitad de nosotros, es el Evangelio'

Ratzinger, antes de que fuera el papa Benedicto XVI


A raíz de la muerte del presidente he estado con una sensación de irrealidad, como si este escenario, tan posible, tan lógico, no iba a ocurrir nunca. Prendo la televisión y la pantalla muestra las largas colas para verlo en su féretro, vestido de militar, preparado para la eternidad. La gente pasa y lo llora, lo acaricia con la mirada, se da golpes en el pecho, se seca las lágrimas, le grita alguna consigna o sencillamente se contornea en un rictus de dolor. Siento tristeza por la gente que lo quiere, lo lloran como si fuera un verdadero hijo, un padre, un hermano…

Por supuesto que deja un vacío, no en vano él mismo se encargó de ser el omnipresente, de minimizar a las instituciones para tener la última voz en las decisiones, de gobernar a través de las cámaras de televisión, en un
Reality Show que lo acompañaba en sus viajes, en las reuniones de ministros, y sobre todo en las inauguraciones de las primeras piedras de industrias que luego no se construyeron, en las expropiaciones de edificios que ya eran del gobierno, pues lo importante es que saliera el líder mandando, ordenando a sus soldados como en una batalla.

Se murió el caudillo y ahora hay una pugna por el control del poder, saltan las costuras de las instituciones plegadas al mando oficial, tratan de tapar el hueco que dejó el líder, maquillan la Constitución para moldearla a los requerimientos de unos, en detrimento de la poca legalidad que nos queda. Se usa la emoción, el duelo para tapar los errores, las grandes fallas del gobierno.

En este ambiente, entre acusaciones de bando y bando, capeando discursos lleno de insultos y mentiras, vamos a celebrar unas elecciones presidenciales el 14 de abril. Estamos otra vez frente a una encrucijada y no puedo sino reflexionar sobre las grandes diferencias que las dos mitades de venezolanos tenemos en la percepción de los hechos, en la visión del mundo, en las expectativas sobre el futuro posible y en cómo podemos volver a tener chance de crecer como un solo país.

Uno de los cambios más difíciles es el cambio de liderazgo. Acostumbrados como estamos a un estilo personalista y arbitrario, debemos movernos hacia un liderazgo de equipos, con instituciones fuertes, con verdaderos espacios de discusión, de negociación sobre qué hacer, qué construir, qué queremos como país, donde se aprecie la diversidad como valor y no como traición a los ideales, donde se tenga como prioridad indispensable la reducción real de la pobreza. Ese cambio también tiene que ver con nosotros mismos, pues nos toca aprender a convivir con las diferencias y asumir nuestra responsabilidad en la creación de la sociedad que queremos.

En una entrevista publicada por El Tiempo, el profesor Guillermo Escobar nos cuenta que Ratzinger tenía graves diferencias con Juan Pablo II, pero ambos lograron no solo coexistir, sino hacer cosas juntos en beneficio de la iglesia, pues se visualizaban como las dos orillas de un mismo río, las dos alas de un mismo pájaro. En Venezuela, somos dos mitades de venezolanos que vivimos en el mismo país, que tenemos la misma historia, que queremos sentir que vamos progresando, que decimos que queremos la paz, pero nuestro liderazgo insiste en acentuar divisiones y no hemos logrado ni siquiera conversar civilizadamente unos con otros.

Estamos ante el fin de una era. La transición es difícil, dolorosa, llena de obstáculos. Pero también llena de oportunidades. Reconocer al otro con respeto es el primer paso para lograr avanzar hacia un futuro diferente.

14 de marzo de 2013


Enlace:

domingo, 3 de marzo de 2013

Hay que ser Paciente…


Clínica privada 1, Sala de espera para RX y Ecosonogramas,

6 am cualquier día.  Gente sentada en las poquísimas sillas de plástico. Gente parada apoyada en la pared, o sentada en el pasillo.

Paciente tiene el número 45. “Pero no se vaya porque si lo llaman y no está pierde el turno”, dice la recepcionista, mirando en su celular algún mensaje.

Gente entra a preguntar y se devuelve, otros buscan café en alguna máquina. Gente viene del interior, con almohadas y sacos de dormir.
 
Comenzarán a atender a las 7 am, si los técnicos llegan a tiempo, si el metro no se para, si las máquinas funcionan, si ya consiguieron los repuestos, si…


Clínica privada 2, operación planificada.

7 am día de la operación. Paciente entra caminando al consultorio del médico. No hay nadie. Va a Administración, su nombre no aparece, no hay habitaciones disponibles. “Tiene que esperar que el doctor llegue, está en una tranca en la autopista”.

10:30 am. Paciente está con suerte, le dieron la habitación. Paciente es manipulado por enfermera de turno, limpia y afeita con desgano su cuerpo semidesnudo, cubierto por una batica azul que siempre se abre.

“Menos mal que vino esta, porque ahora no vienen, ni llaman siquiera, como no las podemos botar…”, le dijeron en administración. 

12 pm. Paciente entra al quirófano. El doctor tuvo que operar a otro de emergencia, pero ya es su turno. Lo duermen.

4 pm. Paciente despierta en el cuarto. Tiene una vía puesta y una bolsa de suero gotea una parte hacia la vena y otra hacia el piso, donde hay un pozo. Paciente señala el estropicio, enfermera lo mira indiferente, como si fuera normal: “Son bolsas chinas, vienen defectuosas”.


Clínica privada 3, Paciente en post-operatorio.

11 pm. Cónyuge de Paciente llama a enfermera por el intercomunicador.
–Señora, mi marido tiene dolor, ¿no se le puede dar algo?
–Ay señora, déjeme ver la historia.

11:30 pm Cónyuge vuelve a tocar el timbre
–¿Qué pasó, no hay ni un ibuprofeno, no se, Voltarén, algo?
–Ya lo mandamos a pedir, señora, pero ahora hay que esperar que venga del depósito.
–¿Pero eso no lo tienen aquí en el piso? Si es de uso diario.
–Ahora el reglamento es otro, señora, la ley 54321 dice que todos los medicamentos sin excepción tienen que manejarse en forma centralizada.

1 am.
–¿Sara? (hija de Paciente atiende con voz de sueño)
–¿Qué pasó?
–Sara mi amor, anda a buscarle a tu papá un Voltarén que aquí no se lo terminan de traer y se muere del dolor.

Paciente busca remedios, cualquier día.

Farmacia 1: no hay
Farmacia 2: no hay
Farmacia 3: no hay
En el Seguro Social dijeron que había: no hay
Farmacia 7: Tenemos una cajita, pero de genérico
Farmacia 14:
–Señora, se lo consigo en Colombia, pero cuesta un poco más (tres veces, diez veces)
–¿Y quién lo trae?

Paciente de reposo en su casa

Paciente toma el control de la televisión y busca algún canal que le de información sobre el otro Paciente, ese que tiene todo parado, que mantiene al país en continuidad administrativa. Busca canales nacionales, noticias de España, de Atlanta, de La Habana. Nadie dice nada. Entra una cadena:

…porque los empresarios golpistas…culpables…acaparadores…

Paciente apaga la cadena, apaga la marcha, apaga las caras de triunfo, apaga los gritos de victoria, de felicidad por lo que estamos construyendo como país.

Hay que ser paciente…


Caracas, 28 de febrero de 2013